LEAN LO QUE DICE EL DIARIO
"EL PAIS" DE ESPAÑA SOBRE ARGENTINA.......

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ANÁLISIS: LA CUARTA PÁGINA
Argentina, más aislada que nunca
La tercera potencia latinoamericana ha perdido peso internacional.
Mantiene un sorprendente conflicto con Uruguay, se desentiende de la
crisis de Bolivia, se aleja de Estados Unidos y se escribe poco con
España
FERNANDO GUALDONI 13/05/2008
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Argentina está sola. Su relación con Venezuela la ha alejado de
Estados Unidos, un conveniente socio y aliado. A Bolivia le ha dado la
espalda cuando más la necesitaba y su amistad íntima con Uruguay
pasa por su peor momento. Poco a poco, Brasil le ha arrebatado todo su
poder de influencia regional y con España, la madre patria, apenas si
se escribe. El peor efecto a largo plazo de la crisis de 2001 para
Argentina ha sido su desaparición del mundo. El país suramericano ha
descuidado dos ejes clave de su política exterior: el fortalecimiento
del Mercosur y las relaciones con la Unión Europea, ha perdido peso en
los foros internacionales y ningún líder mundial se muere por
visitarlo. En marzo, la secretaria de Estado de EE UU, Condoleezza Rice,
ignoró sin rodeos a Argentina en una visita que hizo a Brasil y Chile.
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A la falta de una estrategia en política exterior se ha unido el
carácter huraño de los Kirchner
El Gobierno desaprovechó la oportunidad de ganar peso mundial
utilizando la OMC como trampolín
A la falta de una estrategia en política exterior se ha unido el
carácter huraño del matrimonio que lleva en el poder desde 2003. Al
ex presidente Néstor Kirchner no le importaban las relaciones
internacionales, llegaba el último a casi todas las ***bres donde
Argentina tenía algo que decir y se iba el primero. Kirchner es un
economicista obseso que no se da cuenta de que la tercera potencia
latinoamericana no puede sobrevivir sola y que debe tener una posición
sobre los temas que se debaten en su región y el mundo. Lo triste es
que con el modelo continuista de su esposa Cristina Fernández,
presidenta desde diciembre, tampoco recuperará el lugar que por
historia y cultura se merece.
Argentina tuvo una clara oportunidad para hacerse un hueco entre las
voces que pesan en la ***bre de la Organización Mundial de Comercio
(OMC) de 2003 en Cancún. El país, representado entonces por Martín
Redrado, fue parte del grupo que plantó cara a los Estados
desarrollados en la lucha por un comercio más equitativo. Allí
estaba Argentina, junto a Brasil, India, China y Suráfrica; y la
prensa mundial quería saber lo que estos países pensaban. Allí
estaba Redrado, junto al ministro de Exteriores brasileño Celso
Amorín, la tarde en que el quinteto apoyó a los Gobiernos africanos
para echar por tierra una ***bre a la que la UE y EE UU acudieron no sin
cierta prepotencia. Argentina y Suráfrica no supieron aprovechar el
tirón de popularidad que les dio la cita de México y se cayeron del
cartel, mientras que Brasil echó mano de su maquinaria diplomática
para lograr que le invitaran a los grandes foros internacionales y China
e India se afianzaron como las potencias emergentes que eran. Para la
***bre de la OMC de Hong Kong de finales de 2005 ya sólo importaron
las opiniones de Amorín y del ministro indio de Comercio, Humayun
Khan. El titular de Exteriores argentino, Jorge Taiana, apareció en
alguna de las últimas ruedas de prensa sentado en un extremo de la
fila de conferenciantes muy molesto.
Durante el mandato de Néstor Kirchner, Argentina forjó una gran
alianza con Venezuela que le valió para firmar contratos de suministro
energético, colocar bonos de deuda pública al Estado venezolano y
hasta para salvar de la quiebra a una empresa láctea. Pero como otro
gran aliado de Venezuela es Irán, Kirchner no dudó en enfrascarse en
una feroz batalla dialéctica y judicial con Teherán para evitar una
confrontación con Washington y para aplacar la ira de la comunidad
judía argentina, segura de que los iraníes han estado detrás de
los atentados contra la embajada israelí en 1992 y una mutua médica
judía en 1994 que costaron más de 100 vidas. Mientras Kirchner juega
a quedar bien con todos, la diplomacia argentina le da la espalda a la
crisis que vive Bolivia.
A pesar de que el país andino se sitúa al borde de la guerra civil,
Buenos Aires desaprovecha la histórica influencia que tiene sobre La
Paz y no hace nada para aliviar una situación que amenaza con
desestabilizar toda la región. La política exterior argentina hacia
Bolivia siempre se ha esforzado por sacar a La Paz de la órbita de
Brasilia y atraerla hacia Buenos Aires. Basta recordar que el presidente
Juan Perón accedió a comprar gas boliviano a principios de los
setenta no por razones económicas sino estratégicas, para ayudar a
Bolivia. Estos acuerdos se mantuvieron tanto durante las dictaduras de
Jorge Videla y Hugo Bánzer como ya en las democracias de Raúl
Alfonsín y Hernán Siles Suazo. Recientemente, la diplomacia
argentina ha decidido ocuparse de la crisis boliviana. Pero ya no sola:
Brasil y Colombia también participan en la mediación entre el
Gobierno de Evo Morales y las provincias del Oriente, ricas en gas y
petróleo.
Incapaz de hacer algo por Bolivia, el Gobierno argentino se enfrasca a
tiempo completo en un sorprendente conflicto: la pugna con Uruguay por
la construcción de papeleras en la margen uruguaya del río
fronterizo. La evolución de este conflicto es probablemente el mejor
ejemplo de la inexistencia de una estrategia de política exterior y de
la propia crisis de representación interna que vive Argentina, en la
que no hay ningún partido que cuestione la marcha de la diplomacia.
Entre finales de los ochenta, cuando Uruguay hace pública su
intención de crear una zona de reforestación para producir pasta de
celulosa, y febrero de 2005, cuando el ex presidente Jorge Battle
autoriza a la empresa finlandesa Botnia a construir la segunda planta de
pasta de celulosa (con una inversión de 1.200 millones de dólares,
la mayor recibida jamás por el país, y la perspectiva de crear
cientos de miles de empleos), apenas se mentó el asunto de las
papeleras. Durante todo ese tiempo, más de 15 años, ésta fue una
cuestión que ambos países supieron gestionar sin mayores
inconvenientes.
A partir de abril de 2005, cuando el Gobierno del socialista Tabaré
Vázquez ratifica el compromiso uruguayo con las papeleras, la
situación desbarra hasta convertirse en el agrio conflicto que ha
llegado hasta la Corte de La Haya. Las organizaciones de ambientalistas
y los gobiernos municipales y provinciales llenaron el vacío dejado
por el Gobierno central en política exterior. Kirchner, por puro
populismo, respaldó a estos grupos y Argentina acabó por convertir
en papel mojado el tratado del río Uruguay de 1975 y el tratado de
Asunción de 1991 que garantiza la libre circulación de bienes y
personas en el área del Mercosur, permitiendo el bloqueo sistemático
de la frontera fluvial. Era desconcertante ver al ex presidente Kirchner
hacer una férrea defensa del medio ambiente cuando de las más de 200
leyes presentadas por su Ejecutivo al Congreso durante su mandato sólo
un par fueron de protección ambiental. Mientras Buenos Aires buscaba
la condena internacional de los planes uruguayos, Montevideo no paraba
de cosechar respaldos a su proyecto.
Cristina Fernández hereda de su marido el conflicto con Uruguay y lo
aviva. En su discurso de toma de posesión de diciembre de 2007 la
presidenta trata a los uruguayos como hermanos y al mismo tiempo les
acusa de violar los tratados internacionales. El presidente Vázquez
estaba en la ceremonia, así que las declaraciones como poco pueden
calificarse de inoportunas. No es de extrañar que tras este conflicto
Uruguay se plantee dejar de ser miembro del Mercosur para convertirse en
"asociado" y tener vía libre para negociar un acuerdo de libre
comercio con Washington. Poco después de este desplante, otra crisis
demostró el poco talante diplomático argentino. La presidenta ordena
al Parlamento "repudiar la ofensa" de EE UU porque durante una
investigación de las autoridades estadounidenses salta la sospecha de
que Fernández ha recibido financiación para su campaña de parte
del presidente venezolano Hugo Chávez.
En Europa poco se recuerda la existencia argentina excepto por sus
excelentes futbolistas y porque visitar hoy Buenos Aires es barato
gracias a la fortaleza del euro. Cristina Fernández pasó
recientemente por París sin pena ni gloria. Al volver prefirió
reunirse con la modelo Naomi Campbell que contarle a la prensa qué
acuerdos clave para Argentina había cerrado con Francia. A España
como presidenta aún no ha viajado y, aunque mantiene una relación
cordial con el Gobierno de Zapatero, ni el mundo político ni el
empresarial español le echan de menos. Tras su paso como candidata en
julio del año pasado, a nadie le quedó claro cuál era el proyecto
político, económico y social de Fernández. Casi un año después
lo que entonces fueron dudas ha dado paso a la indiferencia.
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