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1 24th April 09:22
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Default Los_primeros_resultados_de_la_gestión_de_Saca



Los primeros resultados de la gestión de Saca.


Universidad Centroamericana (UCA)
Apdo. Postal 01-168 Boulevard Los Próceres
San Salvador, El Salvador, Centro América.


La principal característica de los primeros meses de gestión del
gobierno actual se puede resumir en unas pocas palabras: la propaganda
excesiva y cansina de las buenas intenciones del presidente. Entre
anuncios vistosos -como el del Plan Súper Mano Dura, para citar
uno- y visitas propagandísticas (no se pierden ocasiones para
anunciar que el presidente ha inaugurado nuevas obras a favor de los
salvadoreños), la acción del gobierno de Saca se mide hasta ahora en
torno a la presencia de sus miembros en la prensa. No hace falta decir
que los medios, por falta de profesionalismo o complicidad calculada,
han colaborado en gran medida con los planes de los asesores de imagen
de Saca. Con una buena dosis de lo que nos tiene acostumbrado la prensa
nacional, no se ha observado actitud crítica alguna, ni siquiera
cierta capacidad para hacer preguntas relevantes a los propagandistas
del "gobierno con rostro humano".


En este contexto, Saca se decantó rápidamente por una opción
populista, no obstante las reticencias anteriores de la derecha con
este tipo de posturas. La derecha siempre ha acusado a la izquierda de
aprovecharse de la miseria y de las necesidades de los salvadoreños
más humildes para hacer propaganda política. Sin embargo, en esta
ocasión, frente a la debilidad de su gobierno respecto de una
oposición mayoritaria en el parlamento y una derecha empresarial
acostumbrada a lucrarse sin concesiones, Saca hizo de la búsqueda del
apoyo popular su principal baza política. Aprovechó el clamor de la
población ante la inseguridad reinante para seguir cosechando
beneficios políticos con el plan Súper de Mano Dura. La ventaja para
Saca en estas circunstancias es doble. Por un lado, asume un papel de
izquierda, portaestandarte de los discursos de cercanía y compasión
por los pobres en el país. Por otro lado, cuenta con la lealtad de los
sectores de poder más influyentes que avalan su discurso populista.


Con todo, la estrategia ha dado buenos frutos. La estrategia de
comunicación, que consiste en mostrar a un presidente cercano a la
gente y preocupado por resolver sus principales problemas nacionales,
le ha valido a Saca el apoyo de buena parte de los salvadoreños. De
tal suerte que, hoy por hoy, el presidente Saca cabalga en la cima de
las encuestas de opinión pública. Un número considerable de
salvadoreños considera que ha desempeñado su trabajo con eficiencia.
Aunque, por otro lado, siguen pendientes temas como la crisis
económica, la falta de empleo y la delincuencia, como temas que
preocupan a los salvadoreños. Como corolario de la buena salud que
muestra Saca en los sondeos de opinión su partido, ARENA se ha
posicionado mejor en la palestra política. Los dirigentes de esta
organización se presentan sin complejos ante la opinión pública,
alabando los logros -aunque en realidad aún no hay tales- de su
presidente.


Por otro lado, gracias a su supuesta buena sintonía con las
necesidades de los salvadoreños, el presidente ha logrado, en cierto
modo, ciertas concesiones por parte los grandes empresarios. Éstos han
tenido que avalar una mal llamada reforma fiscal -que en realidad, no
es más que un ejercicio por reducir la evasión por parte de los
grandes empresarios- y aumentar los impuestos, para poder financiar
el Fondo para la Salud. Durante el cabildeo para la aprobación de su
plan fiscal y social Saca dejó muestra de su fortaleza política. No
obstante las quejas, se aprobó el primer conjunto de reformas. Saca
dejó bien claras sus intenciones a los empresarios rebeldes. "En lo
que vamos a estar de acuerdo -dijo el gobernante- va a ser en todo
aquello que no tenga alguna claridad, que haya que cambiar alguna
redacción. En lo que no vamos a estar de acuerdo, es en (cambiar) todo
aquello que nos permita recaudar fondos que los salvadoreños
esperan".


Algunos ven en esta lógica del gobierno signos de apertura y firmeza.
Se trataría de negociar en lo que se pueda con los empresarios. Pero,
cuando se trata de conseguir lo necesario para que el gobierno pueda
***plir algunas de las promesas que ha hecho a los salvadoreños, Saca
dice que los intereses del país ocupan el primer lugar. En otro
lenguaje, durante la discusión acerca de la reforma tributaria, Saca
ha tenido otra gran oportunidad de lucirse. Aparece como un buen padre
que exige por igual los mismos sacrificios a todos sus hijos. Su imagen
de firmeza ante los empresarios recalcitrantes contribuye a engrandecer
su figura de gobernante decidido.


Que Saca haya podido forzar las manos de la cúpula empresarial para
que ésta haya aceptado que se castigue como delito no excarcelable la
evasión de impuestos, es un hecho bastante notorio si se toma en
cuenta la tradición evasiva de este sector. Más aún, que el
gobernante haya declarado públicamente, en contra de los intereses de
los banqueros, que no está dispuesto a ceder en algunos temas de la
reforma tributaria es mucho más digno de elogio. En quince años que
el partido ARENA ha estado al frente del Poder Ejecutivo, es la primera
vez que el maridaje entre las grandes empresas y el presidente de turno
parece sufrir alguna fricción. Aunque, como se ha visto, ello no es
suficiente para hablar de un presidente con criterios independientes,
que estaría dispuesto a enajenarse, si así lo requirieran las
circunstancias, el apoyo de la empresa privada.


La relativa firmeza mostrada por Saca y su Ministro de Hacienda tiene
que entenderse a la luz de algunas certidumbres con que el bloque de
derecha terminó las elecciones presidenciales recién pasadas. En
buena medida, ese bloque tuvo que convencerse de que si no disminuye
algunos de sus abusos más flagrantes en contra del erario público y
de los consumidores salvadoreños le será más difícil retener el
control del Estado. Sobre la base de esta convicción, Saca se hace
fuerte políticamente. Además, en la carrera hacia las próximas
elecciones tiene que convencer a los salvadoreños de que es capaz de
mantener su palabra. La aprobación de la reforma tributaria es un
mérito del presidente. Desde un punto de vista político, ello tiene
un importante significado, porque parece haberse logrado muy a pesar de
las maniobras desleales de los grandes empresarios. Así, se engrandece
la figura de un presidente de derecha, dispuesto a enfrentar a aquellos
que patrocinaron su campaña electoral y que controlan los entresijos
del poder en el país
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Los primeros resultados de la gestión de Saca.


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La principal característica de los primeros meses de gestión del
gobierno actual se puede resumir en unas pocas palabras: la propaganda
excesiva y cansina de las buenas intenciones del presidente. Entre
anuncios vistosos -como el del Plan Súper Mano Dura, para citar
uno- y visitas propagandísticas (no se pierden ocasiones para
anunciar que el presidente ha inaugurado nuevas obras a favor de los
salvadoreños), la acción del gobierno de Saca se mide hasta ahora en
torno a la presencia de sus miembros en la prensa. No hace falta decir
que los medios, por falta de profesionalismo o complicidad calculada,
han colaborado en gran medida con los planes de los asesores de imagen
de Saca. Con una buena dosis de lo que nos tiene acostumbrado la prensa
nacional, no se ha observado actitud crítica alguna, ni siquiera
cierta capacidad para hacer preguntas relevantes a los propagandistas
del "gobierno con rostro humano".


En este contexto, Saca se decantó rápidamente por una opción
populista, no obstante las reticencias anteriores de la derecha con
este tipo de posturas. La derecha siempre ha acusado a la izquierda de
aprovecharse de la miseria y de las necesidades de los salvadoreños
más humildes para hacer propaganda política. Sin embargo, en esta
ocasión, frente a la debilidad de su gobierno respecto de una
oposición mayoritaria en el parlamento y una derecha empresarial
acostumbrada a lucrarse sin concesiones, Saca hizo de la búsqueda del
apoyo popular su principal baza política. Aprovechó el clamor de la
población ante la inseguridad reinante para seguir cosechando
beneficios políticos con el plan Súper de Mano Dura. La ventaja para
Saca en estas circunstancias es doble. Por un lado, asume un papel de
izquierda, portaestandarte de los discursos de cercanía y compasión
por los pobres en el país. Por otro lado, cuenta con la lealtad de los
sectores de poder más influyentes que avalan su discurso populista.


Con todo, la estrategia ha dado buenos frutos. La estrategia de
comunicación, que consiste en mostrar a un presidente cercano a la
gente y preocupado por resolver sus principales problemas nacionales,
le ha valido a Saca el apoyo de buena parte de los salvadoreños. De
tal suerte que, hoy por hoy, el presidente Saca cabalga en la cima de
las encuestas de opinión pública. Un número considerable de
salvadoreños considera que ha desempeñado su trabajo con eficiencia.
Aunque, por otro lado, siguen pendientes temas como la crisis
económica, la falta de empleo y la delincuencia, como temas que
preocupan a los salvadoreños. Como corolario de la buena salud que
muestra Saca en los sondeos de opinión su partido, ARENA se ha
posicionado mejor en la palestra política. Los dirigentes de esta
organización se presentan sin complejos ante la opinión pública,
alabando los logros -aunque en realidad aún no hay tales- de su
presidente.


Por otro lado, gracias a su supuesta buena sintonía con las
necesidades de los salvadoreños, el presidente ha logrado, en cierto
modo, ciertas concesiones por parte los grandes empresarios. Éstos han
tenido que avalar una mal llamada reforma fiscal -que en realidad, no
es más que un ejercicio por reducir la evasión por parte de los
grandes empresarios- y aumentar los impuestos, para poder financiar
el Fondo para la Salud. Durante el cabildeo para la aprobación de su
plan fiscal y social Saca dejó muestra de su fortaleza política. No
obstante las quejas, se aprobó el primer conjunto de reformas. Saca
dejó bien claras sus intenciones a los empresarios rebeldes. "En lo
que vamos a estar de acuerdo -dijo el gobernante- va a ser en todo
aquello que no tenga alguna claridad, que haya que cambiar alguna
redacción. En lo que no vamos a estar de acuerdo, es en (cambiar) todo
aquello que nos permita recaudar fondos que los salvadoreños
esperan".


Algunos ven en esta lógica del gobierno signos de apertura y firmeza.
Se trataría de negociar en lo que se pueda con los empresarios. Pero,
cuando se trata de conseguir lo necesario para que el gobierno pueda
***plir algunas de las promesas que ha hecho a los salvadoreños, Saca
dice que los intereses del país ocupan el primer lugar. En otro
lenguaje, durante la discusión acerca de la reforma tributaria, Saca
ha tenido otra gran oportunidad de lucirse. Aparece como un buen padre
que exige por igual los mismos sacrificios a todos sus hijos. Su imagen
de firmeza ante los empresarios recalcitrantes contribuye a engrandecer
su figura de gobernante decidido.


Que Saca haya podido forzar las manos de la cúpula empresarial para
que ésta haya aceptado que se castigue como delito no excarcelable la
evasión de impuestos, es un hecho bastante notorio si se toma en
cuenta la tradición evasiva de este sector. Más aún, que el
gobernante haya declarado públicamente, en contra de los intereses de
los banqueros, que no está dispuesto a ceder en algunos temas de la
reforma tributaria es mucho más digno de elogio. En quince años que
el partido ARENA ha estado al frente del Poder Ejecutivo, es la primera
vez que el maridaje entre las grandes empresas y el presidente de turno
parece sufrir alguna fricción. Aunque, como se ha visto, ello no es
suficiente para hablar de un presidente con criterios independientes,
que estaría dispuesto a enajenarse, si así lo requirieran las
circunstancias, el apoyo de la empresa privada.


La relativa firmeza mostrada por Saca y su Ministro de Hacienda tiene
que entenderse a la luz de algunas certidumbres con que el bloque de
derecha terminó las elecciones presidenciales recién pasadas. En
buena medida, ese bloque tuvo que convencerse de que si no disminuye
algunos de sus abusos más flagrantes en contra del erario público y
de los consumidores salvadoreños le será más difícil retener el
control del Estado. Sobre la base de esta convicción, Saca se hace
fuerte políticamente. Además, en la carrera hacia las próximas
elecciones tiene que convencer a los salvadoreños de que es capaz de
mantener su palabra. La aprobación de la reforma tributaria es un
mérito del presidente. Desde un punto de vista político, ello tiene
un importante significado, porque parece haberse logrado muy a pesar de
las maniobras desleales de los grandes empresarios. Así, se engrandece
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La principal característica de los primeros meses de gestión del
gobierno actual se puede resumir en unas pocas palabras: la propaganda
excesiva y cansina de las buenas intenciones del presidente. Entre
anuncios vistosos -como el del Plan Súper Mano Dura, para citar
uno- y visitas propagandísticas (no se pierden ocasiones para
anunciar que el presidente ha inaugurado nuevas obras a favor de los
salvadoreños), la acción del gobierno de Saca se mide hasta ahora en
torno a la presencia de sus miembros en la prensa. No hace falta decir
que los medios, por falta de profesionalismo o complicidad calculada,
han colaborado en gran medida con los planes de los asesores de imagen
de Saca. Con una buena dosis de lo que nos tiene acostumbrado la prensa
nacional, no se ha observado actitud crítica alguna, ni siquiera
cierta capacidad para hacer preguntas relevantes a los propagandistas
del "gobierno con rostro humano".


En este contexto, Saca se decantó rápidamente por una opción
populista, no obstante las reticencias anteriores de la derecha con
este tipo de posturas. La derecha siempre ha acusado a la izquierda de
aprovecharse de la miseria y de las necesidades de los salvadoreños
más humildes para hacer propaganda política. Sin embargo, en esta
ocasión, frente a la debilidad de su gobierno respecto de una
oposición mayoritaria en el parlamento y una derecha empresarial
acostumbrada a lucrarse sin concesiones, Saca hizo de la búsqueda del
apoyo popular su principal baza política. Aprovechó el clamor de la
población ante la inseguridad reinante para seguir cosechando
beneficios políticos con el plan Súper de Mano Dura. La ventaja para
Saca en estas circunstancias es doble. Por un lado, asume un papel de
izquierda, portaestandarte de los discursos de cercanía y compasión
por los pobres en el país. Por otro lado, cuenta con la lealtad de los
sectores de poder más influyentes que avalan su discurso populista.


Con todo, la estrategia ha dado buenos frutos. La estrategia de
comunicación, que consiste en mostrar a un presidente cercano a la
gente y preocupado por resolver sus principales problemas nacionales,
le ha valido a Saca el apoyo de buena parte de los salvadoreños. De
tal suerte que, hoy por hoy, el presidente Saca cabalga en la cima de
las encuestas de opinión pública. Un número considerable de
salvadoreños considera que ha desempeñado su trabajo con eficiencia.
Aunque, por otro lado, siguen pendientes temas como la crisis
económica, la falta de empleo y la delincuencia, como temas que
preocupan a los salvadoreños. Como corolario de la buena salud que
muestra Saca en los sondeos de opinión su partido, ARENA se ha
posicionado mejor en la palestra política. Los dirigentes de esta
organización se presentan sin complejos ante la opinión pública,
alabando los logros -aunque en realidad aún no hay tales- de su
presidente.


Por otro lado, gracias a su supuesta buena sintonía con las
necesidades de los salvadoreños, el presidente ha logrado, en cierto
modo, ciertas concesiones por parte los grandes empresarios. Éstos han
tenido que avalar una mal llamada reforma fiscal -que en realidad, no
es más que un ejercicio por reducir la evasión por parte de los
grandes empresarios- y aumentar los impuestos, para poder financiar
el Fondo para la Salud. Durante el cabildeo para la aprobación de su
plan fiscal y social Saca dejó muestra de su fortaleza política. No
obstante las quejas, se aprobó el primer conjunto de reformas. Saca
dejó bien claras sus intenciones a los empresarios rebeldes. "En lo
que vamos a estar de acuerdo -dijo el gobernante- va a ser en todo
aquello que no tenga alguna claridad, que haya que cambiar alguna
redacción. En lo que no vamos a estar de acuerdo, es en (cambiar) todo
aquello que nos permita recaudar fondos que los salvadoreños
esperan".


Algunos ven en esta lógica del gobierno signos de apertura y firmeza.
Se trataría de negociar en lo que se pueda con los empresarios. Pero,
cuando se trata de conseguir lo necesario para que el gobierno pueda
***plir algunas de las promesas que ha hecho a los salvadoreños, Saca
dice que los intereses del país ocupan el primer lugar. En otro
lenguaje, durante la discusión acerca de la reforma tributaria, Saca
ha tenido otra gran oportunidad de lucirse. Aparece como un buen padre
que exige por igual los mismos sacrificios a todos sus hijos. Su imagen
de firmeza ante los empresarios recalcitrantes contribuye a engrandecer
su figura de gobernante decidido.


Que Saca haya podido forzar las manos de la cúpula empresarial para
que ésta haya aceptado que se castigue como delito no excarcelable la
evasión de impuestos, es un hecho bastante notorio si se toma en
cuenta la tradición evasiva de este sector. Más aún, que el
gobernante haya declarado públicamente, en contra de los intereses de
los banqueros, que no está dispuesto a ceder en algunos temas de la
reforma tributaria es mucho más digno de elogio. En quince años que
el partido ARENA ha estado al frente del Poder Ejecutivo, es la primera
vez que el maridaje entre las grandes empresas y el presidente de turno
parece sufrir alguna fricción. Aunque, como se ha visto, ello no es
suficiente para hablar de un presidente con criterios independientes,
que estaría dispuesto a enajenarse, si así lo requirieran las
circunstancias, el apoyo de la empresa privada.


La relativa firmeza mostrada por Saca y su Ministro de Hacienda tiene
que entenderse a la luz de algunas certidumbres con que el bloque de
derecha terminó las elecciones presidenciales recién pasadas. En
buena medida, ese bloque tuvo que convencerse de que si no disminuye
algunos de sus abusos más flagrantes en contra del erario público y
de los consumidores salvadoreños le será más difícil retener el
control del Estado. Sobre la base de esta convicción, Saca se hace
fuerte políticamente. Además, en la carrera hacia las próximas
elecciones tiene que convencer a los salvadoreños de que es capaz de
mantener su palabra. La aprobación de la reforma tributaria es un
mérito del presidente. Desde un punto de vista político, ello tiene
un importante significado, porque parece haberse logrado muy a pesar de
las maniobras desleales de los grandes empresarios. Así, se engrandece
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La principal característica de los primeros meses de gestión del
gobierno actual se puede resumir en unas pocas palabras: la propaganda
excesiva y cansina de las buenas intenciones del presidente. Entre
anuncios vistosos -como el del Plan Súper Mano Dura, para citar
uno- y visitas propagandísticas (no se pierden ocasiones para
anunciar que el presidente ha inaugurado nuevas obras a favor de los
salvadoreños), la acción del gobierno de Saca se mide hasta ahora en
torno a la presencia de sus miembros en la prensa. No hace falta decir
que los medios, por falta de profesionalismo o complicidad calculada,
han colaborado en gran medida con los planes de los asesores de imagen
de Saca. Con una buena dosis de lo que nos tiene acostumbrado la prensa
nacional, no se ha observado actitud crítica alguna, ni siquiera
cierta capacidad para hacer preguntas relevantes a los propagandistas
del "gobierno con rostro humano".


En este contexto, Saca se decantó rápidamente por una opción
populista, no obstante las reticencias anteriores de la derecha con
este tipo de posturas. La derecha siempre ha acusado a la izquierda de
aprovecharse de la miseria y de las necesidades de los salvadoreños
más humildes para hacer propaganda política. Sin embargo, en esta
ocasión, frente a la debilidad de su gobierno respecto de una
oposición mayoritaria en el parlamento y una derecha empresarial
acostumbrada a lucrarse sin concesiones, Saca hizo de la búsqueda del
apoyo popular su principal baza política. Aprovechó el clamor de la
población ante la inseguridad reinante para seguir cosechando
beneficios políticos con el plan Súper de Mano Dura. La ventaja para
Saca en estas circunstancias es doble. Por un lado, asume un papel de
izquierda, portaestandarte de los discursos de cercanía y compasión
por los pobres en el país. Por otro lado, cuenta con la lealtad de los
sectores de poder más influyentes que avalan su discurso populista.


Con todo, la estrategia ha dado buenos frutos. La estrategia de
comunicación, que consiste en mostrar a un presidente cercano a la
gente y preocupado por resolver sus principales problemas nacionales,
le ha valido a Saca el apoyo de buena parte de los salvadoreños. De
tal suerte que, hoy por hoy, el presidente Saca cabalga en la cima de
las encuestas de opinión pública. Un número considerable de
salvadoreños considera que ha desempeñado su trabajo con eficiencia.
Aunque, por otro lado, siguen pendientes temas como la crisis
económica, la falta de empleo y la delincuencia, como temas que
preocupan a los salvadoreños. Como corolario de la buena salud que
muestra Saca en los sondeos de opinión su partido, ARENA se ha
posicionado mejor en la palestra política. Los dirigentes de esta
organización se presentan sin complejos ante la opinión pública,
alabando los logros -aunque en realidad aún no hay tales- de su
presidente.


Por otro lado, gracias a su supuesta buena sintonía con las
necesidades de los salvadoreños, el presidente ha logrado, en cierto
modo, ciertas concesiones por parte los grandes empresarios. Éstos han
tenido que avalar una mal llamada reforma fiscal -que en realidad, no
es más que un ejercicio por reducir la evasión por parte de los
grandes empresarios- y aumentar los impuestos, para poder financiar
el Fondo para la Salud. Durante el cabildeo para la aprobación de su
plan fiscal y social Saca dejó muestra de su fortaleza política. No
obstante las quejas, se aprobó el primer conjunto de reformas. Saca
dejó bien claras sus intenciones a los empresarios rebeldes. "En lo
que vamos a estar de acuerdo -dijo el gobernante- va a ser en todo
aquello que no tenga alguna claridad, que haya que cambiar alguna
redacción. En lo que no vamos a estar de acuerdo, es en (cambiar) todo
aquello que nos permita recaudar fondos que los salvadoreños
esperan".


Algunos ven en esta lógica del gobierno signos de apertura y firmeza.
Se trataría de negociar en lo que se pueda con los empresarios. Pero,
cuando se trata de conseguir lo necesario para que el gobierno pueda
***plir algunas de las promesas que ha hecho a los salvadoreños, Saca
dice que los intereses del país ocupan el primer lugar. En otro
lenguaje, durante la discusión acerca de la reforma tributaria, Saca
ha tenido otra gran oportunidad de lucirse. Aparece como un buen padre
que exige por igual los mismos sacrificios a todos sus hijos. Su imagen
de firmeza ante los empresarios recalcitrantes contribuye a engrandecer
su figura de gobernante decidido.


Que Saca haya podido forzar las manos de la cúpula empresarial para
que ésta haya aceptado que se castigue como delito no excarcelable la
evasión de impuestos, es un hecho bastante notorio si se toma en
cuenta la tradición evasiva de este sector. Más aún, que el
gobernante haya declarado públicamente, en contra de los intereses de
los banqueros, que no está dispuesto a ceder en algunos temas de la
reforma tributaria es mucho más digno de elogio. En quince años que
el partido ARENA ha estado al frente del Poder Ejecutivo, es la primera
vez que el maridaje entre las grandes empresas y el presidente de turno
parece sufrir alguna fricción. Aunque, como se ha visto, ello no es
suficiente para hablar de un presidente con criterios independientes,
que estaría dispuesto a enajenarse, si así lo requirieran las
circunstancias, el apoyo de la empresa privada.


La relativa firmeza mostrada por Saca y su Ministro de Hacienda tiene
que entenderse a la luz de algunas certidumbres con que el bloque de
derecha terminó las elecciones presidenciales recién pasadas. En
buena medida, ese bloque tuvo que convencerse de que si no disminuye
algunos de sus abusos más flagrantes en contra del erario público y
de los consumidores salvadoreños le será más difícil retener el
control del Estado. Sobre la base de esta convicción, Saca se hace
fuerte políticamente. Además, en la carrera hacia las próximas
elecciones tiene que convencer a los salvadoreños de que es capaz de
mantener su palabra. La aprobación de la reforma tributaria es un
mérito del presidente. Desde un punto de vista político, ello tiene
un importante significado, porque parece haberse logrado muy a pesar de
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