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1 15th July 21:15
adrianafuiyo
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Default DIALOGAR PERO SIN CONDICIONES...AHORA SOLO NOS QUEDA ESPERAR....:)


Dialogar, pero sin condiciones
Ahora todos hablamos de diálogo, un término que refleja madurez,
sosiego.

Es cierto, es una postura constructiva porque, definitivamente, las
partes opuestas deben agotarlo para avanzar en la construcción de un
proyecto, cualquiera que sea.
Sentarse y conversar es la primera fase del diálogo. El elemento buena
fe y la sinceridad son intrínsecos a todo diálogo. Nos preguntamos
si el gobierno tiene o no la voluntad real y seria de dialogar, es
decir, si hay o no buena fe para ello.
El diálogo afuera se plantea interesante. Hasta el gobierno de
transición de Cuba, presidido por Raúl Castro, ha mostrado interés
por dialogar con el "enemigo". La verdad es que es una postura sensata
de lo contrario su vida política y la de su gente se acortaría aún
más. Los nuevos presidentes de izquierda, incluido Lula, quien se
separa ahora por comodidad, aunque torpemente, de su pensamiento
izquierdista, para ubicarse en la social democracia, han optado por
dialogar con el "enemigo".
Ortega en Nicaragua lo dijo expresamente, Correa, en Ecuador,
inteligentemente, lo ha instrumentado sin mucho alboroto, los anteriores
Tabaré Vásquez, del Uruguay y la Bachelet de Chile, ya han mostrado
con más claridad la importancia de dialogar.
El gobierno venezolano, lamentablemente, no entra por el aro tan
fácilmente pese a separarse del "comunismo", según palabras del
mismo nuevo presidente. Su Canciller responde al ofrecimiento del norte,
con condiciones. Es absurdo pensar que Estados Unidos dialogará y
mejorará las relaciones con Caracas si se entregan algunos a los
cuales el régimen quiere tener bajo sus rejas, como los numerosos
detenidos políticos que llenan las cárceles militares en el país.
Es torpe plantear un diálogo condicionado. A lo mejor es parte de la
estrategia del régimen para mostrar independencia y autonomía, para
liderar la región. Bueno, el tiempo lo dirá. Pero no parece tan
acertado un planteamiento así a estas alturas.
Afuera el diálogo parece progresar, a pesar de las posiciones de
Caracas. Adentro, se asoma una posibilidad pero algunos, como el
vicepresidente, se encargan de afirmar que ese no es el camino.
Entonces, ¿adonde vamos?
La revolución no se negocia, es verdad. Su dirigencia misma lo ha
dicho de muchas formas y en distintos momentos. De allí que sólo se
pueda imponer, ahora más con un respaldo electoral que nunca ha sido
muy claro.
El gobierno tiene ante si dos caminos. O impone el proyecto bolivariano,
desconsiderando a millones de venezolanos que no piensan que esa es la
vía más acertada o dialogan y lograrán con el apoyo de todos
establecer un modelo progresista, tolerante, amplio, para todos los
venezolanos.
No es fácil pensar en que los revolucionarios cedan ante la necesidad
del diálogo y se sienten en una mesa para suavizar las medidas que ya
han considerado adoptar en el corto plazo. Pero quizás haya algo más
en el fondo y dadas las condiciones afuera, el diálogo referido y el
cambio político en Cuba, más las dificultades en Bolivia y la nueva
visión europea de la situación en la región, el gobierno se dé
cuenta que debe sentarse y considerar algunas alternativas. Eso sería
más inteligente.
No hay dudas también de que los venezolanos quieren paz y tranquilidad
y no más confrontación. El gobierno tiene una oportunidad de mostrar
su vocación democrática y pluralista. La pelota está en sus manos.
La oposición, más organizada que antes, velará por los avances de
la revolución y propiciará y participará, estoy seguro, en
conversaciones y diálogos que puedan llevar a la creación de un
modelo político económico y social en donde tengan cabida todos los
venezolanos.
Bueno, podrían pensar algunos que estamos cediendo ante el proyecto,
otros que hay debilidad en la oposición, algunos otros que es
demasiado fantástico para ser realidad, Pero lo cierto es que ello es
posible sin que la oposición deje de ser oposición, como hemos dicho
antes.
Un diálogo debe abrirse, hacia fuera y hacia adentro, pero sin
condiciones. De lo contrario sería seguir en el mismo espacio de
confrontación que solamente producen tensiones e infelicidad y repito,
los venezolanos queremos ya la paz, pero sin condiciones.
Nuestros derechos no los podemos entregar al primer postor. Se trata de
los derechos de todos los venezolanos, los de hoy y las nuevas
generaciones que esperan de nosotros que, precisamente, hagamos un
país para todos.
De nuevo debo decir, la pelota está en el campo del oficialismo.
Ojalá algunos interlocutores, como el vicepresidente, permitan avanzar
el diálogo a menos que su estrategia sea distinta y se centre en la
división y el totalitarismo.
Una nueva etapa comienza para unos y otros. La actitud de la oposición
dependerá del éxito el fracaso de una apertura que, por cierto,
deberá comenzar por la liberación de todos los presos de conciencia,
de la liberación de todos aquellos que piensan distinto y que ejercen
su derecho a disentir dignamente.
El diálogo se inicia sobre esa base.
carmona@gwu.edu
Robert Carmona-Borjas
Publicado el 16-12-2006

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adrianafuiyo
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Ahora todos hablamos de diálogo, un término que refleja madurez,
sosiego.

Es cierto, es una postura constructiva porque, definitivamente, las
partes opuestas deben agotarlo para avanzar en la construcción de un
proyecto, cualquiera que sea.
Sentarse y conversar es la primera fase del diálogo. El elemento buena
fe y la sinceridad son intrínsecos a todo diálogo. Nos preguntamos
si el gobierno tiene o no la voluntad real y seria de dialogar, es
decir, si hay o no buena fe para ello.
El diálogo afuera se plantea interesante. Hasta el gobierno de
transición de Cuba, presidido por Raúl Castro, ha mostrado interés
por dialogar con el "enemigo". La verdad es que es una postura sensata
de lo contrario su vida política y la de su gente se acortaría aún
más. Los nuevos presidentes de izquierda, incluido Lula, quien se
separa ahora por comodidad, aunque torpemente, de su pensamiento
izquierdista, para ubicarse en la social democracia, han optado por
dialogar con el "enemigo".
Ortega en Nicaragua lo dijo expresamente, Correa, en Ecuador,
inteligentemente, lo ha instrumentado sin mucho alboroto, los anteriores
Tabaré Vásquez, del Uruguay y la Bachelet de Chile, ya han mostrado
con más claridad la importancia de dialogar.
El gobierno venezolano, lamentablemente, no entra por el aro tan
fácilmente pese a separarse del "comunismo", según palabras del
mismo nuevo presidente. Su Canciller responde al ofrecimiento del norte,
con condiciones. Es absurdo pensar que Estados Unidos dialogará y
mejorará las relaciones con Caracas si se entregan algunos a los
cuales el régimen quiere tener bajo sus rejas, como los numerosos
detenidos políticos que llenan las cárceles militares en el país.
Es torpe plantear un diálogo condicionado. A lo mejor es parte de la
estrategia del régimen para mostrar independencia y autonomía, para
liderar la región. Bueno, el tiempo lo dirá. Pero no parece tan
acertado un planteamiento así a estas alturas.
Afuera el diálogo parece progresar, a pesar de las posiciones de
Caracas. Adentro, se asoma una posibilidad pero algunos, como el
vicepresidente, se encargan de afirmar que ese no es el camino.
Entonces, ¿adonde vamos?
La revolución no se negocia, es verdad. Su dirigencia misma lo ha
dicho de muchas formas y en distintos momentos. De allí que sólo se
pueda imponer, ahora más con un respaldo electoral que nunca ha sido
muy claro.
El gobierno tiene ante si dos caminos. O impone el proyecto bolivariano,
desconsiderando a millones de venezolanos que no piensan que esa es la
vía más acertada o dialogan y lograrán con el apoyo de todos
establecer un modelo progresista, tolerante, amplio, para todos los
venezolanos.
No es fácil pensar en que los revolucionarios cedan ante la necesidad
del diálogo y se sienten en una mesa para suavizar las medidas que ya
han considerado adoptar en el corto plazo. Pero quizás haya algo más
en el fondo y dadas las condiciones afuera, el diálogo referido y el
cambio político en Cuba, más las dificultades en Bolivia y la nueva
visión europea de la situación en la región, el gobierno se dé
cuenta que debe sentarse y considerar algunas alternativas. Eso sería
más inteligente.
No hay dudas también de que los venezolanos quieren paz y tranquilidad
y no más confrontación. El gobierno tiene una oportunidad de mostrar
su vocación democrática y pluralista. La pelota está en sus manos.
La oposición, más organizada que antes, velará por los avances de
la revolución y propiciará y participará, estoy seguro, en
conversaciones y diálogos que puedan llevar a la creación de un
modelo político económico y social en donde tengan cabida todos los
venezolanos.
Bueno, podrían pensar algunos que estamos cediendo ante el proyecto,
otros que hay debilidad en la oposición, algunos otros que es
demasiado fantástico para ser realidad, Pero lo cierto es que ello es
posible sin que la oposición deje de ser oposición, como hemos dicho
antes.
Un diálogo debe abrirse, hacia fuera y hacia adentro, pero sin
condiciones. De lo contrario sería seguir en el mismo espacio de
confrontación que solamente producen tensiones e infelicidad y repito,
los venezolanos queremos ya la paz, pero sin condiciones.
Nuestros derechos no los podemos entregar al primer postor. Se trata de
los derechos de todos los venezolanos, los de hoy y las nuevas
generaciones que esperan de nosotros que, precisamente, hagamos un
país para todos.
De nuevo debo decir, la pelota está en el campo del oficialismo.
Ojalá algunos interlocutores, como el vicepresidente, permitan avanzar
el diálogo a menos que su estrategia sea distinta y se centre en la
división y el totalitarismo.
Una nueva etapa comienza para unos y otros. La actitud de la oposición
dependerá del éxito el fracaso de una apertura que, por cierto,
deberá comenzar por la liberación de todos los presos de conciencia,
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partes opuestas deben agotarlo para avanzar en la construcción de un
proyecto, cualquiera que sea.
Sentarse y conversar es la primera fase del diálogo. El elemento buena
fe y la sinceridad son intrínsecos a todo diálogo. Nos preguntamos
si el gobierno tiene o no la voluntad real y seria de dialogar, es
decir, si hay o no buena fe para ello.
El diálogo afuera se plantea interesante. Hasta el gobierno de
transición de Cuba, presidido por Raúl Castro, ha mostrado interés
por dialogar con el "enemigo". La verdad es que es una postura sensata
de lo contrario su vida política y la de su gente se acortaría aún
más. Los nuevos presidentes de izquierda, incluido Lula, quien se
separa ahora por comodidad, aunque torpemente, de su pensamiento
izquierdista, para ubicarse en la social democracia, han optado por
dialogar con el "enemigo".
Ortega en Nicaragua lo dijo expresamente, Correa, en Ecuador,
inteligentemente, lo ha instrumentado sin mucho alboroto, los anteriores
Tabaré Vásquez, del Uruguay y la Bachelet de Chile, ya han mostrado
con más claridad la importancia de dialogar.
El gobierno venezolano, lamentablemente, no entra por el aro tan
fácilmente pese a separarse del "comunismo", según palabras del
mismo nuevo presidente. Su Canciller responde al ofrecimiento del norte,
con condiciones. Es absurdo pensar que Estados Unidos dialogará y
mejorará las relaciones con Caracas si se entregan algunos a los
cuales el régimen quiere tener bajo sus rejas, como los numerosos
detenidos políticos que llenan las cárceles militares en el país.
Es torpe plantear un diálogo condicionado. A lo mejor es parte de la
estrategia del régimen para mostrar independencia y autonomía, para
liderar la región. Bueno, el tiempo lo dirá. Pero no parece tan
acertado un planteamiento así a estas alturas.
Afuera el diálogo parece progresar, a pesar de las posiciones de
Caracas. Adentro, se asoma una posibilidad pero algunos, como el
vicepresidente, se encargan de afirmar que ese no es el camino.
Entonces, ¿adonde vamos?
La revolución no se negocia, es verdad. Su dirigencia misma lo ha
dicho de muchas formas y en distintos momentos. De allí que sólo se
pueda imponer, ahora más con un respaldo electoral que nunca ha sido
muy claro.
El gobierno tiene ante si dos caminos. O impone el proyecto bolivariano,
desconsiderando a millones de venezolanos que no piensan que esa es la
vía más acertada o dialogan y lograrán con el apoyo de todos
establecer un modelo progresista, tolerante, amplio, para todos los
venezolanos.
No es fácil pensar en que los revolucionarios cedan ante la necesidad
del diálogo y se sienten en una mesa para suavizar las medidas que ya
han considerado adoptar en el corto plazo. Pero quizás haya algo más
en el fondo y dadas las condiciones afuera, el diálogo referido y el
cambio político en Cuba, más las dificultades en Bolivia y la nueva
visión europea de la situación en la región, el gobierno se dé
cuenta que debe sentarse y considerar algunas alternativas. Eso sería
más inteligente.
No hay dudas también de que los venezolanos quieren paz y tranquilidad
y no más confrontación. El gobierno tiene una oportunidad de mostrar
su vocación democrática y pluralista. La pelota está en sus manos.
La oposición, más organizada que antes, velará por los avances de
la revolución y propiciará y participará, estoy seguro, en
conversaciones y diálogos que puedan llevar a la creación de un
modelo político económico y social en donde tengan cabida todos los
venezolanos.
Bueno, podrían pensar algunos que estamos cediendo ante el proyecto,
otros que hay debilidad en la oposición, algunos otros que es
demasiado fantástico para ser realidad, Pero lo cierto es que ello es
posible sin que la oposición deje de ser oposición, como hemos dicho
antes.
Un diálogo debe abrirse, hacia fuera y hacia adentro, pero sin
condiciones. De lo contrario sería seguir en el mismo espacio de
confrontación que solamente producen tensiones e infelicidad y repito,
los venezolanos queremos ya la paz, pero sin condiciones.
Nuestros derechos no los podemos entregar al primer postor. Se trata de
los derechos de todos los venezolanos, los de hoy y las nuevas
generaciones que esperan de nosotros que, precisamente, hagamos un
país para todos.
De nuevo debo decir, la pelota está en el campo del oficialismo.
Ojalá algunos interlocutores, como el vicepresidente, permitan avanzar
el diálogo a menos que su estrategia sea distinta y se centre en la
división y el totalitarismo.
Una nueva etapa comienza para unos y otros. La actitud de la oposición
dependerá del éxito el fracaso de una apertura que, por cierto,
deberá comenzar por la liberación de todos los presos de conciencia,
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Ahora todos hablamos de diálogo, un término que refleja madurez,
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partes opuestas deben agotarlo para avanzar en la construcción de un
proyecto, cualquiera que sea.
Sentarse y conversar es la primera fase del diálogo. El elemento buena
fe y la sinceridad son intrínsecos a todo diálogo. Nos preguntamos
si el gobierno tiene o no la voluntad real y seria de dialogar, es
decir, si hay o no buena fe para ello.
El diálogo afuera se plantea interesante. Hasta el gobierno de
transición de Cuba, presidido por Raúl Castro, ha mostrado interés
por dialogar con el "enemigo". La verdad es que es una postura sensata
de lo contrario su vida política y la de su gente se acortaría aún
más. Los nuevos presidentes de izquierda, incluido Lula, quien se
separa ahora por comodidad, aunque torpemente, de su pensamiento
izquierdista, para ubicarse en la social democracia, han optado por
dialogar con el "enemigo".
Ortega en Nicaragua lo dijo expresamente, Correa, en Ecuador,
inteligentemente, lo ha instrumentado sin mucho alboroto, los anteriores
Tabaré Vásquez, del Uruguay y la Bachelet de Chile, ya han mostrado
con más claridad la importancia de dialogar.
El gobierno venezolano, lamentablemente, no entra por el aro tan
fácilmente pese a separarse del "comunismo", según palabras del
mismo nuevo presidente. Su Canciller responde al ofrecimiento del norte,
con condiciones. Es absurdo pensar que Estados Unidos dialogará y
mejorará las relaciones con Caracas si se entregan algunos a los
cuales el régimen quiere tener bajo sus rejas, como los numerosos
detenidos políticos que llenan las cárceles militares en el país.
Es torpe plantear un diálogo condicionado. A lo mejor es parte de la
estrategia del régimen para mostrar independencia y autonomía, para
liderar la región. Bueno, el tiempo lo dirá. Pero no parece tan
acertado un planteamiento así a estas alturas.
Afuera el diálogo parece progresar, a pesar de las posiciones de
Caracas. Adentro, se asoma una posibilidad pero algunos, como el
vicepresidente, se encargan de afirmar que ese no es el camino.
Entonces, ¿adonde vamos?
La revolución no se negocia, es verdad. Su dirigencia misma lo ha
dicho de muchas formas y en distintos momentos. De allí que sólo se
pueda imponer, ahora más con un respaldo electoral que nunca ha sido
muy claro.
El gobierno tiene ante si dos caminos. O impone el proyecto bolivariano,
desconsiderando a millones de venezolanos que no piensan que esa es la
vía más acertada o dialogan y lograrán con el apoyo de todos
establecer un modelo progresista, tolerante, amplio, para todos los
venezolanos.
No es fácil pensar en que los revolucionarios cedan ante la necesidad
del diálogo y se sienten en una mesa para suavizar las medidas que ya
han considerado adoptar en el corto plazo. Pero quizás haya algo más
en el fondo y dadas las condiciones afuera, el diálogo referido y el
cambio político en Cuba, más las dificultades en Bolivia y la nueva
visión europea de la situación en la región, el gobierno se dé
cuenta que debe sentarse y considerar algunas alternativas. Eso sería
más inteligente.
No hay dudas también de que los venezolanos quieren paz y tranquilidad
y no más confrontación. El gobierno tiene una oportunidad de mostrar
su vocación democrática y pluralista. La pelota está en sus manos.
La oposición, más organizada que antes, velará por los avances de
la revolución y propiciará y participará, estoy seguro, en
conversaciones y diálogos que puedan llevar a la creación de un
modelo político económico y social en donde tengan cabida todos los
venezolanos.
Bueno, podrían pensar algunos que estamos cediendo ante el proyecto,
otros que hay debilidad en la oposición, algunos otros que es
demasiado fantástico para ser realidad, Pero lo cierto es que ello es
posible sin que la oposición deje de ser oposición, como hemos dicho
antes.
Un diálogo debe abrirse, hacia fuera y hacia adentro, pero sin
condiciones. De lo contrario sería seguir en el mismo espacio de
confrontación que solamente producen tensiones e infelicidad y repito,
los venezolanos queremos ya la paz, pero sin condiciones.
Nuestros derechos no los podemos entregar al primer postor. Se trata de
los derechos de todos los venezolanos, los de hoy y las nuevas
generaciones que esperan de nosotros que, precisamente, hagamos un
país para todos.
De nuevo debo decir, la pelota está en el campo del oficialismo.
Ojalá algunos interlocutores, como el vicepresidente, permitan avanzar
el diálogo a menos que su estrategia sea distinta y se centre en la
división y el totalitarismo.
Una nueva etapa comienza para unos y otros. La actitud de la oposición
dependerá del éxito el fracaso de una apertura que, por cierto,
deberá comenzar por la liberación de todos los presos de conciencia,
de la liberación de todos aquellos que piensan distinto y que ejercen
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Ahora todos hablamos de diálogo, un término que refleja madurez,
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Es cierto, es una postura constructiva porque, definitivamente, las
partes opuestas deben agotarlo para avanzar en la construcción de un
proyecto, cualquiera que sea.
Sentarse y conversar es la primera fase del diálogo. El elemento buena
fe y la sinceridad son intrínsecos a todo diálogo. Nos preguntamos
si el gobierno tiene o no la voluntad real y seria de dialogar, es
decir, si hay o no buena fe para ello.
El diálogo afuera se plantea interesante. Hasta el gobierno de
transición de Cuba, presidido por Raúl Castro, ha mostrado interés
por dialogar con el "enemigo". La verdad es que es una postura sensata
de lo contrario su vida política y la de su gente se acortaría aún
más. Los nuevos presidentes de izquierda, incluido Lula, quien se
separa ahora por comodidad, aunque torpemente, de su pensamiento
izquierdista, para ubicarse en la social democracia, han optado por
dialogar con el "enemigo".
Ortega en Nicaragua lo dijo expresamente, Correa, en Ecuador,
inteligentemente, lo ha instrumentado sin mucho alboroto, los anteriores
Tabaré Vásquez, del Uruguay y la Bachelet de Chile, ya han mostrado
con más claridad la importancia de dialogar.
El gobierno venezolano, lamentablemente, no entra por el aro tan
fácilmente pese a separarse del "comunismo", según palabras del
mismo nuevo presidente. Su Canciller responde al ofrecimiento del norte,
con condiciones. Es absurdo pensar que Estados Unidos dialogará y
mejorará las relaciones con Caracas si se entregan algunos a los
cuales el régimen quiere tener bajo sus rejas, como los numerosos
detenidos políticos que llenan las cárceles militares en el país.
Es torpe plantear un diálogo condicionado. A lo mejor es parte de la
estrategia del régimen para mostrar independencia y autonomía, para
liderar la región. Bueno, el tiempo lo dirá. Pero no parece tan
acertado un planteamiento así a estas alturas.
Afuera el diálogo parece progresar, a pesar de las posiciones de
Caracas. Adentro, se asoma una posibilidad pero algunos, como el
vicepresidente, se encargan de afirmar que ese no es el camino.
Entonces, ¿adonde vamos?
La revolución no se negocia, es verdad. Su dirigencia misma lo ha
dicho de muchas formas y en distintos momentos. De allí que sólo se
pueda imponer, ahora más con un respaldo electoral que nunca ha sido
muy claro.
El gobierno tiene ante si dos caminos. O impone el proyecto bolivariano,
desconsiderando a millones de venezolanos que no piensan que esa es la
vía más acertada o dialogan y lograrán con el apoyo de todos
establecer un modelo progresista, tolerante, amplio, para todos los
venezolanos.
No es fácil pensar en que los revolucionarios cedan ante la necesidad
del diálogo y se sienten en una mesa para suavizar las medidas que ya
han considerado adoptar en el corto plazo. Pero quizás haya algo más
en el fondo y dadas las condiciones afuera, el diálogo referido y el
cambio político en Cuba, más las dificultades en Bolivia y la nueva
visión europea de la situación en la región, el gobierno se dé
cuenta que debe sentarse y considerar algunas alternativas. Eso sería
más inteligente.
No hay dudas también de que los venezolanos quieren paz y tranquilidad
y no más confrontación. El gobierno tiene una oportunidad de mostrar
su vocación democrática y pluralista. La pelota está en sus manos.
La oposición, más organizada que antes, velará por los avances de
la revolución y propiciará y participará, estoy seguro, en
conversaciones y diálogos que puedan llevar a la creación de un
modelo político económico y social en donde tengan cabida todos los
venezolanos.
Bueno, podrían pensar algunos que estamos cediendo ante el proyecto,
otros que hay debilidad en la oposición, algunos otros que es
demasiado fantástico para ser realidad, Pero lo cierto es que ello es
posible sin que la oposición deje de ser oposición, como hemos dicho
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Un diálogo debe abrirse, hacia fuera y hacia adentro, pero sin
condiciones. De lo contrario sería seguir en el mismo espacio de
confrontación que solamente producen tensiones e infelicidad y repito,
los venezolanos queremos ya la paz, pero sin condiciones.
Nuestros derechos no los podemos entregar al primer postor. Se trata de
los derechos de todos los venezolanos, los de hoy y las nuevas
generaciones que esperan de nosotros que, precisamente, hagamos un
país para todos.
De nuevo debo decir, la pelota está en el campo del oficialismo.
Ojalá algunos interlocutores, como el vicepresidente, permitan avanzar
el diálogo a menos que su estrategia sea distinta y se centre en la
división y el totalitarismo.
Una nueva etapa comienza para unos y otros. La actitud de la oposición
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deberá comenzar por la liberación de todos los presos de conciencia,
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Sentarse y conversar es la primera fase del diálogo. El elemento buena
fe y la sinceridad son intrínsecos a todo diálogo. Nos preguntamos
si el gobierno tiene o no la voluntad real y seria de dialogar, es
decir, si hay o no buena fe para ello.
El diálogo afuera se plantea interesante. Hasta el gobierno de
transición de Cuba, presidido por Raúl Castro, ha mostrado interés
por dialogar con el "enemigo". La verdad es que es una postura sensata
de lo contrario su vida política y la de su gente se acortaría aún
más. Los nuevos presidentes de izquierda, incluido Lula, quien se
separa ahora por comodidad, aunque torpemente, de su pensamiento
izquierdista, para ubicarse en la social democracia, han optado por
dialogar con el "enemigo".
Ortega en Nicaragua lo dijo expresamente, Correa, en Ecuador,
inteligentemente, lo ha instrumentado sin mucho alboroto, los anteriores
Tabaré Vásquez, del Uruguay y la Bachelet de Chile, ya han mostrado
con más claridad la importancia de dialogar.
El gobierno venezolano, lamentablemente, no entra por el aro tan
fácilmente pese a separarse del "comunismo", según palabras del
mismo nuevo presidente. Su Canciller responde al ofrecimiento del norte,
con condiciones. Es absurdo pensar que Estados Unidos dialogará y
mejorará las relaciones con Caracas si se entregan algunos a los
cuales el régimen quiere tener bajo sus rejas, como los numerosos
detenidos políticos que llenan las cárceles militares en el país.
Es torpe plantear un diálogo condicionado. A lo mejor es parte de la
estrategia del régimen para mostrar independencia y autonomía, para
liderar la región. Bueno, el tiempo lo dirá. Pero no parece tan
acertado un planteamiento así a estas alturas.
Afuera el diálogo parece progresar, a pesar de las posiciones de
Caracas. Adentro, se asoma una posibilidad pero algunos, como el
vicepresidente, se encargan de afirmar que ese no es el camino.
Entonces, ¿adonde vamos?
La revolución no se negocia, es verdad. Su dirigencia misma lo ha
dicho de muchas formas y en distintos momentos. De allí que sólo se
pueda imponer, ahora más con un respaldo electoral que nunca ha sido
muy claro.
El gobierno tiene ante si dos caminos. O impone el proyecto bolivariano,
desconsiderando a millones de venezolanos que no piensan que esa es la
vía más acertada o dialogan y lograrán con el apoyo de todos
establecer un modelo progresista, tolerante, amplio, para todos los
venezolanos.
No es fácil pensar en que los revolucionarios cedan ante la necesidad
del diálogo y se sienten en una mesa para suavizar las medidas que ya
han considerado adoptar en el corto plazo. Pero quizás haya algo más
en el fondo y dadas las condiciones afuera, el diálogo referido y el
cambio político en Cuba, más las dificultades en Bolivia y la nueva
visión europea de la situación en la región, el gobierno se dé
cuenta que debe sentarse y considerar algunas alternativas. Eso sería
más inteligente.
No hay dudas también de que los venezolanos quieren paz y tranquilidad
y no más confrontación. El gobierno tiene una oportunidad de mostrar
su vocación democrática y pluralista. La pelota está en sus manos.
La oposición, más organizada que antes, velará por los avances de
la revolución y propiciará y participará, estoy seguro, en
conversaciones y diálogos que puedan llevar a la creación de un
modelo político económico y social en donde tengan cabida todos los
venezolanos.
Bueno, podrían pensar algunos que estamos cediendo ante el proyecto,
otros que hay debilidad en la oposición, algunos otros que es
demasiado fantástico para ser realidad, Pero lo cierto es que ello es
posible sin que la oposición deje de ser oposición, como hemos dicho
antes.
Un diálogo debe abrirse, hacia fuera y hacia adentro, pero sin
condiciones. De lo contrario sería seguir en el mismo espacio de
confrontación que solamente producen tensiones e infelicidad y repito,
los venezolanos queremos ya la paz, pero sin condiciones.
Nuestros derechos no los podemos entregar al primer postor. Se trata de
los derechos de todos los venezolanos, los de hoy y las nuevas
generaciones que esperan de nosotros que, precisamente, hagamos un
país para todos.
De nuevo debo decir, la pelota está en el campo del oficialismo.
Ojalá algunos interlocutores, como el vicepresidente, permitan avanzar
el diálogo a menos que su estrategia sea distinta y se centre en la
división y el totalitarismo.
Una nueva etapa comienza para unos y otros. La actitud de la oposición
dependerá del éxito el fracaso de una apertura que, por cierto,
deberá comenzar por la liberación de todos los presos de conciencia,
de la liberación de todos aquellos que piensan distinto y que ejercen
su derecho a disentir dignamente.
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Ahora todos hablamos de diálogo, un término que refleja madurez,
sosiego.

Es cierto, es una postura constructiva porque, definitivamente, las
partes opuestas deben agotarlo para avanzar en la construcción de un
proyecto, cualquiera que sea.
Sentarse y conversar es la primera fase del diálogo. El elemento buena
fe y la sinceridad son intrínsecos a todo diálogo. Nos preguntamos
si el gobierno tiene o no la voluntad real y seria de dialogar, es
decir, si hay o no buena fe para ello.
El diálogo afuera se plantea interesante. Hasta el gobierno de
transición de Cuba, presidido por Raúl Castro, ha mostrado interés
por dialogar con el "enemigo". La verdad es que es una postura sensata
de lo contrario su vida política y la de su gente se acortaría aún
más. Los nuevos presidentes de izquierda, incluido Lula, quien se
separa ahora por comodidad, aunque torpemente, de su pensamiento
izquierdista, para ubicarse en la social democracia, han optado por
dialogar con el "enemigo".
Ortega en Nicaragua lo dijo expresamente, Correa, en Ecuador,
inteligentemente, lo ha instrumentado sin mucho alboroto, los anteriores
Tabaré Vásquez, del Uruguay y la Bachelet de Chile, ya han mostrado
con más claridad la importancia de dialogar.
El gobierno venezolano, lamentablemente, no entra por el aro tan
fácilmente pese a separarse del "comunismo", según palabras del
mismo nuevo presidente. Su Canciller responde al ofrecimiento del norte,
con condiciones. Es absurdo pensar que Estados Unidos dialogará y
mejorará las relaciones con Caracas si se entregan algunos a los
cuales el régimen quiere tener bajo sus rejas, como los numerosos
detenidos políticos que llenan las cárceles militares en el país.
Es torpe plantear un diálogo condicionado. A lo mejor es parte de la
estrategia del régimen para mostrar independencia y autonomía, para
liderar la región. Bueno, el tiempo lo dirá. Pero no parece tan
acertado un planteamiento así a estas alturas.
Afuera el diálogo parece progresar, a pesar de las posiciones de
Caracas. Adentro, se asoma una posibilidad pero algunos, como el
vicepresidente, se encargan de afirmar que ese no es el camino.
Entonces, ¿adonde vamos?
La revolución no se negocia, es verdad. Su dirigencia misma lo ha
dicho de muchas formas y en distintos momentos. De allí que sólo se
pueda imponer, ahora más con un respaldo electoral que nunca ha sido
muy claro.
El gobierno tiene ante si dos caminos. O impone el proyecto bolivariano,
desconsiderando a millones de venezolanos que no piensan que esa es la
vía más acertada o dialogan y lograrán con el apoyo de todos
establecer un modelo progresista, tolerante, amplio, para todos los
venezolanos.
No es fácil pensar en que los revolucionarios cedan ante la necesidad
del diálogo y se sienten en una mesa para suavizar las medidas que ya
han considerado adoptar en el corto plazo. Pero quizás haya algo más
en el fondo y dadas las condiciones afuera, el diálogo referido y el
cambio político en Cuba, más las dificultades en Bolivia y la nueva
visión europea de la situación en la región, el gobierno se dé
cuenta que debe sentarse y considerar algunas alternativas. Eso sería
más inteligente.
No hay dudas también de que los venezolanos quieren paz y tranquilidad
y no más confrontación. El gobierno tiene una oportunidad de mostrar
su vocación democrática y pluralista. La pelota está en sus manos.
La oposición, más organizada que antes, velará por los avances de
la revolución y propiciará y participará, estoy seguro, en
conversaciones y diálogos que puedan llevar a la creación de un
modelo político económico y social en donde tengan cabida todos los
venezolanos.
Bueno, podrían pensar algunos que estamos cediendo ante el proyecto,
otros que hay debilidad en la oposición, algunos otros que es
demasiado fantástico para ser realidad, Pero lo cierto es que ello es
posible sin que la oposición deje de ser oposición, como hemos dicho
antes.
Un diálogo debe abrirse, hacia fuera y hacia adentro, pero sin
condiciones. De lo contrario sería seguir en el mismo espacio de
confrontación que solamente producen tensiones e infelicidad y repito,
los venezolanos queremos ya la paz, pero sin condiciones.
Nuestros derechos no los podemos entregar al primer postor. Se trata de
los derechos de todos los venezolanos, los de hoy y las nuevas
generaciones que esperan de nosotros que, precisamente, hagamos un
país para todos.
De nuevo debo decir, la pelota está en el campo del oficialismo.
Ojalá algunos interlocutores, como el vicepresidente, permitan avanzar
el diálogo a menos que su estrategia sea distinta y se centre en la
división y el totalitarismo.
Una nueva etapa comienza para unos y otros. La actitud de la oposición
dependerá del éxito el fracaso de una apertura que, por cierto,
deberá comenzar por la liberación de todos los presos de conciencia,
de la liberación de todos aquellos que piensan distinto y que ejercen
su derecho a disentir dignamente.
El diálogo se inicia sobre esa base.
carmona@gwu.edu
Robert Carmona-Borjas
Publicado el 16-12-2006

© Copyright 2006. Globovisión Tele C.A. Todos Los Derechos
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Default DIALOGAR PERO SIN CONDICIONES...AHORA SOLO NOS QUEDA ESPERAR....:)


Dialogar, pero sin condiciones
Ahora todos hablamos de diálogo, un término que refleja madurez,
sosiego.

Es cierto, es una postura constructiva porque, definitivamente, las
partes opuestas deben agotarlo para avanzar en la construcción de un
proyecto, cualquiera que sea.
Sentarse y conversar es la primera fase del diálogo. El elemento buena
fe y la sinceridad son intrínsecos a todo diálogo. Nos preguntamos
si el gobierno tiene o no la voluntad real y seria de dialogar, es
decir, si hay o no buena fe para ello.
El diálogo afuera se plantea interesante. Hasta el gobierno de
transición de Cuba, presidido por Raúl Castro, ha mostrado interés
por dialogar con el "enemigo". La verdad es que es una postura sensata
de lo contrario su vida política y la de su gente se acortaría aún
más. Los nuevos presidentes de izquierda, incluido Lula, quien se
separa ahora por comodidad, aunque torpemente, de su pensamiento
izquierdista, para ubicarse en la social democracia, han optado por
dialogar con el "enemigo".
Ortega en Nicaragua lo dijo expresamente, Correa, en Ecuador,
inteligentemente, lo ha instrumentado sin mucho alboroto, los anteriores
Tabaré Vásquez, del Uruguay y la Bachelet de Chile, ya han mostrado
con más claridad la importancia de dialogar.
El gobierno venezolano, lamentablemente, no entra por el aro tan
fácilmente pese a separarse del "comunismo", según palabras del
mismo nuevo presidente. Su Canciller responde al ofrecimiento del norte,
con condiciones. Es absurdo pensar que Estados Unidos dialogará y
mejorará las relaciones con Caracas si se entregan algunos a los
cuales el régimen quiere tener bajo sus rejas, como los numerosos
detenidos políticos que llenan las cárceles militares en el país.
Es torpe plantear un diálogo condicionado. A lo mejor es parte de la
estrategia del régimen para mostrar independencia y autonomía, para
liderar la región. Bueno, el tiempo lo dirá. Pero no parece tan
acertado un planteamiento así a estas alturas.
Afuera el diálogo parece progresar, a pesar de las posiciones de
Caracas. Adentro, se asoma una posibilidad pero algunos, como el
vicepresidente, se encargan de afirmar que ese no es el camino.
Entonces, ¿adonde vamos?
La revolución no se negocia, es verdad. Su dirigencia misma lo ha
dicho de muchas formas y en distintos momentos. De allí que sólo se
pueda imponer, ahora más con un respaldo electoral que nunca ha sido
muy claro.
El gobierno tiene ante si dos caminos. O impone el proyecto bolivariano,
desconsiderando a millones de venezolanos que no piensan que esa es la
vía más acertada o dialogan y lograrán con el apoyo de todos
establecer un modelo progresista, tolerante, amplio, para todos los
venezolanos.
No es fácil pensar en que los revolucionarios cedan ante la necesidad
del diálogo y se sienten en una mesa para suavizar las medidas que ya
han considerado adoptar en el corto plazo. Pero quizás haya algo más
en el fondo y dadas las condiciones afuera, el diálogo referido y el
cambio político en Cuba, más las dificultades en Bolivia y la nueva
visión europea de la situación en la región, el gobierno se dé
cuenta que debe sentarse y considerar algunas alternativas. Eso sería
más inteligente.
No hay dudas también de que los venezolanos quieren paz y tranquilidad
y no más confrontación. El gobierno tiene una oportunidad de mostrar
su vocación democrática y pluralista. La pelota está en sus manos.
La oposición, más organizada que antes, velará por los avances de
la revolución y propiciará y participará, estoy seguro, en
conversaciones y diálogos que puedan llevar a la creación de un
modelo político económico y social en donde tengan cabida todos los
venezolanos.
Bueno, podrían pensar algunos que estamos cediendo ante el proyecto,
otros que hay debilidad en la oposición, algunos otros que es
demasiado fantástico para ser realidad, Pero lo cierto es que ello es
posible sin que la oposición deje de ser oposición, como hemos dicho
antes.
Un diálogo debe abrirse, hacia fuera y hacia adentro, pero sin
condiciones. De lo contrario sería seguir en el mismo espacio de
confrontación que solamente producen tensiones e infelicidad y repito,
los venezolanos queremos ya la paz, pero sin condiciones.
Nuestros derechos no los podemos entregar al primer postor. Se trata de
los derechos de todos los venezolanos, los de hoy y las nuevas
generaciones que esperan de nosotros que, precisamente, hagamos un
país para todos.
De nuevo debo decir, la pelota está en el campo del oficialismo.
Ojalá algunos interlocutores, como el vicepresidente, permitan avanzar
el diálogo a menos que su estrategia sea distinta y se centre en la
división y el totalitarismo.
Una nueva etapa comienza para unos y otros. La actitud de la oposición
dependerá del éxito el fracaso de una apertura que, por cierto,
deberá comenzar por la liberación de todos los presos de conciencia,
de la liberación de todos aquellos que piensan distinto y que ejercen
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Ahora todos hablamos de diálogo, un término que refleja madurez,
sosiego.

Es cierto, es una postura constructiva porque, definitivamente, las
partes opuestas deben agotarlo para avanzar en la construcción de un
proyecto, cualquiera que sea.
Sentarse y conversar es la primera fase del diálogo. El elemento buena
fe y la sinceridad son intrínsecos a todo diálogo. Nos preguntamos
si el gobierno tiene o no la voluntad real y seria de dialogar, es
decir, si hay o no buena fe para ello.
El diálogo afuera se plantea interesante. Hasta el gobierno de
transición de Cuba, presidido por Raúl Castro, ha mostrado interés
por dialogar con el "enemigo". La verdad es que es una postura sensata
de lo contrario su vida política y la de su gente se acortaría aún
más. Los nuevos presidentes de izquierda, incluido Lula, quien se
separa ahora por comodidad, aunque torpemente, de su pensamiento
izquierdista, para ubicarse en la social democracia, han optado por
dialogar con el "enemigo".
Ortega en Nicaragua lo dijo expresamente, Correa, en Ecuador,
inteligentemente, lo ha instrumentado sin mucho alboroto, los anteriores
Tabaré Vásquez, del Uruguay y la Bachelet de Chile, ya han mostrado
con más claridad la importancia de dialogar.
El gobierno venezolano, lamentablemente, no entra por el aro tan
fácilmente pese a separarse del "comunismo", según palabras del
mismo nuevo presidente. Su Canciller responde al ofrecimiento del norte,
con condiciones. Es absurdo pensar que Estados Unidos dialogará y
mejorará las relaciones con Caracas si se entregan algunos a los
cuales el régimen quiere tener bajo sus rejas, como los numerosos
detenidos políticos que llenan las cárceles militares en el país.
Es torpe plantear un diálogo condicionado. A lo mejor es parte de la
estrategia del régimen para mostrar independencia y autonomía, para
liderar la región. Bueno, el tiempo lo dirá. Pero no parece tan
acertado un planteamiento así a estas alturas.
Afuera el diálogo parece progresar, a pesar de las posiciones de
Caracas. Adentro, se asoma una posibilidad pero algunos, como el
vicepresidente, se encargan de afirmar que ese no es el camino.
Entonces, ¿adonde vamos?
La revolución no se negocia, es verdad. Su dirigencia misma lo ha
dicho de muchas formas y en distintos momentos. De allí que sólo se
pueda imponer, ahora más con un respaldo electoral que nunca ha sido
muy claro.
El gobierno tiene ante si dos caminos. O impone el proyecto bolivariano,
desconsiderando a millones de venezolanos que no piensan que esa es la
vía más acertada o dialogan y lograrán con el apoyo de todos
establecer un modelo progresista, tolerante, amplio, para todos los
venezolanos.
No es fácil pensar en que los revolucionarios cedan ante la necesidad
del diálogo y se sienten en una mesa para suavizar las medidas que ya
han considerado adoptar en el corto plazo. Pero quizás haya algo más
en el fondo y dadas las condiciones afuera, el diálogo referido y el
cambio político en Cuba, más las dificultades en Bolivia y la nueva
visión europea de la situación en la región, el gobierno se dé
cuenta que debe sentarse y considerar algunas alternativas. Eso sería
más inteligente.
No hay dudas también de que los venezolanos quieren paz y tranquilidad
y no más confrontación. El gobierno tiene una oportunidad de mostrar
su vocación democrática y pluralista. La pelota está en sus manos.
La oposición, más organizada que antes, velará por los avances de
la revolución y propiciará y participará, estoy seguro, en
conversaciones y diálogos que puedan llevar a la creación de un
modelo político económico y social en donde tengan cabida todos los
venezolanos.
Bueno, podrían pensar algunos que estamos cediendo ante el proyecto,
otros que hay debilidad en la oposición, algunos otros que es
demasiado fantástico para ser realidad, Pero lo cierto es que ello es
posible sin que la oposición deje de ser oposición, como hemos dicho
antes.
Un diálogo debe abrirse, hacia fuera y hacia adentro, pero sin
condiciones. De lo contrario sería seguir en el mismo espacio de
confrontación que solamente producen tensiones e infelicidad y repito,
los venezolanos queremos ya la paz, pero sin condiciones.
Nuestros derechos no los podemos entregar al primer postor. Se trata de
los derechos de todos los venezolanos, los de hoy y las nuevas
generaciones que esperan de nosotros que, precisamente, hagamos un
país para todos.
De nuevo debo decir, la pelota está en el campo del oficialismo.
Ojalá algunos interlocutores, como el vicepresidente, permitan avanzar
el diálogo a menos que su estrategia sea distinta y se centre en la
división y el totalitarismo.
Una nueva etapa comienza para unos y otros. La actitud de la oposición
dependerá del éxito el fracaso de una apertura que, por cierto,
deberá comenzar por la liberación de todos los presos de conciencia,
de la liberación de todos aquellos que piensan distinto y que ejercen
su derecho a disentir dignamente.
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Dialogar, pero sin condiciones
Ahora todos hablamos de diálogo, un término que refleja madurez,
sosiego.

Es cierto, es una postura constructiva porque, definitivamente, las
partes opuestas deben agotarlo para avanzar en la construcción de un
proyecto, cualquiera que sea.
Sentarse y conversar es la primera fase del diálogo. El elemento buena
fe y la sinceridad son intrínsecos a todo diálogo. Nos preguntamos
si el gobierno tiene o no la voluntad real y seria de dialogar, es
decir, si hay o no buena fe para ello.
El diálogo afuera se plantea interesante. Hasta el gobierno de
transición de Cuba, presidido por Raúl Castro, ha mostrado interés
por dialogar con el "enemigo". La verdad es que es una postura sensata
de lo contrario su vida política y la de su gente se acortaría aún
más. Los nuevos presidentes de izquierda, incluido Lula, quien se
separa ahora por comodidad, aunque torpemente, de su pensamiento
izquierdista, para ubicarse en la social democracia, han optado por
dialogar con el "enemigo".
Ortega en Nicaragua lo dijo expresamente, Correa, en Ecuador,
inteligentemente, lo ha instrumentado sin mucho alboroto, los anteriores
Tabaré Vásquez, del Uruguay y la Bachelet de Chile, ya han mostrado
con más claridad la importancia de dialogar.
El gobierno venezolano, lamentablemente, no entra por el aro tan
fácilmente pese a separarse del "comunismo", según palabras del
mismo nuevo presidente. Su Canciller responde al ofrecimiento del norte,
con condiciones. Es absurdo pensar que Estados Unidos dialogará y
mejorará las relaciones con Caracas si se entregan algunos a los
cuales el régimen quiere tener bajo sus rejas, como los numerosos
detenidos políticos que llenan las cárceles militares en el país.
Es torpe plantear un diálogo condicionado. A lo mejor es parte de la
estrategia del régimen para mostrar independencia y autonomía, para
liderar la región. Bueno, el tiempo lo dirá. Pero no parece tan
acertado un planteamiento así a estas alturas.
Afuera el diálogo parece progresar, a pesar de las posiciones de
Caracas. Adentro, se asoma una posibilidad pero algunos, como el
vicepresidente, se encargan de afirmar que ese no es el camino.
Entonces, ¿adonde vamos?
La revolución no se negocia, es verdad. Su dirigencia misma lo ha
dicho de muchas formas y en distintos momentos. De allí que sólo se
pueda imponer, ahora más con un respaldo electoral que nunca ha sido
muy claro.
El gobierno tiene ante si dos caminos. O impone el proyecto bolivariano,
desconsiderando a millones de venezolanos que no piensan que esa es la
vía más acertada o dialogan y lograrán con el apoyo de todos
establecer un modelo progresista, tolerante, amplio, para todos los
venezolanos.
No es fácil pensar en que los revolucionarios cedan ante la necesidad
del diálogo y se sienten en una mesa para suavizar las medidas que ya
han considerado adoptar en el corto plazo. Pero quizás haya algo más
en el fondo y dadas las condiciones afuera, el diálogo referido y el
cambio político en Cuba, más las dificultades en Bolivia y la nueva
visión europea de la situación en la región, el gobierno se dé
cuenta que debe sentarse y considerar algunas alternativas. Eso sería
más inteligente.
No hay dudas también de que los venezolanos quieren paz y tranquilidad
y no más confrontación. El gobierno tiene una oportunidad de mostrar
su vocación democrática y pluralista. La pelota está en sus manos.
La oposición, más organizada que antes, velará por los avances de
la revolución y propiciará y participará, estoy seguro, en
conversaciones y diálogos que puedan llevar a la creación de un
modelo político económico y social en donde tengan cabida todos los
venezolanos.
Bueno, podrían pensar algunos que estamos cediendo ante el proyecto,
otros que hay debilidad en la oposición, algunos otros que es
demasiado fantástico para ser realidad, Pero lo cierto es que ello es
posible sin que la oposición deje de ser oposición, como hemos dicho
antes.
Un diálogo debe abrirse, hacia fuera y hacia adentro, pero sin
condiciones. De lo contrario sería seguir en el mismo espacio de
confrontación que solamente producen tensiones e infelicidad y repito,
los venezolanos queremos ya la paz, pero sin condiciones.
Nuestros derechos no los podemos entregar al primer postor. Se trata de
los derechos de todos los venezolanos, los de hoy y las nuevas
generaciones que esperan de nosotros que, precisamente, hagamos un
país para todos.
De nuevo debo decir, la pelota está en el campo del oficialismo.
Ojalá algunos interlocutores, como el vicepresidente, permitan avanzar
el diálogo a menos que su estrategia sea distinta y se centre en la
división y el totalitarismo.
Una nueva etapa comienza para unos y otros. La actitud de la oposición
dependerá del éxito el fracaso de una apertura que, por cierto,
deberá comenzar por la liberación de todos los presos de conciencia,
de la liberación de todos aquellos que piensan distinto y que ejercen
su derecho a disentir dignamente.
El diálogo se inicia sobre esa base.
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