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3rd November 22:40
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Estoy_y_estaré_con_Cuba
Rosa Regás
Estoy y estaré con Cuba
Lo de la guerra contra Iraq es una salvajada de tal calibre que si el
mundo recupera un poco el sentido común, se avergonzará del peso de
esta brutalidad, y de este capricho de niños imbéciles protagonizado
por Bush, Blair y Aznar, tres nuevos ricos en la democracia, que no
tienen idea de nada.
Rosa Miriam Elizalde | Madrid
La gata se llama Lucy y ronronea sobre el sofá, rodeada de libros y
páginas mecanografiadas que arman un pequeño caos en el saloncito del
apartamento madrileño de Rosa Regás. El animal de color gris perla
desaparecerá en el mismo instante en que llega su dueña, una mujer que
ha derrumbado el mito de que el escritor es un monje de la palabra
desde que abre sus ojos al mundo. Ella se ha alzado con algunos de los
más importantes reconocimientos en las letras hispanoamericanas
prácticamente sin darse respiro a sí misma entre una obra y otra, pero
empezó a escribir a los 55 años (hace poco más de una década), y desde
entonces ha publicado cuatro novelas merecedoras de tres de los más
importantes premios de las letras españolas: Memorias de Almator
(1991), Azul (Premio Nadal, 1994), Luna lunera (1999, Premio Ciutat de
Barcelona, y presentada en Cuba) y La canción de Dorotea (Premio
Planeta, 2001).
Rosa fue uno de los 135 escritores, artistas, académicos y
profesionales, mayoritariamente españoles, que firmaron el comunicado
de la Alianza de Intelectuales Antiimperialistas, en contra de la
campaña mediática anticubana que se desató desde abril de este año. De
eso vamos a hablar, entre otros temas que no hemos convenido
previamente, y que saldrán casi sin que nos demos cuenta, con la
pasión de quien vive la literatura y el periodismo sin negociar su
compromiso político. «Sin vergüenza de tener el corazón a la izquierda
y debidamente condenada por hereje», como diría Roque Dalton, una
frase que le recuerdo en el momento en que una pausa de silencio corta
el diálogo y reaparece Lucy, otra vez con sus ronroneos, recordándonos
que ella vuelve a su siesta en el sofá y que es hora de despedirse.
LA GUERRA
En Cuba se ha publicado Luna lunera, una novela marcada por la memoria
atormentada de la Guerra Civil Española. ¿Cuánto, efectivamente, la
conmocionó esa guerra?
Muchísimo. Mi infancia está marcada por la guerra. El tema de la
Guerra Civil para mí es absolutamente vivo, como lo es también el de
la nefasta influencia de la Iglesia Católica en todos los procesos
políticos españoles, poniéndose siempre del lado del fascismo. Este es
otro tema para mí muy vivo, por eso estoy tan en contra de la
educación religiosa, y tan a favor de la separación de la Iglesia y el
Estado. Yo no tengo nada en contra de la religión católica en sí,
salvo cuando se mete en los asuntos de una sociedad que es, por su
Constitución, laica.
«Eso sí me ha influido, como también, terriblemente, la historia de mi
padre, de mi madre y de mi familia que, cuando la repaso, me parece
casi light comparada con la historia de tantísimos españoles que
fueron perseguidos, humillados, acusados, torturados y asesinados en
nombre de Dios, del orden y del fascismo».
«Si hay algo que me deja muy perpleja es constatar que el franquismo
no ha desaparecido en ninguna de sus facetas. Todavía hoy, cuando los
historiadores van buscando por los pueblos testimonios de las matanzas
que hicieron los falangistas, los ancianos callan, porque aún tienen
miedo. El franquismo perdura en el alma de muchísima gente que es
constitucionalmente de derechas»
¿Se puede decir que sobrevive en España una especie de síndrome de
gatopardismo, cambiarlo todo para mantenerlo todo igual? ¿Fue eso lo
que hizo la llamada transición?
Sí, pero estos de ahora ni siquiera quieren cambiar nada. A estos les
gustaría que volviera Franco Que en cierto modo sigue ahí
Hombre, claro; ahí están ahora sus hijos y nietos. Eso es evidente.
En Luna lunera dice que «las guerras se parecen para quien las sufre y
cada cual se atribuye el sentimiento y el pavor de los demás con los
que acaba confundiéndose». ¿Usted se refería solo a la Guerra Civil, o
ya pesaba en esa frase la experiencia de los años recientes?
Sí ya pesaba, y ahora mucho más. Lo de la guerra contra Iraq es una
salvajada de tal calibre que si el mundo recupera un poco el sentido
común, se avergonzará del peso de esta brutalidad, y de este capricho
de niños imbéciles protagonizado por Bush, Blair y Aznar, tres nuevos
ricos en la democracia, que no tienen idea de nada. Ellos se han
permitido el lujo de exagerar y de mentir como han querido, en una
guerra en la que creyeron que les daría muy poco trabajo y mucho
prestigio. Y les ha dado mucho trabajo y muy poco prestigio,
afortunadamente.
«Una guerra, por cierto, en la que el lenguaje lo tergiversa todo.
Nosotros en España tenemos en las vitrinas del régimen y en las de la
Historia, una heroína que se llama Agustina de Aragón, que luchó
contra la entrada de los franceses que venían a traernos,
supuestamente, la ‘democracia', la ‘libertad', la ‘justicia'. Sin
embargo, esa mujer se puso al frente de muchísima otra gente y
lucharon con armas, hasta la muerte».
«Bueno, pues esto ahora Aznar no lo puede entender. Él sigue llamando
terroristas a los iraquíes y a los palestinos, que lo que hacen es
resistencia, porque no aceptan al invasor. Esta lógica parece ser muy
difícil de entender para mentes tan poco lúcidas, y para mentes tan
poco democráticas comos las de estos tres personajes».
Hablando de Bush, Blair y Aznar, el dramaturgo Alfonso Sastre imaginó
recientemente un retablo en el que le asignaba determinados papeles a
estos personajes. Él le atribuía la Codicia a Bush, la Muerte a Blair
y la Lujuria (del Poder) a Aznar. Si usted tuviera que escribir una
novela en la que aparecieran estos tres, ¿qué haría con ellos?
Yo no sería tan benevolente. A Bush le daría el papel de la
corrupción, a Blair le daría seguramente el papel del nuevo rico que
imita a los ricos y siempre se equivoca, y a Aznar le daría el papel
de palanganero ¿Sabe lo que es?
Sí, pero me gustaría que usted misma se lo explicara a los lectores
El palanganero era la persona que en el siglo pasado iba con una
palangana en las casas de putas, para que los hombres se lavaran sus
partes pudendas.
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