Mombu the Culture Forum sponsored links

Go Back   Mombu the Culture Forum > Culture > CUBA:_ANATOMÍA_DE_LA_REPRESION
User Name
Password
REGISTER NOW! Mark Forums Read

sponsored links


Reply
 
1 27th June 14:21
pedro martori
External User
 
Posts: 1
Default CUBA:_ANATOMÍA_DE_LA_REPRESION


CUBA: ANATOMÍA DE LA REPRESION

Por Carlos Alberto Montaner


Acerquémonos con toda objetividad al deprimente espectáculo cubano. Hace 45 años gobierna un dictador decidido a no abandonar ni compartir el poder, convencido de las virtudes de cierto modo autoritario de organizar y administrar la sociedad y el Estado, aprendido de los soviéticos, que ha fracasado en todas partes del mundo, y muy especialmente en la isla sobre la que ejerce su férreo control.
¿Cómo sabemos que el comunismo ha fracasado en Cuba, como fracasó en Rumania, en Albania o en media Europa? Basta asomarse al balance de este casi medio siglo de tiran*a comunista y anotar los s*ntomas más evidentes, aunque no los únicos: dos millones de desterrados y emigrantes, decenas de miles de presos pol*ticos, varios millares de fusilados, quince años de guerras africanas, un infinito ejército de jineteras, unas ciudades devastadas por la incuria gubernamental, y una inacabable libreta de racionamiento, ese diablo de la guardia que ha acompañado a los cubanos noche y d*a, desde cuando exist*a el cuantioso subsidio soviético hasta cuando desapareció, en un pa*s que ha perdido cualquier referencia a tiempos mejores, porque el desabastecimiento y la miseria han sido el telón de fondo frente al que tres generaciones de cubanos han desarrollado el drama de sus vidas sin un minuto de tregua.

Los disidentes

Naturalmente, no todos los cubanos coinciden en esa desoladora actitud. Hay un puñado de personas convencidas de que es posible construir una Cuba distinta, más hospitalaria y generosa con sus propios ciudadanos. Una Cuba en la que los hoteles, las playas, los restaurantes y los amables lugares de recreo, o los buenos hospitales dotados con abundantes medicinas, no estén vedados a los naturales del pa*s, a menos que pertenezcan a la pequeña cúpula dirigente, como sucede en la dictadura de Castro, donde se practica el más injusto de los apartheid.

Una Cuba en la que una muchacha médica o maestra no tenga que prostituirse para comer, vestir o comprarle medicinas a su hija. Una Cuba en la que el salario que se reciba sea pagado en una moneda con valor adquisitivo real y no en ese misterioso papel secante que se traga las nueve décimas partes de su valor nominal al canjearlo por dólares. Una Cuba en la que no se persiga sino se premie la iniciativa y el esfuerzo de los individuos. Una Cuba en la que las personas puedan expresar libremente sus opiniones, agruparse de acuerdo con sus valores e intereses, y elegir sin temor a los funcionarios entre diversas opciones que se presenten, tanto en los partidos pol*ticos como en los sindicatos o en el resto de las instituciones de la República sometidas al método democrático de escoger mandatarios.

Curiosamente, quienes único creen en la posibilidad de esa Cuba feliz son los demócratas de la oposición: los disidentes. Son esos periodistas independientes que cuentan lo que sucede en el pa*s porque saben que si se oculta la realidad ésta jamás podrá ser modificada. Son los bibliotecarios clandestinos que prestan los textos prohibidos porque están convencidos de que la inteligencia y el buen juicio se nutren de la información y del contraste de pareceres. Son esos esforzados pol*ticos de distintas vertientes que, siempre hostigados por la polic*a secreta, predican y defienden las caracter*sticas y virtudes de la socialdemocracia, el liberalismo, la democracia cristiana o el conservadurismo, persuadidos de que a Cuba le conviene repetir la experiencia ideológica y práctica de las veinte naciones más prósperas del planeta.

Los anillos de la represión

¿Qué hace la dictadura con estas personas empeñadas en tratar de mejorar el destino de los cubanos? Todos lo sabemos: las destruye. Pero no las destruye con un zarpazo directo y definitivo, sino mediante una siniestra gradación represiva. Primero las amenaza. Las visita un polic*a con gesto preocupado quien, en un severo tono estudiadamente paternal, le explica al disidente lo peligroso que es salirse del coro y pensar por cuenta propia.

Cada demócrata cubano tiene un polic*a que lo “atiende”, verbo que en la Isla quiere decir que lo vigila, aconseja, amenaza, increpa o intimida, de acuerdo con las caracter*sticas de su caso. Su función ?la del polic*a que “atiende”? es cultivar la ortodoxia ideológica y asegurarse de la completa obediencia de las órdenes que “bajan” desde el olimpo revolucionario. La revolución es una forma un*voca de pensar y de juzgar la realidad, y cualquier discrepancia conlleva un alto costo en sufrimiento.

El segundo anillo represivo es el acoso directo. El disidente ?y a veces su mujer e hijos? es expulsado de su centro de trabajo. Se instruye a los militantes del barrio en el que vive para que le nieguen el saludo o lo insulten. El insulto es el ensayo general para la violencia posterior. Antes del golpe siempre viene el alarido. Esa es la función de gritarle “gusano” o “escoria” al adversario. Hay que deshumanizarlo. Convertirlo en una criatura repugnante. A partir de ese punto, aplastarlo es algo sencillo, casi natural.

Más adelante, si la Seguridad del Estado lo cree conveniente, le organiza un “acto de repudio”. Son los viejos pogromos aprendidos de fascistas y nazis, reciclados por el castrismo. No hay nada espontáneo. Se trata de una turba orquestada por el Partido y por la polic*a pol*tica que se reúne frente a la residencia del ‘repudiado” para injuriarlo y tirarle piedras. A veces lo sacan de su casa por la fuerza, como le ocurrió a mi amiga y excelente escritora Mar*a Elena Cruz Varela, y le propinan un castigo ejemplar. A Mar*a Elena la arrastraron por los cabellos desde su residencia, la arrodillaron en medio de la calle y la obligaron a tragarse unos poemas pol*ticos que hab*a escrito, mientras la turba gritaba: “¡Que le sangre la boca, coño, que le sangre!”.

Luego viene la pantomima judicial. Ése es el tercer anillo represivo: el juicio sin derechos, con jueces que ***plen un puro trámite, con fiscales que repiten consignas pol*ticas, con abogados defensores que no defienden, porque no pueden, con testigos falsos que dicen lo que se les ordena, hasta llegar a la sentencia y la sentencia, que ya viene dictada desde el Ministerio del Interior: dos años, o cinco, o diez, o treinta. Da igual. A supuestos “delitos” similares, se imponen penas distintas. Todo depende de la coyuntura pol*tica y de la intensidad del escarmiento con que el régimen cree que puede y debe intimidar a la población para que comprenda las desdichas que les aguardan a quienes se atreven a retar el modelo de Estado implantado por los comunistas.

Pero ni siquiera en la cárcel termina la agon*a. Este es el turno de los maltratos directos. Las celdas son m*nimas, sin luz ni ventilación, y están llenas de mosquitos y cucarachas. Las visitas son muy espaciadas y en condiciones muy humillantes para el preso y sus familiares. El inodoro suele ser un hueco generalmente atascado y hediondo. La cama es una colchoneta o una lona llena de chinches. El agua es un débil chorro parduzco que desaparece casi todo el d*a. La comida es escasa, pésima, mal balanceada. A veces los golpes los propinan los guardias. A veces instruyen a encallecidos presos comunes para que sirvan de esbirros sustitutos.

Hay mucho de sadismo voluntario en esos atropellos cometidos por los sicópatas que asignan a las prisiones, pero hay algo aún más siniestro: el objetivo es convertir la cárcel en un infierno insoportable para “ablandar” al preso pol*tico. En su momento, le llegará su turno al guardia compasivo. El carcelero bueno de la razón y el orden empezará a hablar de “rectificación”. Todo el mundo tiene derecho a equivocarse. La revolución puede ser generosa. Para eso existe la reeducación pol*tica y el sano cambio de opiniones. Todo lo que el preso tiene que hacer es reconocer sus errores. Da lo mismo asentir o negar. Es sólo una cuestión de hacia dónde mover la cabeza. ¿No es obvio que la familia está sufriendo mucho? Todo eso se puede aliviar.

El miedo y la obediencia

En la jerga penitenciaria eso se llama “romper” o “quebrar” al preso. El propósito es arrancarle lo último que le queda, sus convicciones, para luego, si se tercia, ponerlo en la calle moralmente aplastado por la disonancia moral y el corrosivo sentimiento de culpa. Incluso, ese preso, hecho ya una piltrafa, puede servir para complacer a un gobierno extranjero que ha pedido su liberación, o a un escritor famoso que solicita su excarcelación movido por la piedad.
La revolución, hay que admitirlo, no es vesánica. Es pragmática y carece de escrúpulos. Todo lo que desea y procura es la obediencia ciega, total e incondicional al l*der. “Comandante en Jefe, ordene”, es la consigna general del pa*s. Se trata de construir una sociedad estabulada. La revolución sólo persigue y aplasta a quienes se niegan a obedecer. La revolución, además, tiene un método infalible para lograr esa obediencia bovina, tan importante para salvar a la patria de quién sabe qué supuestos peligros: infundir miedo a la población. Una sociedad aterrorizada es una sociedad obediente.

A una sociedad aterrorizada se le puede ordenar, como hizo Fidel Castro hace más de cuarenta años, que odie a los indiferentes y desafectos, aunque medien estrechos lazos de sangre o fuertes v*nculos amistosos. Él mismo dejó de tratar para siempre a la hermana y la hija que escaparon al exilio. Y los cubanos dejaron de hablar con los hijos o con los padres que hab*an marchado al extranjero. Se prohibieron las cartas y las cartas desaparecieron. El odio se convirtió en una obligación revolucionaria, y los cubanos, muertos de miedo, odiaron. Se olvidaron de sus hermanos. Les negaron el saludo al amigo. Persiguieron a sus familiares, los denunciaron por contrarrevolucionarios para que los echaran de los trabajos. Hicieron informes contra todos. Se convirtieron en verdugos de su propia gente, execraron a sus parientes para ganar méritos revolucionarios y, sobre todo, por miedo.

El miedo es la emoción más dolorosa y destructora de cuantas corroen el alma humana. Debe ser, como todas las emociones, una oscura sustancia que ante ciertos est*mulos se desliza silenciosamente por los neurorreceptores y se somatiza por un nudo en la garganta, por sudoración excesiva, por ganas de orinar, y, sobre todo, por una angustia profunda e indefinida que nos aprieta el pecho. Sentir miedo es muy desagradable. Vivir con miedo es insoportable. Y los cubanos viven con miedo. Viven con miedo desde que nacen, y sus padres, para protegerlos, los enseñan a simular, a obedecer, a callar. Es tanto el miedo que sienten que sacrifican el amor y la dignidad con tal de no padecerlo. Por eso obedecen. Por eso desfilan dócilmente en las plazas, incesantemente, un d*a tras otro, un año tras otro, gritando consignas estúpidas: “Fidel, seguro, a los yanquis dales duro”, sin creer una sola s*laba de lo que chillan, porque obedecer es el ant*doto del miedo. Agachar la cabeza y renunciar al juicio cr*tico es el amuleto que aleja el terror.

Pero no todos los cubanos, por supuesto, viven y actúan bajo los efectos del miedo. Siempre hay un puñado de valientes que atesoran, como escrib*a Mart*, todo el decoro que a los otros les falta. Raúl Rivero, el gran poeta cubano preso, suele decir que “en mi miedo mando yo”. No es que no lo sienta: es que lo administra con el valor infinito de quien se atreve a enfrentarse a un monstruo totalitario con una vieja máquina de escribir por toda defensa. Rindámosle homenaje. Rindámosles homenaje a él y a todos los presos pol*ticos cubanos. A los que se atrevieron a vencer al miedo para soñar con una Cuba diferente, en la que valga la pena criar a los hijos. A los que compartieron con sus amigos algunos libros prohibidos. A los que pidieron que se dejara votar libremente a los cubanos. A los que se atrevieron a soñar con una Cuba plural y tolerante en la que todos cupiesen. Rindamos homenaje a quienes creen, como cre*a Cervantes, que la libertad “es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos: con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra, ni el mar encubre; por la libertad, as* como por la honra, se puede y debe aventurar la vida”.

No olvidemos nunca a estos hombres y mujeres presos en Cuba por defender la libertad. Su causa es la de todos nosotros. Nosotros también estamos presos en sus celdas.

--------------------------------------------------------------------------------


BIOGRAFÍA

* Carlos Alberto Montaner nació en La Habana, Cuba, en 1943. Es escritor y periodista. Ha sido profesor universitario y conferenciante en diversas instituciones de América Latina y Estados Unidos. Es autor de unos quince t*tulos, entre los que se destacan sus libros de ensayos "Doscientos años de gringos", "La agon*a de América", "Libertad, la clave de la prosperidad", "No perdamos también el siglo XXI" y "Viaje al corazón de Cuba". Es coautor del "Manual del perfecto idiota latinoamericano" y de "Fabricantes de miseria".

Esta es la radio bemba latina !!!!
Este es el grupo donde llegan todos los SPAMS,
mensajes a granel, noticias redirigidas, chistes malos, y tutti-cuanti...
Espacio SPAM de la diáspora chilena http://diaspora_chilena.tripod.com


---
Outgoing mail is certified Virus Free.
Checked by AVG anti-virus system (http://www.grisoft.com).
Version: 6.0.719 / Virus Database: 475 - Release Date: 7/12/2004
  Reply With Quote


  sponsored links


2 27th June 14:22
pedro martori
External User
 
Posts: 1
Default Empresas_de_EEUU_cierran_ms_contratos_de_ventas_a _Cuba_y_el_blokeo_?????


La Habana, 4 nov (EFE).- Un da despus de la reeleccin del
presidente de EEUU, George W. Bush, empresas
norteamericanas cerraron contratos de venta de productos
agroalimentarios a Cuba por unos 30 millones de dlares en la
Feria Internacional de La Habana

El presidente de la empresa importadora cubana Alimport,
Pedro Alvarez, dijo que antes de que concluya la feria, el fin de
semana, todava quedan contratos importantes por firmar con
empresas estadounidenses, algunos por valor de 4 5
millones de dlares, que estn en proceso de negociacin

Alimport concret hoy tratos por valor de unos 7,5 millones de
dlares con las compaas norteas Riceland, Archer Daniels
Midland (ADM), FCStone, Louis Dreyfus y Sunlight Foods para la
compra de arroz, harina de trigo, frijol de soja, aceite vegetal y
pollo troceado

Tras sellar con el grupo Riceland la compra de cuatro
contenedores y 5.100 toneladas mtricas de arroz por 1,5
millones de dlares, Alvarez seal que Cuba se ha convertido
este ao en el tercer importador de arroz de EEUU, con unas
100.000 toneladas

"Si no existieran las restricciones vigentes (del embargo
econmico de Washington a la isla) Cuba podra ser el primer
comprador de arroz de EEUU", seal el empresario cubano

Terry Harris, presidente de Riceland, coincidi en subrayar la
posibilidad de que algn da su empresa pueda convertirse en
una de las principales suministradoras del cereal a Cuba

Por su parte, el presidente de FCStone, Chris Aberle, quien
firm un trato para la venta a la isla de 10.000 toneladas de frijol
de soja por unos 2 millones de dlares, manifest que ha
llegado el momento de que "pasemos a un nuevo captulo" en
las relaciones entre EEUU y Cuba

El empresario norteamericano dijo que la comunidad
empresarial de su pas ya dio "vuelta a la pgina" hace tres
aos y consider que ha llegado la hora de que el gobierno de
EEUU cambie la poltica que limita el comercio y los viajes que
existen sobre Cuba

En esta edicin XXII de la Feria de La Habana participan 1.180
empresas de ms de 45 pases, 125 de ellas procedentes de
Estados Unidos, representadas por 250 empresarios, unos 70
de Florida

El titular de Alimport dijo a la prensa que al concluir la Feria de
La Habana, el domingo, la empresa cubana debe haber
suscrito contratos de compra de productos alimentarios por
unos 50 millones de dlares con compaas norteamericanas
que han expuesto sus productos en la bolsa comercial ms
importante de la isla

Desde que el gobierno de EEUU autoriz en diciembre de 2001
las ventas de productos agroalimentarios y ganaderos a Cuba,
las compras en efectivo a la isla caribea ascienden a unos 4
millones de toneladas mtricas, por valor de unos 917 millones
de dlares, de acuerdo con datos oficiales

En total, segn refiri Alvarez, los negocios contratados por su
empresa en esta feria adems de empresas norteamericanas
incluyen firmas de Brasil, Mxico, Venezuela, Canad, Alemania,
Francia y Argentina, y los resultados finales podran sobrepasar
los 150 millones de dlares. EFE rmo/jss/hma

Por Carlos Alberto Montaner


Acerquémonos con toda objetividad al deprimente espectáculo cubano. Hace 45 años gobierna un dictador decidido a no abandonar ni compartir el poder, convencido de las virtudes de cierto modo autoritario de organizar y administrar la sociedad y el Estado, aprendido de los soviéticos, que ha fracasado en todas partes del mundo, y muy especialmente en la isla sobre la que ejerce su férreo control.
¿Cómo sabemos que el comunismo ha fracasado en Cuba, como fracasó en Rumania, en Albania o en media Europa? Basta asomarse al balance de este casi medio siglo de tiran*a comunista y anotar los s*ntomas más evidentes, aunque no los únicos: dos millones de desterrados y emigrantes, decenas de miles de presos pol*ticos, varios millares de fusilados, quince años de guerras africanas, un infinito ejército de jineteras, unas ciudades devastadas por la incuria gubernamental, y una inacabable libreta de racionamiento, ese diablo de la guardia que ha acompañado a los cubanos noche y d*a, desde cuando exist*a el cuantioso subsidio soviético hasta cuando desapareció, en un pa*s que ha perdido cualquier referencia a tiempos mejores, porque el desabastecimiento y la miseria han sido el telón de fondo frente al que tres generaciones de cubanos han desarrollado el drama de sus vidas sin un minuto de tregua.

Los disidentes

Naturalmente, no todos los cubanos coinciden en esa desoladora actitud. Hay un puñado de personas convencidas de que es posible construir una Cuba distinta, más hospitalaria y generosa con sus propios ciudadanos. Una Cuba en la que los hoteles, las playas, los restaurantes y los amables lugares de recreo, o los buenos hospitales dotados con abundantes medicinas, no estén vedados a los naturales del pa*s, a menos que pertenezcan a la pequeña cúpula dirigente, como sucede en la dictadura de Castro, donde se practica el más injusto de los apartheid.

Una Cuba en la que una muchacha médica o maestra no tenga que prostituirse para comer, vestir o comprarle medicinas a su hija. Una Cuba en la que el salario que se reciba sea pagado en una moneda con valor adquisitivo real y no en ese misterioso papel secante que se traga las nueve décimas partes de su valor nominal al canjearlo por dólares. Una Cuba en la que no se persiga sino se premie la iniciativa y el esfuerzo de los individuos. Una Cuba en la que las personas puedan expresar libremente sus opiniones, agruparse de acuerdo con sus valores e intereses, y elegir sin temor a los funcionarios entre diversas opciones que se presenten, tanto en los partidos pol*ticos como en los sindicatos o en el resto de las instituciones de la República sometidas al método democrático de escoger mandatarios.

Curiosamente, quienes único creen en la posibilidad de esa Cuba feliz son los demócratas de la oposición: los disidentes. Son esos periodistas independientes que cuentan lo que sucede en el pa*s porque saben que si se oculta la realidad ésta jamás podrá ser modificada. Son los bibliotecarios clandestinos que prestan los textos prohibidos porque están convencidos de que la inteligencia y el buen juicio se nutren de la información y del contraste de pareceres. Son esos esforzados pol*ticos de distintas vertientes que, siempre hostigados por la polic*a secreta, predican y defienden las caracter*sticas y virtudes de la socialdemocracia, el liberalismo, la democracia cristiana o el conservadurismo, persuadidos de que a Cuba le conviene repetir la experiencia ideológica y práctica de las veinte naciones más prósperas del planeta.

Los anillos de la represión

¿Qué hace la dictadura con estas personas empeñadas en tratar de mejorar el destino de los cubanos? Todos lo sabemos: las destruye. Pero no las destruye con un zarpazo directo y definitivo, sino mediante una siniestra gradación represiva. Primero las amenaza. Las visita un polic*a con gesto preocupado quien, en un severo tono estudiadamente paternal, le explica al disidente lo peligroso que es salirse del coro y pensar por cuenta propia.

Cada demócrata cubano tiene un polic*a que lo “atiende”, verbo que en la Isla quiere decir que lo vigila, aconseja, amenaza, increpa o intimida, de acuerdo con las caracter*sticas de su caso. Su función ?la del polic*a que “atiende”? es cultivar la ortodoxia ideológica y asegurarse de la completa obediencia de las órdenes que “bajan” desde el olimpo revolucionario. La revolución es una forma un*voca de pensar y de juzgar la realidad, y cualquier discrepancia conlleva un alto costo en sufrimiento.

El segundo anillo represivo es el acoso directo. El disidente ?y a veces su mujer e hijos? es expulsado de su centro de trabajo. Se instruye a los militantes del barrio en el que vive para que le nieguen el saludo o lo insulten. El insulto es el ensayo general para la violencia posterior. Antes del golpe siempre viene el alarido. Esa es la función de gritarle “gusano” o “escoria” al adversario. Hay que deshumanizarlo. Convertirlo en una criatura repugnante. A partir de ese punto, aplastarlo es algo sencillo, casi natural.

Más adelante, si la Seguridad del Estado lo cree conveniente, le organiza un “acto de repudio”. Son los viejos pogromos aprendidos de fascistas y nazis, reciclados por el castrismo. No hay nada espontáneo. Se trata de una turba orquestada por el Partido y por la polic*a pol*tica que se reúne frente a la residencia del ‘repudiado” para injuriarlo y tirarle piedras. A veces lo sacan de su casa por la fuerza, como le ocurrió a mi amiga y excelente escritora Mar*a Elena Cruz Varela, y le propinan un castigo ejemplar. A Mar*a Elena la arrastraron por los cabellos desde su residencia, la arrodillaron en medio de la calle y la obligaron a tragarse unos poemas pol*ticos que hab*a escrito, mientras la turba gritaba: “¡Que le sangre la boca, coño, que le sangre!”.

Luego viene la pantomima judicial. Ése es el tercer anillo represivo: el juicio sin derechos, con jueces que ***plen un puro trámite, con fiscales que repiten consignas pol*ticas, con abogados defensores que no defienden, porque no pueden, con testigos falsos que dicen lo que se les ordena, hasta llegar a la sentencia y la sentencia, que ya viene dictada desde el Ministerio del Interior: dos años, o cinco, o diez, o treinta. Da igual. A supuestos “delitos” similares, se imponen penas distintas. Todo depende de la coyuntura pol*tica y de la intensidad del escarmiento con que el régimen cree que puede y debe intimidar a la población para que comprenda las desdichas que les aguardan a quienes se atreven a retar el modelo de Estado implantado por los comunistas.

Pero ni siquiera en la cárcel termina la agon*a. Este es el turno de los maltratos directos. Las celdas son m*nimas, sin luz ni ventilación, y están llenas de mosquitos y cucarachas. Las visitas son muy espaciadas y en condiciones muy humillantes para el preso y sus familiares. El inodoro suele ser un hueco generalmente atascado y hediondo. La cama es una colchoneta o una lona llena de chinches. El agua es un débil chorro parduzco que desaparece casi todo el d*a. La comida es escasa, pésima, mal balanceada. A veces los golpes los propinan los guardias. A veces instruyen a encallecidos presos comunes para que sirvan de esbirros sustitutos.

Hay mucho de sadismo voluntario en esos atropellos cometidos por los sicópatas que asignan a las prisiones, pero hay algo aún más siniestro: el objetivo es convertir la cárcel en un infierno insoportable para “ablandar” al preso pol*tico. En su momento, le llegará su turno al guardia compasivo. El carcelero bueno de la razón y el orden empezará a hablar de “rectificación”. Todo el mundo tiene derecho a equivocarse. La revolución puede ser generosa. Para eso existe la reeducación pol*tica y el sano cambio de opiniones. Todo lo que el preso tiene que hacer es reconocer sus errores. Da lo mismo asentir o negar. Es sólo una cuestión de hacia dónde mover la cabeza. ¿No es obvio que la familia está sufriendo mucho? Todo eso se puede aliviar.

El miedo y la obediencia

En la jerga penitenciaria eso se llama “romper” o “quebrar” al preso. El propósito es arrancarle lo último que le queda, sus convicciones, para luego, si se tercia, ponerlo en la calle moralmente aplastado por la disonancia moral y el corrosivo sentimiento de culpa. Incluso, ese preso, hecho ya una piltrafa, puede servir para complacer a un gobierno extranjero que ha pedido su liberación, o a un escritor famoso que solicita su excarcelación movido por la piedad.
La revolución, hay que admitirlo, no es vesánica. Es pragmática y carece de escrúpulos. Todo lo que desea y procura es la obediencia ciega, total e incondicional al l*der. “Comandante en Jefe, ordene”, es la consigna general del pa*s. Se trata de construir una sociedad estabulada. La revolución sólo persigue y aplasta a quienes se niegan a obedecer. La revolución, además, tiene un método infalible para lograr esa obediencia bovina, tan importante para salvar a la patria de quién sabe qué supuestos peligros: infundir miedo a la población. Una sociedad aterrorizada es una sociedad obediente.

A una sociedad aterrorizada se le puede ordenar, como hizo Fidel Castro hace más de cuarenta años, que odie a los indiferentes y desafectos, aunque medien estrechos lazos de sangre o fuertes v*nculos amistosos. Él mismo dejó de tratar para siempre a la hermana y la hija que escaparon al exilio. Y los cubanos dejaron de hablar con los hijos o con los padres que hab*an marchado al extranjero. Se prohibieron las cartas y las cartas desaparecieron. El odio se convirtió en una obligación revolucionaria, y los cubanos, muertos de miedo, odiaron. Se olvidaron de sus hermanos. Les negaron el saludo al amigo. Persiguieron a sus familiares, los denunciaron por contrarrevolucionarios para que los echaran de los trabajos. Hicieron informes contra todos. Se convirtieron en verdugos de su propia gente, execraron a sus parientes para ganar méritos revolucionarios y, sobre todo, por miedo.

El miedo es la emoción más dolorosa y destructora de cuantas corroen el alma humana. Debe ser, como todas las emociones, una oscura sustancia que ante ciertos est*mulos se desliza silenciosamente por los neurorreceptores y se somatiza por un nudo en la garganta, por sudoración excesiva, por ganas de orinar, y, sobre todo, por una angustia profunda e indefinida que nos aprieta el pecho. Sentir miedo es muy desagradable. Vivir con miedo es insoportable. Y los cubanos viven con miedo. Viven con miedo desde que nacen, y sus padres, para protegerlos, los enseñan a simular, a obedecer, a callar. Es tanto el miedo que sienten que sacrifican el amor y la dignidad con tal de no padecerlo. Por eso obedecen. Por eso desfilan dócilmente en las plazas, incesantemente, un d*a tras otro, un año tras otro, gritando consignas estúpidas: “Fidel, seguro, a los yanquis dales duro”, sin creer una sola s*laba de lo que chillan, porque obedecer es el ant*doto del miedo. Agachar la cabeza y renunciar al juicio cr*tico es el amuleto que aleja el terror.

Pero no todos los cubanos, por supuesto, viven y actúan bajo los efectos del miedo. Siempre hay un puñado de valientes que atesoran, como escrib*a Mart*, todo el decoro que a los otros les falta. Raúl Rivero, el gran poeta cubano preso, suele decir que “en mi miedo mando yo”. No es que no lo sienta: es que lo administra con el valor infinito de quien se atreve a enfrentarse a un monstruo totalitario con una vieja máquina de escribir por toda defensa. Rindámosle homenaje. Rindámosles homenaje a él y a todos los presos pol*ticos cubanos. A los que se atrevieron a vencer al miedo para soñar con una Cuba diferente, en la que valga la pena criar a los hijos. A los que compartieron con sus amigos algunos libros prohibidos. A los que pidieron que se dejara votar libremente a los cubanos. A los que se atrevieron a soñar con una Cuba plural y tolerante en la que todos cupiesen. Rindamos homenaje a quienes creen, como cre*a Cervantes, que la libertad “es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos: con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra, ni el mar encubre; por la libertad, as* como por la honra, se puede y debe aventurar la vida”.

No olvidemos nunca a estos hombres y mujeres presos en Cuba por defender la libertad. Su causa es la de todos nosotros. Nosotros también estamos presos en sus celdas.

--------------------------------------------------------------------------------


BIOGRAFÍA

* Carlos Alberto Montaner nació en La Habana, Cuba, en 1943. Es escritor y periodista. Ha sido profesor universitario y conferenciante en diversas instituciones de América Latina y Estados Unidos. Es autor de unos quince t*tulos, entre los que se destacan sus libros de ensayos "Doscientos años de gringos", "La agon*a de América", "Libertad, la clave de la prosperidad", "No perdamos también el siglo XXI" y "Viaje al corazón de Cuba". Es coautor del "Manual del perfecto idiota latinoamericano" y de "Fabricantes de miseria".

Esta es la radio bemba latina !!!!
Este es el grupo donde llegan todos los SPAMS,
mensajes a granel, noticias redirigidas, chistes malos, y tutti-cuanti...
Espacio SPAM de la diáspora chilena http://diaspora_chilena.tripod.com


---
Outgoing mail is certified Virus Free.
Checked by AVG anti-virus system (http://www.grisoft.com).
Version: 6.0.719 / Virus Database: 475 - Release Date: 7/12/2004
  Reply With Quote
3 27th June 14:22
pedro martori
External User
 
Posts: 1
Default ES EL SOLDADO.....


ES EL SOLDADO.....

Es el soldado, que peleo por la liberacion el que hizo posible que tengamos una constitucin....

Es el soldado y no el reporter o el periodista el que hace posible que tengamos Libertad de Prensa...

Es el soldado y no el poeta o el escritor el que hace posible la libertad de expresin...

Es el soldado, no el organizador de protestas callejeras el que hace posible que podamos protestar...

Es el soldado, que en atencin de firme saluda a la bandera, quien sirve con mas dedicacin a la patria....

Es el soldado, que pelea en otras tierras, lejos de sus seres queridos, el que evita que suframos el dolor y la tragedia de la guerra en nuestras ciudades...

Es el soldado, cuyo fretro es cubierto por la bandera, el que ha hecho posible, que los que protestan a favor del enemigo, incluso la quemen, sin que se les quite la vida....

Recuerden, el 11 de Noviembre es el
Dia de Los Veteranos!.

lavozdecubalibre.com


---
Outgoing mail is certified Virus Free.
Checked by AVG anti-virus system (http://www.grisoft.com).
Version: 6.0.719 / Virus Database: 475 - Release Date: 7/12/2004
  Reply With Quote
4 27th June 14:23
amate
External User
 
Posts: 1
Default ES EL SOLDADO.....


El hombre es miedo, dijeron en la montaa.


ES EL SOLDADO.....

Es el soldado, que peleo por la liberacion el que hizo posible que tengamos
una constitucin....

Es el soldado y no el reporter o el periodista el que hace posible que
tengamos Libertad de Prensa...

Es el soldado y no el poeta o el escritor el que hace posible la libertad de
expresin...

Es el soldado, no el organizador de protestas callejeras el que hace posible
que podamos protestar...

Es el soldado, que en atencin de firme saluda a la bandera, quien sirve con
mas dedicacin a la patria....

Es el soldado, que pelea en otras tierras, lejos de sus seres queridos, el
que evita que suframos el dolor y la tragedia de la guerra en nuestras
ciudades...

Es el soldado, cuyo fretro es cubierto por la bandera, el que ha hecho
posible, que los que protestan a favor del enemigo, incluso la quemen, sin
que se les quite la vida....

Recuerden, el 11 de Noviembre es el
Dia de Los Veteranos!.

lavozdecubalibre.com


---
Outgoing mail is certified Virus Free.
Checked by AVG anti-virus system (http://www.grisoft.com).
Version: 6.0.719 / Virus Database: 475 - Release Date: 7/12/2004
  Reply With Quote
5 28th June 11:21
enrique
External User
 
Posts: 1
Default ES EL SOLDADO.....


Einstein dijo que en un soldado se desperdicia el cerebro, ya que tiene
suficiente con la medula espinal
Kike

GIGAMAIL by X-Privat: http://www.x-privat.org/gigamail.php
  Reply With Quote
6 30th July 15:35
pedro martori
External User
 
Posts: 1
Default CUBA:_ANATOMÍA_DE_LA_REPRESION


CUBA: ANATOMÍA DE LA REPRESION

Por Carlos Alberto Montaner


Acerquémonos con toda objetividad al deprimente espectáculo cubano. Hace 45 años gobierna un dictador decidido a no abandonar ni compartir el poder, convencido de las virtudes de cierto modo autoritario de organizar y administrar la sociedad y el Estado, aprendido de los soviéticos, que ha fracasado en todas partes del mundo, y muy especialmente en la isla sobre la que ejerce su férreo control.
¿Cómo sabemos que el comunismo ha fracasado en Cuba, como fracasó en Rumania, en Albania o en media Europa? Basta asomarse al balance de este casi medio siglo de tiran*a comunista y anotar los s*ntomas más evidentes, aunque no los únicos: dos millones de desterrados y emigrantes, decenas de miles de presos pol*ticos, varios millares de fusilados, quince años de guerras africanas, un infinito ejército de jineteras, unas ciudades devastadas por la incuria gubernamental, y una inacabable libreta de racionamiento, ese diablo de la guardia que ha acompañado a los cubanos noche y d*a, desde cuando exist*a el cuantioso subsidio soviético hasta cuando desapareció, en un pa*s que ha perdido cualquier referencia a tiempos mejores, porque el desabastecimiento y la miseria han sido el telón de fondo frente al que tres generaciones de cubanos han desarrollado el drama de sus vidas sin un minuto de tregua.

Los disidentes

Naturalmente, no todos los cubanos coinciden en esa desoladora actitud. Hay un puñado de personas convencidas de que es posible construir una Cuba distinta, más hospitalaria y generosa con sus propios ciudadanos. Una Cuba en la que los hoteles, las playas, los restaurantes y los amables lugares de recreo, o los buenos hospitales dotados con abundantes medicinas, no estén vedados a los naturales del pa*s, a menos que pertenezcan a la pequeña cúpula dirigente, como sucede en la dictadura de Castro, donde se practica el más injusto de los apartheid.

Una Cuba en la que una muchacha médica o maestra no tenga que prostituirse para comer, vestir o comprarle medicinas a su hija. Una Cuba en la que el salario que se reciba sea pagado en una moneda con valor adquisitivo real y no en ese misterioso papel secante que se traga las nueve décimas partes de su valor nominal al canjearlo por dólares. Una Cuba en la que no se persiga sino se premie la iniciativa y el esfuerzo de los individuos. Una Cuba en la que las personas puedan expresar libremente sus opiniones, agruparse de acuerdo con sus valores e intereses, y elegir sin temor a los funcionarios entre diversas opciones que se presenten, tanto en los partidos pol*ticos como en los sindicatos o en el resto de las instituciones de la República sometidas al método democrático de escoger mandatarios.

Curiosamente, quienes único creen en la posibilidad de esa Cuba feliz son los demócratas de la oposición: los disidentes. Son esos periodistas independientes que cuentan lo que sucede en el pa*s porque saben que si se oculta la realidad ésta jamás podrá ser modificada. Son los bibliotecarios clandestinos que prestan los textos prohibidos porque están convencidos de que la inteligencia y el buen juicio se nutren de la información y del contraste de pareceres. Son esos esforzados pol*ticos de distintas vertientes que, siempre hostigados por la polic*a secreta, predican y defienden las caracter*sticas y virtudes de la socialdemocracia, el liberalismo, la democracia cristiana o el conservadurismo, persuadidos de que a Cuba le conviene repetir la experiencia ideológica y práctica de las veinte naciones más prósperas del planeta.

Los anillos de la represión

¿Qué hace la dictadura con estas personas empeñadas en tratar de mejorar el destino de los cubanos? Todos lo sabemos: las destruye. Pero no las destruye con un zarpazo directo y definitivo, sino mediante una siniestra gradación represiva. Primero las amenaza. Las visita un polic*a con gesto preocupado quien, en un severo tono estudiadamente paternal, le explica al disidente lo peligroso que es salirse del coro y pensar por cuenta propia.

Cada demócrata cubano tiene un polic*a que lo “atiende”, verbo que en la Isla quiere decir que lo vigila, aconseja, amenaza, increpa o intimida, de acuerdo con las caracter*sticas de su caso. Su función ?la del polic*a que “atiende”? es cultivar la ortodoxia ideológica y asegurarse de la completa obediencia de las órdenes que “bajan” desde el olimpo revolucionario. La revolución es una forma un*voca de pensar y de juzgar la realidad, y cualquier discrepancia conlleva un alto costo en sufrimiento.

El segundo anillo represivo es el acoso directo. El disidente ?y a veces su mujer e hijos? es expulsado de su centro de trabajo. Se instruye a los militantes del barrio en el que vive para que le nieguen el saludo o lo insulten. El insulto es el ensayo general para la violencia posterior. Antes del golpe siempre viene el alarido. Esa es la función de gritarle “gusano” o “escoria” al adversario. Hay que deshumanizarlo. Convertirlo en una criatura repugnante. A partir de ese punto, aplastarlo es algo sencillo, casi natural.

Más adelante, si la Seguridad del Estado lo cree conveniente, le organiza un “acto de repudio”. Son los viejos pogromos aprendidos de fascistas y nazis, reciclados por el castrismo. No hay nada espontáneo. Se trata de una turba orquestada por el Partido y por la polic*a pol*tica que se reúne frente a la residencia del ‘repudiado” para injuriarlo y tirarle piedras. A veces lo sacan de su casa por la fuerza, como le ocurrió a mi amiga y excelente escritora Mar*a Elena Cruz Varela, y le propinan un castigo ejemplar. A Mar*a Elena la arrastraron por los cabellos desde su residencia, la arrodillaron en medio de la calle y la obligaron a tragarse unos poemas pol*ticos que hab*a escrito, mientras la turba gritaba: “¡Que le sangre la boca, coño, que le sangre!”.

Luego viene la pantomima judicial. Ése es el tercer anillo represivo: el juicio sin derechos, con jueces que ***plen un puro trámite, con fiscales que repiten consignas pol*ticas, con abogados defensores que no defienden, porque no pueden, con testigos falsos que dicen lo que se les ordena, hasta llegar a la sentencia y la sentencia, que ya viene dictada desde el Ministerio del Interior: dos años, o cinco, o diez, o treinta. Da igual. A supuestos “delitos” similares, se imponen penas distintas. Todo depende de la coyuntura pol*tica y de la intensidad del escarmiento con que el régimen cree que puede y debe intimidar a la población para que comprenda las desdichas que les aguardan a quienes se atreven a retar el modelo de Estado implantado por los comunistas.

Pero ni siquiera en la cárcel termina la agon*a. Este es el turno de los maltratos directos. Las celdas son m*nimas, sin luz ni ventilación, y están llenas de mosquitos y cucarachas. Las visitas son muy espaciadas y en condiciones muy humillantes para el preso y sus familiares. El inodoro suele ser un hueco generalmente atascado y hediondo. La cama es una colchoneta o una lona llena de chinches. El agua es un débil chorro parduzco que desaparece casi todo el d*a. La comida es escasa, pésima, mal balanceada. A veces los golpes los propinan los guardias. A veces instruyen a encallecidos presos comunes para que sirvan de esbirros sustitutos.

Hay mucho de sadismo voluntario en esos atropellos cometidos por los sicópatas que asignan a las prisiones, pero hay algo aún más siniestro: el objetivo es convertir la cárcel en un infierno insoportable para “ablandar” al preso pol*tico. En su momento, le llegará su turno al guardia compasivo. El carcelero bueno de la razón y el orden empezará a hablar de “rectificación”. Todo el mundo tiene derecho a equivocarse. La revolución puede ser generosa. Para eso existe la reeducación pol*tica y el sano cambio de opiniones. Todo lo que el preso tiene que hacer es reconocer sus errores. Da lo mismo asentir o negar. Es sólo una cuestión de hacia dónde mover la cabeza. ¿No es obvio que la familia está sufriendo mucho? Todo eso se puede aliviar.

El miedo y la obediencia

En la jerga penitenciaria eso se llama “romper” o “quebrar” al preso. El propósito es arrancarle lo último que le queda, sus convicciones, para luego, si se tercia, ponerlo en la calle moralmente aplastado por la disonancia moral y el corrosivo sentimiento de culpa. Incluso, ese preso, hecho ya una piltrafa, puede servir para complacer a un gobierno extranjero que ha pedido su liberación, o a un escritor famoso que solicita su excarcelación movido por la piedad.
La revolución, hay que admitirlo, no es vesánica. Es pragmática y carece de escrúpulos. Todo lo que desea y procura es la obediencia ciega, total e incondicional al l*der. “Comandante en Jefe, ordene”, es la consigna general del pa*s. Se trata de construir una sociedad estabulada. La revolución sólo persigue y aplasta a quienes se niegan a obedecer. La revolución, además, tiene un método infalible para lograr esa obediencia bovina, tan importante para salvar a la patria de quién sabe qué supuestos peligros: infundir miedo a la población. Una sociedad aterrorizada es una sociedad obediente.

A una sociedad aterrorizada se le puede ordenar, como hizo Fidel Castro hace más de cuarenta años, que odie a los indiferentes y desafectos, aunque medien estrechos lazos de sangre o fuertes v*nculos amistosos. Él mismo dejó de tratar para siempre a la hermana y la hija que escaparon al exilio. Y los cubanos dejaron de hablar con los hijos o con los padres que hab*an marchado al extranjero. Se prohibieron las cartas y las cartas desaparecieron. El odio se convirtió en una obligación revolucionaria, y los cubanos, muertos de miedo, odiaron. Se olvidaron de sus hermanos. Les negaron el saludo al amigo. Persiguieron a sus familiares, los denunciaron por contrarrevolucionarios para que los echaran de los trabajos. Hicieron informes contra todos. Se convirtieron en verdugos de su propia gente, execraron a sus parientes para ganar méritos revolucionarios y, sobre todo, por miedo.

El miedo es la emoción más dolorosa y destructora de cuantas corroen el alma humana. Debe ser, como todas las emociones, una oscura sustancia que ante ciertos est*mulos se desliza silenciosamente por los neurorreceptores y se somatiza por un nudo en la garganta, por sudoración excesiva, por ganas de orinar, y, sobre todo, por una angustia profunda e indefinida que nos aprieta el pecho. Sentir miedo es muy desagradable. Vivir con miedo es insoportable. Y los cubanos viven con miedo. Viven con miedo desde que nacen, y sus padres, para protegerlos, los enseñan a simular, a obedecer, a callar. Es tanto el miedo que sienten que sacrifican el amor y la dignidad con tal de no padecerlo. Por eso obedecen. Por eso desfilan dócilmente en las plazas, incesantemente, un d*a tras otro, un año tras otro, gritando consignas estúpidas: “Fidel, seguro, a los yanquis dales duro”, sin creer una sola s*laba de lo que chillan, porque obedecer es el ant*doto del miedo. Agachar la cabeza y renunciar al juicio cr*tico es el amuleto que aleja el terror.

Pero no todos los cubanos, por supuesto, viven y actúan bajo los efectos del miedo. Siempre hay un puñado de valientes que atesoran, como escrib*a Mart*, todo el decoro que a los otros les falta. Raúl Rivero, el gran poeta cubano preso, suele decir que “en mi miedo mando yo”. No es que no lo sienta: es que lo administra con el valor infinito de quien se atreve a enfrentarse a un monstruo totalitario con una vieja máquina de escribir por toda defensa. Rindámosle homenaje. Rindámosles homenaje a él y a todos los presos pol*ticos cubanos. A los que se atrevieron a vencer al miedo para soñar con una Cuba diferente, en la que valga la pena criar a los hijos. A los que compartieron con sus amigos algunos libros prohibidos. A los que pidieron que se dejara votar libremente a los cubanos. A los que se atrevieron a soñar con una Cuba plural y tolerante en la que todos cupiesen. Rindamos homenaje a quienes creen, como cre*a Cervantes, que la libertad “es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos: con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra, ni el mar encubre; por la libertad, as* como por la honra, se puede y debe aventurar la vida”.

No olvidemos nunca a estos hombres y mujeres presos en Cuba por defender la libertad. Su causa es la de todos nosotros. Nosotros también estamos presos en sus celdas.

--------------------------------------------------------------------------------


BIOGRAFÍA

* Carlos Alberto Montaner nació en La Habana, Cuba, en 1943. Es escritor y periodista. Ha sido profesor universitario y conferenciante en diversas instituciones de América Latina y Estados Unidos. Es autor de unos quince t*tulos, entre los que se destacan sus libros de ensayos "Doscientos años de gringos", "La agon*a de América", "Libertad, la clave de la prosperidad", "No perdamos también el siglo XXI" y "Viaje al corazón de Cuba". Es coautor del "Manual del perfecto idiota latinoamericano" y de "Fabricantes de miseria".

Esta es la radio bemba latina !!!!
Este es el grupo donde llegan todos los SPAMS,
mensajes a granel, noticias redirigidas, chistes malos, y tutti-cuanti...
Espacio SPAM de la diáspora chilena http://diaspora_chilena.tripod.com


---
Outgoing mail is certified Virus Free.
Checked by AVG anti-virus system (http://www.grisoft.com).
Version: 6.0.719 / Virus Database: 475 - Release Date: 7/12/2004
  Reply With Quote
7 30th July 15:36
pedro martori
External User
 
Posts: 1
Default Empresas_de_EEUU_cierran_ms_contratos_de_ventas_a _Cuba_y_el_blokeo_?????


La Habana, 4 nov (EFE).- Un da despus de la reeleccin del
presidente de EEUU, George W. Bush, empresas
norteamericanas cerraron contratos de venta de productos
agroalimentarios a Cuba por unos 30 millones de dlares en la
Feria Internacional de La Habana

El presidente de la empresa importadora cubana Alimport,
Pedro Alvarez, dijo que antes de que concluya la feria, el fin de
semana, todava quedan contratos importantes por firmar con
empresas estadounidenses, algunos por valor de 4 5
millones de dlares, que estn en proceso de negociacin

Alimport concret hoy tratos por valor de unos 7,5 millones de
dlares con las compaas norteas Riceland, Archer Daniels
Midland (ADM), FCStone, Louis Dreyfus y Sunlight Foods para la
compra de arroz, harina de trigo, frijol de soja, aceite vegetal y
pollo troceado

Tras sellar con el grupo Riceland la compra de cuatro
contenedores y 5.100 toneladas mtricas de arroz por 1,5
millones de dlares, Alvarez seal que Cuba se ha convertido
este ao en el tercer importador de arroz de EEUU, con unas
100.000 toneladas

"Si no existieran las restricciones vigentes (del embargo
econmico de Washington a la isla) Cuba podra ser el primer
comprador de arroz de EEUU", seal el empresario cubano

Terry Harris, presidente de Riceland, coincidi en subrayar la
posibilidad de que algn da su empresa pueda convertirse en
una de las principales suministradoras del cereal a Cuba

Por su parte, el presidente de FCStone, Chris Aberle, quien
firm un trato para la venta a la isla de 10.000 toneladas de frijol
de soja por unos 2 millones de dlares, manifest que ha
llegado el momento de que "pasemos a un nuevo captulo" en
las relaciones entre EEUU y Cuba

El empresario norteamericano dijo que la comunidad
empresarial de su pas ya dio "vuelta a la pgina" hace tres
aos y consider que ha llegado la hora de que el gobierno de
EEUU cambie la poltica que limita el comercio y los viajes que
existen sobre Cuba

En esta edicin XXII de la Feria de La Habana participan 1.180
empresas de ms de 45 pases, 125 de ellas procedentes de
Estados Unidos, representadas por 250 empresarios, unos 70
de Florida

El titular de Alimport dijo a la prensa que al concluir la Feria de
La Habana, el domingo, la empresa cubana debe haber
suscrito contratos de compra de productos alimentarios por
unos 50 millones de dlares con compaas norteamericanas
que han expuesto sus productos en la bolsa comercial ms
importante de la isla

Desde que el gobierno de EEUU autoriz en diciembre de 2001
las ventas de productos agroalimentarios y ganaderos a Cuba,
las compras en efectivo a la isla caribea ascienden a unos 4
millones de toneladas mtricas, por valor de unos 917 millones
de dlares, de acuerdo con datos oficiales

En total, segn refiri Alvarez, los negocios contratados por su
empresa en esta feria adems de empresas norteamericanas
incluyen firmas de Brasil, Mxico, Venezuela, Canad, Alemania,
Francia y Argentina, y los resultados finales podran sobrepasar
los 150 millones de dlares. EFE rmo/jss/hma

Por Carlos Alberto Montaner


Acerquémonos con toda objetividad al deprimente espectáculo cubano. Hace 45 años gobierna un dictador decidido a no abandonar ni compartir el poder, convencido de las virtudes de cierto modo autoritario de organizar y administrar la sociedad y el Estado, aprendido de los soviéticos, que ha fracasado en todas partes del mundo, y muy especialmente en la isla sobre la que ejerce su férreo control.
¿Cómo sabemos que el comunismo ha fracasado en Cuba, como fracasó en Rumania, en Albania o en media Europa? Basta asomarse al balance de este casi medio siglo de tiran*a comunista y anotar los s*ntomas más evidentes, aunque no los únicos: dos millones de desterrados y emigrantes, decenas de miles de presos pol*ticos, varios millares de fusilados, quince años de guerras africanas, un infinito ejército de jineteras, unas ciudades devastadas por la incuria gubernamental, y una inacabable libreta de racionamiento, ese diablo de la guardia que ha acompañado a los cubanos noche y d*a, desde cuando exist*a el cuantioso subsidio soviético hasta cuando desapareció, en un pa*s que ha perdido cualquier referencia a tiempos mejores, porque el desabastecimiento y la miseria han sido el telón de fondo frente al que tres generaciones de cubanos han desarrollado el drama de sus vidas sin un minuto de tregua.

Los disidentes

Naturalmente, no todos los cubanos coinciden en esa desoladora actitud. Hay un puñado de personas convencidas de que es posible construir una Cuba distinta, más hospitalaria y generosa con sus propios ciudadanos. Una Cuba en la que los hoteles, las playas, los restaurantes y los amables lugares de recreo, o los buenos hospitales dotados con abundantes medicinas, no estén vedados a los naturales del pa*s, a menos que pertenezcan a la pequeña cúpula dirigente, como sucede en la dictadura de Castro, donde se practica el más injusto de los apartheid.

Una Cuba en la que una muchacha médica o maestra no tenga que prostituirse para comer, vestir o comprarle medicinas a su hija. Una Cuba en la que el salario que se reciba sea pagado en una moneda con valor adquisitivo real y no en ese misterioso papel secante que se traga las nueve décimas partes de su valor nominal al canjearlo por dólares. Una Cuba en la que no se persiga sino se premie la iniciativa y el esfuerzo de los individuos. Una Cuba en la que las personas puedan expresar libremente sus opiniones, agruparse de acuerdo con sus valores e intereses, y elegir sin temor a los funcionarios entre diversas opciones que se presenten, tanto en los partidos pol*ticos como en los sindicatos o en el resto de las instituciones de la República sometidas al método democrático de escoger mandatarios.

Curiosamente, quienes único creen en la posibilidad de esa Cuba feliz son los demócratas de la oposición: los disidentes. Son esos periodistas independientes que cuentan lo que sucede en el pa*s porque saben que si se oculta la realidad ésta jamás podrá ser modificada. Son los bibliotecarios clandestinos que prestan los textos prohibidos porque están convencidos de que la inteligencia y el buen juicio se nutren de la información y del contraste de pareceres. Son esos esforzados pol*ticos de distintas vertientes que, siempre hostigados por la polic*a secreta, predican y defienden las caracter*sticas y virtudes de la socialdemocracia, el liberalismo, la democracia cristiana o el conservadurismo, persuadidos de que a Cuba le conviene repetir la experiencia ideológica y práctica de las veinte naciones más prósperas del planeta.

Los anillos de la represión

¿Qué hace la dictadura con estas personas empeñadas en tratar de mejorar el destino de los cubanos? Todos lo sabemos: las destruye. Pero no las destruye con un zarpazo directo y definitivo, sino mediante una siniestra gradación represiva. Primero las amenaza. Las visita un polic*a con gesto preocupado quien, en un severo tono estudiadamente paternal, le explica al disidente lo peligroso que es salirse del coro y pensar por cuenta propia.

Cada demócrata cubano tiene un polic*a que lo “atiende”, verbo que en la Isla quiere decir que lo vigila, aconseja, amenaza, increpa o intimida, de acuerdo con las caracter*sticas de su caso. Su función ?la del polic*a que “atiende”? es cultivar la ortodoxia ideológica y asegurarse de la completa obediencia de las órdenes que “bajan” desde el olimpo revolucionario. La revolución es una forma un*voca de pensar y de juzgar la realidad, y cualquier discrepancia conlleva un alto costo en sufrimiento.

El segundo anillo represivo es el acoso directo. El disidente ?y a veces su mujer e hijos? es expulsado de su centro de trabajo. Se instruye a los militantes del barrio en el que vive para que le nieguen el saludo o lo insulten. El insulto es el ensayo general para la violencia posterior. Antes del golpe siempre viene el alarido. Esa es la función de gritarle “gusano” o “escoria” al adversario. Hay que deshumanizarlo. Convertirlo en una criatura repugnante. A partir de ese punto, aplastarlo es algo sencillo, casi natural.

Más adelante, si la Seguridad del Estado lo cree conveniente, le organiza un “acto de repudio”. Son los viejos pogromos aprendidos de fascistas y nazis, reciclados por el castrismo. No hay nada espontáneo. Se trata de una turba orquestada por el Partido y por la polic*a pol*tica que se reúne frente a la residencia del ‘repudiado” para injuriarlo y tirarle piedras. A veces lo sacan de su casa por la fuerza, como le ocurrió a mi amiga y excelente escritora Mar*a Elena Cruz Varela, y le propinan un castigo ejemplar. A Mar*a Elena la arrastraron por los cabellos desde su residencia, la arrodillaron en medio de la calle y la obligaron a tragarse unos poemas pol*ticos que hab*a escrito, mientras la turba gritaba: “¡Que le sangre la boca, coño, que le sangre!”.

Luego viene la pantomima judicial. Ése es el tercer anillo represivo: el juicio sin derechos, con jueces que ***plen un puro trámite, con fiscales que repiten consignas pol*ticas, con abogados defensores que no defienden, porque no pueden, con testigos falsos que dicen lo que se les ordena, hasta llegar a la sentencia y la sentencia, que ya viene dictada desde el Ministerio del Interior: dos años, o cinco, o diez, o treinta. Da igual. A supuestos “delitos” similares, se imponen penas distintas. Todo depende de la coyuntura pol*tica y de la intensidad del escarmiento con que el régimen cree que puede y debe intimidar a la población para que comprenda las desdichas que les aguardan a quienes se atreven a retar el modelo de Estado implantado por los comunistas.

Pero ni siquiera en la cárcel termina la agon*a. Este es el turno de los maltratos directos. Las celdas son m*nimas, sin luz ni ventilación, y están llenas de mosquitos y cucarachas. Las visitas son muy espaciadas y en condiciones muy humillantes para el preso y sus familiares. El inodoro suele ser un hueco generalmente atascado y hediondo. La cama es una colchoneta o una lona llena de chinches. El agua es un débil chorro parduzco que desaparece casi todo el d*a. La comida es escasa, pésima, mal balanceada. A veces los golpes los propinan los guardias. A veces instruyen a encallecidos presos comunes para que sirvan de esbirros sustitutos.

Hay mucho de sadismo voluntario en esos atropellos cometidos por los sicópatas que asignan a las prisiones, pero hay algo aún más siniestro: el objetivo es convertir la cárcel en un infierno insoportable para “ablandar” al preso pol*tico. En su momento, le llegará su turno al guardia compasivo. El carcelero bueno de la razón y el orden empezará a hablar de “rectificación”. Todo el mundo tiene derecho a equivocarse. La revolución puede ser generosa. Para eso existe la reeducación pol*tica y el sano cambio de opiniones. Todo lo que el preso tiene que hacer es reconocer sus errores. Da lo mismo asentir o negar. Es sólo una cuestión de hacia dónde mover la cabeza. ¿No es obvio que la familia está sufriendo mucho? Todo eso se puede aliviar.

El miedo y la obediencia

En la jerga penitenciaria eso se llama “romper” o “quebrar” al preso. El propósito es arrancarle lo último que le queda, sus convicciones, para luego, si se tercia, ponerlo en la calle moralmente aplastado por la disonancia moral y el corrosivo sentimiento de culpa. Incluso, ese preso, hecho ya una piltrafa, puede servir para complacer a un gobierno extranjero que ha pedido su liberación, o a un escritor famoso que solicita su excarcelación movido por la piedad.
La revolución, hay que admitirlo, no es vesánica. Es pragmática y carece de escrúpulos. Todo lo que desea y procura es la obediencia ciega, total e incondicional al l*der. “Comandante en Jefe, ordene”, es la consigna general del pa*s. Se trata de construir una sociedad estabulada. La revolución sólo persigue y aplasta a quienes se niegan a obedecer. La revolución, además, tiene un método infalible para lograr esa obediencia bovina, tan importante para salvar a la patria de quién sabe qué supuestos peligros: infundir miedo a la población. Una sociedad aterrorizada es una sociedad obediente.

A una sociedad aterrorizada se le puede ordenar, como hizo Fidel Castro hace más de cuarenta años, que odie a los indiferentes y desafectos, aunque medien estrechos lazos de sangre o fuertes v*nculos amistosos. Él mismo dejó de tratar para siempre a la hermana y la hija que escaparon al exilio. Y los cubanos dejaron de hablar con los hijos o con los padres que hab*an marchado al extranjero. Se prohibieron las cartas y las cartas desaparecieron. El odio se convirtió en una obligación revolucionaria, y los cubanos, muertos de miedo, odiaron. Se olvidaron de sus hermanos. Les negaron el saludo al amigo. Persiguieron a sus familiares, los denunciaron por contrarrevolucionarios para que los echaran de los trabajos. Hicieron informes contra todos. Se convirtieron en verdugos de su propia gente, execraron a sus parientes para ganar méritos revolucionarios y, sobre todo, por miedo.

El miedo es la emoción más dolorosa y destructora de cuantas corroen el alma humana. Debe ser, como todas las emociones, una oscura sustancia que ante ciertos est*mulos se desliza silenciosamente por los neurorreceptores y se somatiza por un nudo en la garganta, por sudoración excesiva, por ganas de orinar, y, sobre todo, por una angustia profunda e indefinida que nos aprieta el pecho. Sentir miedo es muy desagradable. Vivir con miedo es insoportable. Y los cubanos viven con miedo. Viven con miedo desde que nacen, y sus padres, para protegerlos, los enseñan a simular, a obedecer, a callar. Es tanto el miedo que sienten que sacrifican el amor y la dignidad con tal de no padecerlo. Por eso obedecen. Por eso desfilan dócilmente en las plazas, incesantemente, un d*a tras otro, un año tras otro, gritando consignas estúpidas: “Fidel, seguro, a los yanquis dales duro”, sin creer una sola s*laba de lo que chillan, porque obedecer es el ant*doto del miedo. Agachar la cabeza y renunciar al juicio cr*tico es el amuleto que aleja el terror.

Pero no todos los cubanos, por supuesto, viven y actúan bajo los efectos del miedo. Siempre hay un puñado de valientes que atesoran, como escrib*a Mart*, todo el decoro que a los otros les falta. Raúl Rivero, el gran poeta cubano preso, suele decir que “en mi miedo mando yo”. No es que no lo sienta: es que lo administra con el valor infinito de quien se atreve a enfrentarse a un monstruo totalitario con una vieja máquina de escribir por toda defensa. Rindámosle homenaje. Rindámosles homenaje a él y a todos los presos pol*ticos cubanos. A los que se atrevieron a vencer al miedo para soñar con una Cuba diferente, en la que valga la pena criar a los hijos. A los que compartieron con sus amigos algunos libros prohibidos. A los que pidieron que se dejara votar libremente a los cubanos. A los que se atrevieron a soñar con una Cuba plural y tolerante en la que todos cupiesen. Rindamos homenaje a quienes creen, como cre*a Cervantes, que la libertad “es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos: con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra, ni el mar encubre; por la libertad, as* como por la honra, se puede y debe aventurar la vida”.

No olvidemos nunca a estos hombres y mujeres presos en Cuba por defender la libertad. Su causa es la de todos nosotros. Nosotros también estamos presos en sus celdas.

--------------------------------------------------------------------------------


BIOGRAFÍA

* Carlos Alberto Montaner nació en La Habana, Cuba, en 1943. Es escritor y periodista. Ha sido profesor universitario y conferenciante en diversas instituciones de América Latina y Estados Unidos. Es autor de unos quince t*tulos, entre los que se destacan sus libros de ensayos "Doscientos años de gringos", "La agon*a de América", "Libertad, la clave de la prosperidad", "No perdamos también el siglo XXI" y "Viaje al corazón de Cuba". Es coautor del "Manual del perfecto idiota latinoamericano" y de "Fabricantes de miseria".

Esta es la radio bemba latina !!!!
Este es el grupo donde llegan todos los SPAMS,
mensajes a granel, noticias redirigidas, chistes malos, y tutti-cuanti...
Espacio SPAM de la diáspora chilena http://diaspora_chilena.tripod.com


---
Outgoing mail is certified Virus Free.
Checked by AVG anti-virus system (http://www.grisoft.com).
Version: 6.0.719 / Virus Database: 475 - Release Date: 7/12/2004
  Reply With Quote
8 30th July 15:36
pedro martori
External User
 
Posts: 1
Default ES EL SOLDADO.....


ES EL SOLDADO.....

Es el soldado, que peleo por la liberacion el que hizo posible que tengamos una constitucin....

Es el soldado y no el reporter o el periodista el que hace posible que tengamos Libertad de Prensa...

Es el soldado y no el poeta o el escritor el que hace posible la libertad de expresin...

Es el soldado, no el organizador de protestas callejeras el que hace posible que podamos protestar...

Es el soldado, que en atencin de firme saluda a la bandera, quien sirve con mas dedicacin a la patria....

Es el soldado, que pelea en otras tierras, lejos de sus seres queridos, el que evita que suframos el dolor y la tragedia de la guerra en nuestras ciudades...

Es el soldado, cuyo fretro es cubierto por la bandera, el que ha hecho posible, que los que protestan a favor del enemigo, incluso la quemen, sin que se les quite la vida....

Recuerden, el 11 de Noviembre es el
Dia de Los Veteranos!.

lavozdecubalibre.com


---
Outgoing mail is certified Virus Free.
Checked by AVG anti-virus system (http://www.grisoft.com).
Version: 6.0.719 / Virus Database: 475 - Release Date: 7/12/2004
  Reply With Quote
9 1st August 02:30
amate
External User
 
Posts: 1
Default ES EL SOLDADO.....


El hombre es miedo, dijeron en la montaa.


ES EL SOLDADO.....

Es el soldado, que peleo por la liberacion el que hizo posible que tengamos
una constitucin....

Es el soldado y no el reporter o el periodista el que hace posible que
tengamos Libertad de Prensa...

Es el soldado y no el poeta o el escritor el que hace posible la libertad de
expresin...

Es el soldado, no el organizador de protestas callejeras el que hace posible
que podamos protestar...

Es el soldado, que en atencin de firme saluda a la bandera, quien sirve con
mas dedicacin a la patria....

Es el soldado, que pelea en otras tierras, lejos de sus seres queridos, el
que evita que suframos el dolor y la tragedia de la guerra en nuestras
ciudades...

Es el soldado, cuyo fretro es cubierto por la bandera, el que ha hecho
posible, que los que protestan a favor del enemigo, incluso la quemen, sin
que se les quite la vida....

Recuerden, el 11 de Noviembre es el
Dia de Los Veteranos!.

lavozdecubalibre.com


---
Outgoing mail is certified Virus Free.
Checked by AVG anti-virus system (http://www.grisoft.com).
Version: 6.0.719 / Virus Database: 475 - Release Date: 7/12/2004
  Reply With Quote
10 1st August 02:32
enrique
External User
 
Posts: 1
Default ES EL SOLDADO.....


Einstein dijo que en un soldado se desperdicia el cerebro, ya que tiene
suficiente con la medula espinal
Kike

GIGAMAIL by X-Privat: http://www.x-privat.org/gigamail.php
  Reply With Quote
Reply


Thread Tools
Display Modes




Copyright 2006 SmartyDevil.com - Dies Mies Jeschet Boenedoesef Douvema Enitemaus -
666