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OPINANDO SIN POLÍTICA
Tuesday, November 04, 2003 hora 20:28

Eduardo Badía Serra

El Ministro de Economía ha agregado otro problema en la discusión del
famoso TLC con los Estados Unidos. Resulta ahora que se ha entrado en
una contradicción en cuanto a la propiedad intelectual de las pupusas.
Los hondureños, hábiles como son, reclaman la autoría de tan autóctono
alimento, y ello, para los salvadoreños, es ni más ni menos, que un
verdadero terremoto, un acto inusitado y rechazable por completo,
capaz de sacudir hasta la última de las fibras de la nacionalidad.
¡Que las pupusas no sean salvadoreñas! ¿Quién es capaz de afirmar
semejante barbaridad? ¡Mano dura con quien lo haya hecho! ¡Veto al
TLC! El negar las pupusas como el más puro de los salvadoreñismos es
uno de los más groseros atentados contra la patria. ¿Dónde quedan
Mejicanos, Olocuilta, Los Planes de Renderos, y los prolegómenos más
ilustres de tan preciado invento, rasgo singular y único de nuestra
cultura, esto es, Apopa y Armenia? ¿Qué de nuestra porcinocultura, de
nuestros lorocos, eje central de nuestra política de exportación, y
del queso chicle? ¿Y qué del encurtido, con su colorante o sin su
colorante, importado de las más seleccionadas plantaciones de nuestra
vecina Guatemala? ¡Qué friegan estos hondureños!

Pero ¡Que no panda el cúnico! Ahí está el Ministro de Economía con
todo y su grupo asesor, con todo y su rancia experiencia de negociador
de lorocos, sandías, papas colochas y otras florituras, quien entra de
inmediato en defensa del derecho pupusero, recurriendo para ello,
ahora sí, a la historia, a la tradición, a la demostración concreta de
nuestras habilidades para hacerlas y para engullirlas... Ahí está la
señora que ahora se hecha sólo veinte pero que bien podría hecharse
unas quinientas, si se las pidieran, en menos que canta un gallo, con
comal de leña o de gas, con maíz transgénico mexicano o nacional... Y
ahí están, y para qué más, los parroquianos, dispuestos siempre a
engullirlas llevándoselas a la boca con las puras manos, que no
siempre con las manos puras, y devorarlas de un par de mordidas,
siempre adornando con el encurtido y la salsita roja que los
hondureños nunca han aprendido a hacer ni lo aprenderán nunca... Y el
testimonio de nuestros historiadores, basado en el relato de nuestros
ancianos y antepasados, y soportado en las más precisas y rigurosas
fuentes de la historia... Y si se quiere, el mito, ¡Por que Atlacatl
ya comía pupusas!, y porque precisamente cuando le dispararon la lanza
a don Pedrito, esta fue tan certera y fuerte por que nuestros bravos
nahua-pipiles venía precisamente de recuperar fuerzas luego de un
rancio almuerzo con pupusas.

Argumentos tiene el Ministro. Ojalá los entienda y sepa expresarlos,
porque este señor da unas noticias de lo más increíble, que por
supuesto no sustenta, y luego las olvida con la mayor frescura del
mundo. Hace algunas semanas anunciaba otro éxito del TLC,
repetidamente por la radio y por los periódicos. Decía que El Salvador
había logrado una rotunda victoria en el tratado, y que podríamos
exportar a los Estados Unidos, cinco millones de quintales de azúcar,
con lo cual, por supuesto, se daría fin a toda la problemática
azucarera con ese sólo golpe de timón. Cinco millones de quintales de
azúcar son 250000 toneladas cortas, aproximadamente la mitad de la
producción nacional, y prácticamente todo el saldo nacional
exportable. Este es un dato de tanta trascendencia que el ministro, al
anunciarlo, debería explicarlo y respaldarlo adecuadamente. Porque si
algo saben cañeros, azucareros e industriales que utilizan azúcar para
la elaboración de sus productos, es que precisamente el mercado
americano, conocido como preferencial por su buen precio, es un
mercado muy cerrado, que funciona por asignación de cuotas, y que la
modificación de una cuota así como la nuestra, de manera tan brusca,
significaría una modificación de las políticas y un cambio drástico en
los sistemas con que los norteamericanos, tan disciplinados y
prácticos, manejan esta situación. Además, es bueno hacer ver que los
norteamericanos son grandes y buenos productores de azúcar, o de
edulcorantes, y que tienen un desarrollo industrial en ese subsector
de los más eficientes del mundo, llegando incluso hasta la producción
de derivados de tercero y cuarto grupo funcional inclusive, con
valores agregados altísimos. Producen azúcar no sólo de caña sino
también de remolacha, e incluso son famosos por su producción de
jarabes de maíz. El que un titular de la cartera de economía afirme
que vamos a incrementar nuestra cuota en el mercado americano hasta
cinco millones de quintales, o que en todo caso, de alguna manera se
venderán estos cinco millones de sacos en dicho mercado, amerita una
seria y detallada explicación, porque ello significa, al mejorarse tan
grandemente los ingresos de los azucareros, una recomposición de los
sistemas de pago de la caña, que ahora manejan unilateralmente los
ingenios en desmedro de los productores del campo, a quienes, a estos
últimos, debería pagárseles mejor consecuentemente; además, el estudio
de la posibilidad de disminuir el precio del azúcar en el mercado
nacional, precio este que es artificialmente alto, que sólo beneficia
a la mafia azucarera, y que golpea el bolsillo de los pobladores y de
los industriales que utilizan este producto como insumo (dulceros,
panaderos, embotelladores, etc.); y finalmente una buena posibilidad
para recomponer la estructura del subsector, ahora manejado a mansalva
por la mafia que he citado, la cual, usted debe saber esto, estimado
lector, maneja a su antojo, desde el cultivo (semillas, fertilizantes
herbicidas, madurantes, prácticas culturales, etc.,), pasando por la
cosecha, (roza de la caña, carga, y transporte al ingenio), por la
producción (los ingenios mismos), la venta y el uso de subproductos
(melazas para alcoholes en las destilerías primarias), la
comercialización interna (dizúcar), el manejo de los productos de
exportación en puerto (tanques de melaza, bodegas de azúcar crudo,
etc.), y el manejo de la comercialización en el exterior, tanto del
azúcar como de la melaza. ¿Cómo se llama, en términos económicos, a
eso? El Ministro de Economía debe saberlo.

Pues bien, el pueblo necesita que sus funcionarios le expliquen con
claridad las situaciones. Ahora estamos ante la expectativa del
derrumbe de nuestra nacionalidad, de nuestra entidad, mancillada por
la pretensión de los hondureños de escamotearnos las pupusas, tanto
las revueltas como las de queso y las de chicharrón, con loroco o sin
él, con chile o sin él. Este es un verdadero drama nacional. Y
adicionalmente, se nos anuncia que los norteamericanos nos van a
comprar todo nuestro saldo exportable de azúcar, con lo cual ya
tendremos suficiente dinero para construir más moles, más centros
comerciales, más pasos a desnivel, más autopistas, etc. ¿Quién
explica? ¿Quién aclara?
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