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1 22nd September 05:08
pedro martori
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Default Lectura Dominical, A la memoria de Virgilio Fernández.



A la memoria de Virgilio Fernández.

Octubre. Madrugada. Interior, Salón de Los Espejos, Palacio de Miraflores.

- Secuencia Única -.

Hugo Chávez camina de una a otra esquina de la habitación. Dos de sus
abogados, sentados ante una mesa larga y maciza, examinan varios documentos
y trasponen susurros ocasionales entre ellos.

De pronto, el deambular presidencial sufre una interrupción:

Guardia (abriendo una de las puertas que conducen al salón): Presidente, el
doctor Edmundo Chirinos.

H.C.: Házmelo pasar.

De inmediato, E.C. ingresa al lugar.

E.C.: ¿Cómo está, presidente? Buenos días, señores.

H.C.: Edmundo, siéntate. Estos son un par de los abogados que me
representan ante las cortes de Florida y España.

Chirinos inclina la cabeza ligeramente y expresa: Un placer, caballeros.

H.C.: Edmundo, tenemos un gran problema, chico.

E.C.: ¿Cuál será, presidente?

H.C.: Me quieren joder, Edmundo, y parece que tengo pocas opciones de ganar.
Me quieren juzgar y encarcelar, dizque por genocidio, crímenes contra la
Humanidad y haber... ¿cómo se dice, chico?... infrigido varios Derechos
Humanos.

Abogado 1: Infringido, señor presidente. Infringido.

H.C.: ¿Ah? ¿Es con ‘ene’ la cosa? Carrizo, últimamente no pego una.

Abogado 1: No se preocupe, presidente. Lo que se exprese aquí es
confidencial. Queda entre nosotros.

Abogado 2: Dr. Chirinos. La acusación ha promovido pruebas de diversa
índole, para sustentar sus acusaciones. Desde registros radiofónicos de las
órdenes del presidente en el marco de El Plan Ávila, pasando por varias
filmaciones sin editar, numerosas afirmaciones juradas relativas los sucesos
de abril del 2002, hasta una larga lista de testigos presenciales que
comprende periodistas y ciudadanos de otras profesiones.

E.C.: Anjá.

Abogado 1: Le hemos explicado al señor presidente que en el estado de
Florida es aplicable la pena de muerte. También hemos indicado que alegatos
como ‘legítima defensa’ et. al., tienen un efecto muy limitado, dado que la
acusación ha consignado pruebas del entusiasmo presidencial con que fue
acogida la sentencia de absolución de los civiles implicados en los sucesos
de esas jornadas y de la contratación subsiguiente de algunos de ellos por
parte del Estado.

E.C.: Um.

H.C.: ¿Ves, Edmundo? ¿Ves cómo me quieren fregar la vida?.

Abogado 2: Doctor Chirinos...

E.C.: Dígame.

Abogado 2: Estamos francamente preocupados. Verá: en EE UU asesinos en
serie, psicópatas, sociópatas, caníbales como Jeffrey Dahmer y Ted Bundy
fueron examinados por varios especialistas y declarados competentes para ser
sometidos a juicio y asistir en su propia defensa.

E.C.: Competentes, ¿eh?

Abogado 2: Sí, doctor. La postura inicial en ambos casos fue: no-culpable
por razón de demencia. Ello generó el escrutinio acucioso de los
inculpados.

E.C.: ¿Y?

Abogado 1: Dr. Chirinos: ¿usted no recuerda lo que ocurrió con ellos?

E.C.: Caramba. La verdad es que no.

H.C.: Yo no sé ni quiénes son esos tipos. A mí que me pregunten sobre
historia contemporánea y ética, que de eso sí sé bastante.

Uno de los consejeros deja escapar un soplo para inhalar estoicismo, ante la
mirada adusta de Chirinos.

Abogado 2: Bien. Ted Bundy, por ejemplo, fue capturado y enjuiciado en
Florida por múltiples cargos: violación, asesinato en primer grado y otros.
No sólo fue pronunciado competente sino que en la mayoría de los juicios que
le hicieron, él asumió su propia defensa.

E.C.: ¿A dónde vamos con esta historia, caballeros?

H.C.: Sí. Yo quiero saber cuál es el objetivo de esta palabrería.

Abogado 1: Presidente, Dr. Chirinos: nuestra Firma está persuadida de que la
única posibilidad de éxito es que su psiquiatra de cabecera lo declare
demente ya.

H.C.: ¡¿Cómo?! ¿Loco, yo?

Abogado 1: Sí, orate, lunático. Lo que es más importante: incapaz de
diferenciar entre el bien y el mal. Sólo tal pronunciamiento, acompañado de
la anuencia de su gente en la Asamblea Nacional y el T.S.J., daría espacio a
alguna esperanza en los procesos que cursan contra usted en el exterior.

El silencio desciende, pesado, sobre los cuatro cuerpos.

H.C.: ¡Malditos golpistas, delincuentes, oligarcas! ¡Ah! ¡Los voy a mandar
a matar a toditos, caray!

Abogado 2: Presidente, con todo respeto, la decisión hay que tomarla de
inmediato.

Por la mente de Chirinos giran hipótesis, de prisa. Una pregunta funge de
lienzo de fondo: “¿Tendré futuro si sobrevivo este trance?”

E.C.: Haré lo que usted diga, presidente.

Sí, era prudente poner la bola al otro lado de la cancha. Y abandonarla
allí unos instantes.

H.C.: A la cárcel no vuelvo, ni de vaina... Prefiero pasar a la historia
como loco que como pendejo.

Abogado 1: Recuerde que deberá convencer a cuanto médico le pongan en
frente, a los jueces y jurados.

E.C.: Yo lo puedo entrenar, presidente. Pero no garantizo el éxito. Ello
dependerá de su habilidad para la actuación y la persuasión a los peritos.

H.C.: Pero, Edmundo: tú me has estado tratando desde hace añales, chico. Tú
me diagnosticaste no-sé-qué-cosa, me mandaste un montón de pastillas y hasta
tengo que chequearme la sangre mensualmente con un par de tipos que me envió
Fidel para Barrio Adentro.

Abogado 2: ¿Exactamente cuál fue su diagnóstico, Dr. Chirinos?

E.C.: El presidente sufre de un desorden crónico, tratable pero incurable.
Es bipolar, o sea, lo que antes se conocía como maníaco-depresivo. En
paralelo es mitómano, huidizo, megalómano, narcisista – ejém – y como
Narciso, está impedido de sentir empatía por alguien o algo que no sea él.
Adolece de amor. Sufre de lapsos de memoria. Desde hace tiempo, lo vengo
tratando con comprimidos de Litio y Trazodone. Una vez al mes, monitoreo la
concentración de Litio en su sangre. Para eso son los exámenes. Antes
probamos combinaciones de medicamentos como Prozac, Tafil, Librium, Valium,
Desipramine, etcétera. Lamentablemente, no traje su historia clínica pero,
como es usual en estos casos, no hemos hallado aún una fórmula que le dé
mayor estabilidad.

Abogado 1: Está bien, doctor. Gracias por su informe... Lo que temíamos
mis colegas y yo, usted lo ha confirmado: ninguno de los factores que ha
descrito crean impedimentos en el discernimiento, ni pasajeros ni
permanentes. Ergo, en todo momento, el presidente sabe qué es el bien y qué
el mal, ¿no es cierto?

H.C.: ¡Claro, vale! ¿Por quién me tomas, chico? ¡Ahora sí es verdad que se
subió el gato a la batea!

E.C.: La respuesta es sí, no hay duda.

Se produce una tregua. Chávez no había tomado asiento durante la reunión y
su arrojo lucía intacto. El galeno escucha el eco de los pasos del
mandatario, un par de sílabas murmuradas por los asesores, mientras sus ojos
enderezan un cuadro torcido.

Abogado 2 (alzándose junto a su colega): OK, presidente. Contamos con
copias de todas las emisiones de Aló Presidente, las cadenas y demás
discursos suyos que han sido transmitidos por radio y TV. Tenemos el libro
de Ángela Zago, cartas y otros escritos de usted. Esto, aunado a informes
detallados de sus viajes y gastos, declaraciones de familiares, amigos y
opositores, podrían favorecer su defensa. El resto, lo sustancial, queda en
sus manos. Lo llamaremos en el curso del día.

H.C.: Está bien. Edmundo: ándate a redactar la certificación esa y
mándamela para acá hoy mismo. Ahora salgan que tengo que hablar con Rincón.

Luego de apretar manos con Chávez y los consejeros legales, Chirinos se
dirige a su automóvil.

De pié junto a él piensa: “Las cartas están echadas”.

Entonces, amanecía.


---
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2 25th September 12:38
pedro martori
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A la memoria de Virgilio Fernández.

Octubre. Madrugada. Interior, Salón de Los Espejos, Palacio de Miraflores.

- Secuencia Única -.

Hugo Chávez camina de una a otra esquina de la habitación. Dos de sus
abogados, sentados ante una mesa larga y maciza, examinan varios documentos
y trasponen susurros ocasionales entre ellos.

De pronto, el deambular presidencial sufre una interrupción:

Guardia (abriendo una de las puertas que conducen al salón): Presidente, el
doctor Edmundo Chirinos.

H.C.: Házmelo pasar.

De inmediato, E.C. ingresa al lugar.

E.C.: ¿Cómo está, presidente? Buenos días, señores.

H.C.: Edmundo, siéntate. Estos son un par de los abogados que me
representan ante las cortes de Florida y España.

Chirinos inclina la cabeza ligeramente y expresa: Un placer, caballeros.

H.C.: Edmundo, tenemos un gran problema, chico.

E.C.: ¿Cuál será, presidente?

H.C.: Me quieren joder, Edmundo, y parece que tengo pocas opciones de ganar.
Me quieren juzgar y encarcelar, dizque por genocidio, crímenes contra la
Humanidad y haber... ¿cómo se dice, chico?... infrigido varios Derechos
Humanos.

Abogado 1: Infringido, señor presidente. Infringido.

H.C.: ¿Ah? ¿Es con ‘ene’ la cosa? Carrizo, últimamente no pego una.

Abogado 1: No se preocupe, presidente. Lo que se exprese aquí es
confidencial. Queda entre nosotros.

Abogado 2: Dr. Chirinos. La acusación ha promovido pruebas de diversa
índole, para sustentar sus acusaciones. Desde registros radiofónicos de las
órdenes del presidente en el marco de El Plan Ávila, pasando por varias
filmaciones sin editar, numerosas afirmaciones juradas relativas los sucesos
de abril del 2002, hasta una larga lista de testigos presenciales que
comprende periodistas y ciudadanos de otras profesiones.

E.C.: Anjá.

Abogado 1: Le hemos explicado al señor presidente que en el estado de
Florida es aplicable la pena de muerte. También hemos indicado que alegatos
como ‘legítima defensa’ et. al., tienen un efecto muy limitado, dado que la
acusación ha consignado pruebas del entusiasmo presidencial con que fue
acogida la sentencia de absolución de los civiles implicados en los sucesos
de esas jornadas y de la contratación subsiguiente de algunos de ellos por
parte del Estado.

E.C.: Um.

H.C.: ¿Ves, Edmundo? ¿Ves cómo me quieren fregar la vida?.

Abogado 2: Doctor Chirinos...

E.C.: Dígame.

Abogado 2: Estamos francamente preocupados. Verá: en EE UU asesinos en
serie, psicópatas, sociópatas, caníbales como Jeffrey Dahmer y Ted Bundy
fueron examinados por varios especialistas y declarados competentes para ser
sometidos a juicio y asistir en su propia defensa.

E.C.: Competentes, ¿eh?

Abogado 2: Sí, doctor. La postura inicial en ambos casos fue: no-culpable
por razón de demencia. Ello generó el escrutinio acucioso de los
inculpados.

E.C.: ¿Y?

Abogado 1: Dr. Chirinos: ¿usted no recuerda lo que ocurrió con ellos?

E.C.: Caramba. La verdad es que no.

H.C.: Yo no sé ni quiénes son esos tipos. A mí que me pregunten sobre
historia contemporánea y ética, que de eso sí sé bastante.

Uno de los consejeros deja escapar un soplo para inhalar estoicismo, ante la
mirada adusta de Chirinos.

Abogado 2: Bien. Ted Bundy, por ejemplo, fue capturado y enjuiciado en
Florida por múltiples cargos: violación, asesinato en primer grado y otros.
No sólo fue pronunciado competente sino que en la mayoría de los juicios que
le hicieron, él asumió su propia defensa.

E.C.: ¿A dónde vamos con esta historia, caballeros?

H.C.: Sí. Yo quiero saber cuál es el objetivo de esta palabrería.

Abogado 1: Presidente, Dr. Chirinos: nuestra Firma está persuadida de que la
única posibilidad de éxito es que su psiquiatra de cabecera lo declare
demente ya.

H.C.: ¡¿Cómo?! ¿Loco, yo?

Abogado 1: Sí, orate, lunático. Lo que es más importante: incapaz de
diferenciar entre el bien y el mal. Sólo tal pronunciamiento, acompañado de
la anuencia de su gente en la Asamblea Nacional y el T.S.J., daría espacio a
alguna esperanza en los procesos que cursan contra usted en el exterior.

El silencio desciende, pesado, sobre los cuatro cuerpos.

H.C.: ¡Malditos golpistas, delincuentes, oligarcas! ¡Ah! ¡Los voy a mandar
a matar a toditos, caray!

Abogado 2: Presidente, con todo respeto, la decisión hay que tomarla de
inmediato.

Por la mente de Chirinos giran hipótesis, de prisa. Una pregunta funge de
lienzo de fondo: “¿Tendré futuro si sobrevivo este trance?”

E.C.: Haré lo que usted diga, presidente.

Sí, era prudente poner la bola al otro lado de la cancha. Y abandonarla
allí unos instantes.

H.C.: A la cárcel no vuelvo, ni de vaina... Prefiero pasar a la historia
como loco que como pendejo.

Abogado 1: Recuerde que deberá convencer a cuanto médico le pongan en
frente, a los jueces y jurados.

E.C.: Yo lo puedo entrenar, presidente. Pero no garantizo el éxito. Ello
dependerá de su habilidad para la actuación y la persuasión a los peritos.

H.C.: Pero, Edmundo: tú me has estado tratando desde hace añales, chico. Tú
me diagnosticaste no-sé-qué-cosa, me mandaste un montón de pastillas y hasta
tengo que chequearme la sangre mensualmente con un par de tipos que me envió
Fidel para Barrio Adentro.

Abogado 2: ¿Exactamente cuál fue su diagnóstico, Dr. Chirinos?

E.C.: El presidente sufre de un desorden crónico, tratable pero incurable.
Es bipolar, o sea, lo que antes se conocía como maníaco-depresivo. En
paralelo es mitómano, huidizo, megalómano, narcisista – ejém – y como
Narciso, está impedido de sentir empatía por alguien o algo que no sea él.
Adolece de amor. Sufre de lapsos de memoria. Desde hace tiempo, lo vengo
tratando con comprimidos de Litio y Trazodone. Una vez al mes, monitoreo la
concentración de Litio en su sangre. Para eso son los exámenes. Antes
probamos combinaciones de medicamentos como Prozac, Tafil, Librium, Valium,
Desipramine, etcétera. Lamentablemente, no traje su historia clínica pero,
como es usual en estos casos, no hemos hallado aún una fórmula que le dé
mayor estabilidad.

Abogado 1: Está bien, doctor. Gracias por su informe... Lo que temíamos
mis colegas y yo, usted lo ha confirmado: ninguno de los factores que ha
descrito crean impedimentos en el discernimiento, ni pasajeros ni
permanentes. Ergo, en todo momento, el presidente sabe qué es el bien y qué
el mal, ¿no es cierto?

H.C.: ¡Claro, vale! ¿Por quién me tomas, chico? ¡Ahora sí es verdad que se
subió el gato a la batea!

E.C.: La respuesta es sí, no hay duda.

Se produce una tregua. Chávez no había tomado asiento durante la reunión y
su arrojo lucía intacto. El galeno escucha el eco de los pasos del
mandatario, un par de sílabas murmuradas por los asesores, mientras sus ojos
enderezan un cuadro torcido.

Abogado 2 (alzándose junto a su colega): OK, presidente. Contamos con
copias de todas las emisiones de Aló Presidente, las cadenas y demás
discursos suyos que han sido transmitidos por radio y TV. Tenemos el libro
de Ángela Zago, cartas y otros escritos de usted. Esto, aunado a informes
detallados de sus viajes y gastos, declaraciones de familiares, amigos y
opositores, podrían favorecer su defensa. El resto, lo sustancial, queda en
sus manos. Lo llamaremos en el curso del día.

H.C.: Está bien. Edmundo: ándate a redactar la certificación esa y
mándamela para acá hoy mismo. Ahora salgan que tengo que hablar con Rincón.

Luego de apretar manos con Chávez y los consejeros legales, Chirinos se
dirige a su automóvil.

De pié junto a él piensa: “Las cartas están echadas”.

Entonces, amanecía.


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Version: 6.0.528 / Virus Database: 324 - Release Date: 10/16/2003
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