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1 30th April 11:46
pipilenca guanaco
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Posts: 1
Default Divina venganza, manifiesto infernal.


Cansado y pensativo, maquinaba su venganza. Repasaba cada medida tomada
por él, y las respuestas que su poderoso adversario había esgrimido en
su contra a través de la historia.
Sentado en su portentoso trono se encontraba Satanás, en la principal y
más oscura sala del Pandemónium, absorto, escribiendo un discurso.
Ni siquiera Belcebú, el más endemoniado entre los infernales, se atrevía
a molestarlo.
Moloc, Belial y Mammón, sentados en silencio, aguardaban con paciencia
las órdenes del más impío entre los impíos.

-”¡Belcebú!” – exclamó súbitamente – ”Reunión general. Convoca todas las
huestes y potentados a la Plaza del Orgullo. Reunión en luna nueva. Voy
a dar las directivas del nuevo milenio, la línea a seguir”.

Luego giró la silla, dirigió la vista a Belial, y asintió con la cabeza.

Belcebú, sin decir nada, tomó el aparato que tenía al alcance de la
mano, apretó un botón, esperó a establecer comunicación con un tercero y
dictó las instrucciones precisas sobre la campaña informativa para la
próxima reunión de todos los demonios.
Repitió la operación varias veces. Y a cada botón apretado le seguía un
automático gancho trazado con lápiz, que marcaba el número en cuestión
escrito en una lista preparada de antemano. No faltaba nada. Ni los
motores principales del éter avernético, ni la prensa, ni la radio, ni
la televisión. Incluso los creadores de opinión pública salían a la
calle, a generar el estado de ánimo propicio: la curiosidad por el porvenir.

Belial seguía instrucciones precisas. Generaba estados de excepción
entre las naciones de la tierra. El caos brindaba inseguridad, y en ese
estado, la inexistencia de orden y ley justificaba democracias bajo
estado de excepción permanente con derechos ciudadanos inexistentes;
líderes democráticos de minorías absolutas se encontraban al frente de
todos los pueblos. Combatían el hambre imperante con medios militares.
El ****fabetismo recibía dosis de explosivos, las enfermedades se
enfrentaban con campañas propagandísticas de productos de consumo. Moloc
se ufanaba de las vidas arrebatadas.

Mammón, artista en todos los medios, encantaba a todos los espectadores
de todos los medios: ofrecía riqueza, y con ello poder, a todo el que lo
deseara. Millones de personas estaban dispuestas a presentar sus
miserias del alma al orbe entero con tal de ganar fama, riqueza, dinero.
Concursos de “gane miles por contestar una pregunta idiota” se repetían
todos los días, en todos los medios. Premios de loterías con millones de
premios se ganaban todas las semanas. Incluso personas que jamás
adquirían participación alguna, eran ganadoras de premios por azar.

En el mundo, entre más riqueza repartía Mammón, más pobreza se generaba,
y con ello, mayor desesperación entre los hombres por ofrecer su alma,
para salir de la miseria. La gente ya no se vendía: se regalaba por
tener la oportunidad de participar en los concursos o ser mostrada en
los medios como la ganadora. Nadie quería perder. Todos querían ganar,
aunque eso incluyera la venta de su propia carne.

En el cielo, Rafael llevaba noticias a su padre. Miguel y Gabriel
empezaban a dudar de la eficacia de sus espadas frente a los nuevos
retos. No era lucha contra demonios armados que intentaban asaltar el
cielo o conquistar el trono de Dios, mancillando con ello la gloria
celestial, la que se imponía.
Ebullición en todos los rincones. Querubines y ángeles no bastaban para
atender la súbita emergencia causada por la enorme muchedumbre que
ansiaba entrar al cielo. Eran los pobres, los bienaventurados, los que
acudían en masa sobre poblando la magnificencia.

En la nada, al margen de todo, meditaba Abraxas. Fruto de su voluntad
eran el bien y el mal.
Ahura Mazda , el conocido por Ormuz “El Bueno”, siempre peleó con su
hermano Angramanius, el llamado Ahriman, “El malo”, el negativo. Vida y
muerte debatíanse entre los mortales y su universo desde tiempos
inmemoriales. Y desde entonces estaba dictado el destino de las
polaridades, sin importar sus nombres ni encarnaciones entre los mortales.

----------------------------------------------

¡Hermanos todos!
Compañeros:

De todos es conocido la injusta manera en que Dios nos usa para
escarmentar a los mortales.
En toda iglesia encontramos manifestados aberrantes figuras que dicen
representarnos y cuyo fin es el de estremecer a los visitantes. Infundir
el terror.
Es en base al temor que inculcamos que Dios puede construir su reino
teñido de cielos paradisíacos: la gratitud con que los mortales le
veneran es generada por las obras a las que nosotros nos vemos
obligados, o se nos impugnan, sin mayor raciocinio. No existe bondad, ni
gloria celestial que no este basada en la negación de nuestras obras (y
que dicho sea de paso, son encargadas por el dictador vitalicio del cielo).
Si preguntáramos a la humanidad entera, excelsa obra de Dios, su
conformidad con el estado actual de cosas, seguramente obtendríamos una
repulsa mundial. Como hijos de Dios, los hambrientos piden “pan”, y no
es saciedad la que consiguen. No importa que en la biblia esté escrito “
¿Qué padre de vosotros, si su hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿o
si pescado, en lugar de pescado, le dará una serpiente? ¿O si le pide un
huevo, le dará un escorpión? ”.
Nosotros daremos al hombre lo que este desea, aún cuando este no quiera
pedírnoslo.

Es tiempo de adecuar nuestro trabajo y organización a las necesidades
actuales. Tenemos que cambiar y adecuarnos a los tiempos modernos.
No podemos seguir actuando a través de gigantescos Leviatanes. Mayor
terror causa la irresponsabilidad en los mares: mirad los venenos y el
efecto invernadero.
No podemos seguir aferrados a monstruos infernales, enormes dragones y
serpientes venenosas: apoyemos al hombre en la creación de armas
nucleares, bacteriológicas y químicas. Mayor caos y muerte produce el
SIDA que una Gorgona.

En el plano de nuestra adecuación al nuevo milenio, la organización es
vital: desde ahora seremos democracia.
El aporte y colaboración de todos es valiosa para la concretización de
nuestros planes. Mi papel al frente del infierno, no es más el de un
dictador vitalicio e inamovible: eso lo dejaremos al padre nuestro que
esta en los cielos. Que se quede Dios en su cielo sin realizar
elecciones. Su dictadura llegará a su fin, ya sea por revuelta o por
diseño de modelo propio.
Declaro mi repulsa al título de rey de los infiernos, de dictador del
averno y paso a ser el presidente de todos los demonios, en espera de
las próximas elecciones.

(Aplausos. Murmullos de admiración)

Todo aquel que lee la historia, recuerda la derrota que sufrí cuando
dábamos por muerta la fidelidad entre los hombres. Job, justo y
misericordioso, temeroso de Dios, impidió que ocupáramos el corazón de
todos los mortales. En esa lucha medí mis fuerzas con Dios, sin
involucrar a nadie más que al Job ese. De eso hace ya más de dos mil
quinientos años humanos: ya no hay mas Jobs sobre la tierra. Eso
favorece nuestra lucha.

Existe entre los hombres la creencia de que todo aquel que se mete a
redentor, muere crucificado. Mucho tiempo nos ha tomado generar ese
sentimiento como para poder desperdiciarlo. Gracias a Dios eso es
posible, desde que posibilitó el cristianismo.

- Nunca antes nadie pensó que yo, Satanás, agradecería a Dios por algo.
Hay que quitarnos todos esos prejuicios.-

No podemos desperdiciar los frutos alcanzados por tanto esfuerzo . La
envidia, avaricia y maldad, han anidado en el corazón de los hombres.
Los pueblos sirven al poder y al placer con beneplácito. Se esfuerzan
por la satisfacción de los sentidos y la carne.
Debemos lograr que deseen incluso servirnos, que se sientan felices y
realizados con lo que nosotros les ofertamos, que lo sientan suyo, y con
agrado, vengan a nuestro encuentro. Es el momento de tornar en cielo
este infierno: gracias al individualismo imperante que no permite
solidaridad alguna. Gracias al libre albedrío y la falta de sentido común.

(Aplausos)

Entre nosotros, Mammón.
Nadie como él. Ha logrado esparcir la envidia entre los hombres. El
deseo de riqueza lo hemos glorificado. Nadie desea repartir su riqueza y
volverse pobre. El pobre sienten su pobreza como un castigo divino, una
maldición, y quieren sacudírselo de encima. A pesar de cualquier promesa
de heredad, el pobre prefiere medidas tangibles.
Si Dios ofrece un futuro paraíso sin necesidades, nuestra tarea es crear
un infierno presente de comodidades para que todo humano desee vivir y
construir un infierno en la tierra. Y no solo comodidades: lujo.
Exuberancia. Derroche. Que la envidia anide y se enquiste en todos los
corazones. Que el consumo vaya más allá de la satisfacción de necesidades.
El hombre confunde la falta de necesidad con el exceso de comodidad.
Alegrémonos que así sea. Propaguemos por lo superfluo e innecesario:
muchos tomarán eso como sinónimo de necesidades cubiertas.

(aplausos y vítores de ”vivan Mammón y Satanás”).

Por favor… Por favor… Dejadme hablar.

(murmullos decadentes hasta el apaciguamiento)

Nuestro leal y audaz Belial ha logrado convertir las leyes en una
secuencia de letras carentes de significado. No hay ley que sea
respetada o puesta en entredicho. Los principales delincuentes son las
autoridades que acuñan las reglas. Pueblos enteros admiten sentirse
expuestos. No existe nada que los cobije o defienda. No se respeta la
ley. Incluso logramos que en nombre de la ley, se viole la ley misma y
exista quien nos aplauda los logros. Hay quienes exigen que se rompan.
Nos exhortan y aplauden por ello. Lo consideran bueno. Demandan la
violación sistemática de la ley, amparados en el secreto y una necesidad
superior emanada de los intereses propios.
Las únicas leyes existentes son las de la fuerza bruta, la superioridad
en todo sentido y el abuso opresivo, esas que Belial ha impulsado tan
vehemente.

Moloc, el devorador de hombres, es cotidiano entre los hombres. Puedo
incluso asegurar que es querido y emulado en la época presente. Su
trabajo lo hace ser indispensable en el futuro.
No existe general que mande sobre ejército alguno, en ningún pueblo
sobre la tierra, que no desee el aniquilamiento de sus enemigos. Pensar
que son hombres semejantes a él, sus prójimos, a los que desea quitar
la vida, no le preocupa. La muchedumbre de huérfanos, hambrientos y
enfermos o lisiados condenados a muerte por condiciones de guerra, no le
pasa por su mente. Y todo se lo debemos a Moloc, aquí presente entre
nosotros.

(Aplausos. Silbidos. Vítores: “Viva Moloc”. “Viva Belial”. “Viva Satanás”).

El trabajo cooperativo entre Moloc, Mammón y Belial, nos ha generado
enormes beneficios. La cantidad diaria de muertos producto de la
envidia, la avaricia y la irracionalidad, no son nada despreciables. El
individualismo imperante, la incapacidad de colaboración, la falta de
solidaridad entre los individuos, nos aproxima a la realización de
nuestros planes.
(Aplausos)
Y eso es bueno. Mientras logramos colaborar entre nosotros, mientras
logramos que los pueblos del mundo desarrollen nuestros planes, menor
resistencia habrá frente al cambio.

( Satanás se lleva un vaso de agua a los labios. Murmullos en la audiencia).

Hemos aprendido de nuestros errores. Ya no sirven los enormes Leviatanes
para asolar los mares y atemorizar los hombres: con virus microscópicos
logramos mayores resultados.
El castigo de Tántalo es masivo entre los hombres. La infancia mundial
nos provee de cadáveres fáciles: es mayor la cantidad de muertos por
hambre, que los obtenidos por guerra alguna.

No necesitamos de lujuria ni violencia para generar nuevas Sodomas y
Gomorras: basta ayudarle al hombre con el desarrollo de sus armas
nucleares y microondas. Basta la ****ografía gratuita para impulsar el
número de violaciones apoyadas por sustancias afrodisíacas modernas.
Lujuria y adulterio son cuestiones cotidianos: dejaron de ser pecados
hace mucho, para convertirse un forma desarrollada, avanzada, de vivir
una relación..
Hemos avanzado. Pero no basta.

Debemos lograr que la libertad desaparezca. Restringir los derechos del
individuo. Reducirlos a nada por medio de leyes especiales.
Nuestro triunfo sólo es posible si logramos que la democracia se expanda
impuesta por medio de la fuerza bruta, la fuerza de imposición de
nuestros criterios sin consideración de criterios de otros. Es vital
entender esto:
El preso tiene que denominar su estado “libertad”. La posibilidad de
escoger debe estar limitada a nuestra oferta, no a lo que ellos quieran.
En nombre del respeto al poder de los pueblos, debemos subyugarlos,
someterlos, ocuparlos y venderles la idea que bajo nuestro dominio, son
libres.
En nombre del respeto a los derechos, quebremos la resistencia de todo
aquel que levante la bandera de la libertad y derechos humanos: ningún
humano tiene más derecho que un diablo.
Y los diablos, merecemos nuestro propio infierno.

(Aplausos atronadores y continuos que amainan después de medio minuto)

¿Cómo lograr tal grado de confusión entre los mortales? ¿Cómo lograr que
deseen lo que nosotros deseamos? Simple: Relaciones Pública. Propaganda.
Organización.
Ese es el aporte de nuestro entrañable vicepresidente, Belcebú, que con
magistral capacidad, ha entretejido todas mis propuestas y las ha
convertido en frutos al delegar órdenes específicas a los mejor cuadros
para desarrollar dichas las labores.
El trabajo de cada uno de nosotros, sin una labor de propaganda
correcta, sin una labor de relaciones pública que la haga querida y
aceptable, no rinde los frutos esperados.

A una operación de ocupación y sometimiento de una nación, llamémosla
operación de libertad e independencia. Hablemos de expandir la
democracia, la libertad; no de invasión, no de ocupación y mucho menos
de estados de excepción.
A la tortura y arrestos arbitrarios, llamémosles “métodos preventivos en
la defensa de la democracia”. La confianza cede fácilmente ante la
sospecha: hagamos que todos sospechen de todos, que no exista la
confianza en ninguna parte, y cuando alguien confíe en otro, que sea en
nosotros, para poder aniquilar la confianza misma.

¿Cuál es nuestra ganancia en todos esto?
El deseo de un cielo falto de necesidades, llevará al deseo de ir al
infierno.
¡Demos gracias a Dios por su austeridad y democracia!
¡Todos los infelices: al cielo!

En la época actual, más de una tercera parte tiene hambre, y sed, y
sufre de desnutrición. En ese marco, menos de una séptima parte de la
población mundial derrocha comida. La vota. La ofrece a los puercos
antes que a su prójimo. Ofrece mayor ganancia la carne de cerdo en el
mercado, que la venta de ataúdes. ¡Todos los hambrientos: al cielo!

El seguir y sostener la ley de la fuerza impuesta lleva a los elegidos
camino al averno. Y esos son pocos. ¡Todas la víctimas de la injusticia:
al cielo!

El deseo de no saber, de no tener conciencia de tanta muerte y
arbitrariedad, nos deja una humanidad permeable a cerrar los ojos ante
lo que acontece frente a ellos.
¡Todos los pobres de espíritu, al cielo!

A ofrecer, pues, un mundo de riqueza y poder. ¡Todos los hombres de
buena fe, al cielo!
Impongamos la democracia por la fuerza si fuese necesario: es un bien
necesario. Un mundo de independencia condicionado por nuestros valores,
es un mundo rico y sin necesidad. Ocupemos cada palmo de este planeta y
velemos porque los ocupados nos consideren garantes de su libertad.
Mostremos en los periódicos y la televisión caras sonrientes y aplausos
ante nuestras fuerzas. Mostremos la superioridad del mundo de la riqueza
y fuerza sobre la necesidad y debilidad. Publiquemos en todos los medios
del orbe la comparación entre ambos mundos, para que el hombre desee
venir a nosotros, que desee ser rico y fuerte. Mostremos la manera en
que nos aceptan los elegidos, para que incluso los reacios nos deseen y
envidien.
Declaremos primitivos a todo aquel que no acepte el nuevo orden del
milenio. Declaremos peligroso a todo sujeto que se nos oponga y
utilicemos medidas preventivas en defensa de nuestra democracia mundial.
Expandamos nuestros valores a todas las sociedades del universo,
aniquilemos cualquier cultura que se oponga: solo son los enemigos de la
libertad, del desarrollo, de la riqueza. Convirtamos en historia todas
las religiones que no adoren ni deseen el lujo, la riqueza y el poder.
Convirtamos en sinónimo de “pusilánime” la solidaridad. Que se
interprete como indecisión todo intento de consideración al prójimo: eso
es de los débiles.
Exhortemos la irresponsabilidad. ¡El egoísmo!. ¡El derroche no puede ser
frenado por la consideración, ni por complejo de culpa alguna!. ¡Creemos
el superhombre!. ¡La súper nación!. ¡La democracia superior!. Vivamos
nuestro propio infierno y dejémosle a Dios su propio cielo: así lo
diseñó él desde el principio. Así desea vivir él, entre los pobres. Así
desea él, ser cabeza de los débiles e ingenuos.

¡Así sea!

(Aplausos y vítores.)

-------------------------------------------------

El nuevo milenio emergió con fuerza. Con nuevas guerras. Mayores
cataclismos y calamidades se disputaban las primeras páginas de los
periódicos con las apuestas de cual de esas sería la mayor, o la del
siglo. El hambre no era vista de la misma manera que en buen “talk show”
en los medios de difusión.
Los presupuestos de las naciones designados para las guerras superaba el
otorgado al combate contra el hambre y la pobreza. La desnutrición era
ignorada en la vida cotidiana. Los peces escasean, como queriendo
dificultar el milagro de los tiempos de antaño. El hambre resultaba algo
inverosímil y lejano, expuesto como curiosidad en una revista de moda en
un mundo donde la realidad era un fetiche erigido sobre manipulaciones
de la conciencia humana. Multitudes de naciones se mostraban libres
cuando eran ocupadas. Felicidad era suplantada por carcajadas inducidas
por situaciones cómicas que ponían a un sujeto en situaciones
comprometidas: uno se reía de la desgracia ajena. La muerte ya no era
temida: se tornaba entretenimiento. Una nueva vida se consideraba maldición.

Cansado por el estrépito humano, Abraxas salió de su estadio meditativo.
Su palabra fue “nada”, y todo su***bió ante el espíritu primigenio.
Dicen las crónicas sin tiempo, que del calor de combustiones y
reacciones termonucleares, surgió una nueva glaciación. Ante la soledad
y el silencio, descubrió una nueva razón para el todo.
“Empecemos de nuevo”- se dijo en plural, tal como siempre pensaba en sí
mismo- “Esta vez, sin polaridades. Razón y conciencia bastan. Basta
comprender la causa y el efecto”.

Atte.
Pipilenca
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