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Dialogar, pero sin condiciones
Ahora todos hablamos de diálogo, un término que refleja madurez, sosiego. Es cierto, es una postura constructiva porque, definitivamente, las partes opuestas deben agotarlo para avanzar en la construcción de un proyecto, cualquiera que sea. Sentarse y conversar es la primera fase del diálogo. El elemento buena fe y la sinceridad son intrínsecos a todo diálogo. Nos preguntamos si el gobierno tiene o no la voluntad real y seria de dialogar, es decir, si hay o no buena fe para ello. El diálogo afuera se plantea interesante. Hasta el gobierno de transición de Cuba, presidido por Raúl Castro, ha mostrado interés por dialogar con el "enemigo". La verdad es que es una postura sensata de lo contrario su vida política y la de su gente se acortaría aún más. Los nuevos presidentes de izquierda, incluido Lula, quien se separa ahora por comodidad, aunque torpemente, de su pensamiento izquierdista, para ubicarse en la social democracia, han optado por dialogar con el "enemigo". Ortega en Nicaragua lo dijo expresamente, Correa, en Ecuador, inteligentemente, lo ha instrumentado sin mucho alboroto, los anteriores Tabaré Vásquez, del Uruguay y la Bachelet de Chile, ya han mostrado con más claridad la importancia de dialogar. El gobierno venezolano, lamentablemente, no entra por el aro tan fácilmente pese a separarse del "comunismo", según palabras del mismo nuevo presidente. Su Canciller responde al ofrecimiento del norte, con condiciones. Es absurdo pensar que Estados Unidos dialogará y mejorará las relaciones con Caracas si se entregan algunos a los cuales el régimen quiere tener bajo sus rejas, como los numerosos detenidos políticos que llenan las cárceles militares en el país. Es torpe plantear un diálogo condicionado. A lo mejor es parte de la estrategia del régimen para mostrar independencia y autonomía, para liderar la región. Bueno, el tiempo lo dirá. Pero no parece tan acertado un planteamiento así a estas alturas. Afuera el diálogo parece progresar, a pesar de las posiciones de Caracas. Adentro, se asoma una posibilidad pero algunos, como el vicepresidente, se encargan de afirmar que ese no es el camino. Entonces, ¿adonde vamos? La revolución no se negocia, es verdad. Su dirigencia misma lo ha dicho de muchas formas y en distintos momentos. De allí que sólo se pueda imponer, ahora más con un respaldo electoral que nunca ha sido muy claro. El gobierno tiene ante si dos caminos. O impone el proyecto bolivariano, desconsiderando a millones de venezolanos que no piensan que esa es la vía más acertada o dialogan y lograrán con el apoyo de todos establecer un modelo progresista, tolerante, amplio, para todos los venezolanos. No es fácil pensar en que los revolucionarios cedan ante la necesidad del diálogo y se sienten en una mesa para suavizar las medidas que ya han considerado adoptar en el corto plazo. Pero quizás haya algo más en el fondo y dadas las condiciones afuera, el diálogo referido y el cambio político en Cuba, más las dificultades en Bolivia y la nueva visión europea de la situación en la región, el gobierno se dé cuenta que debe sentarse y considerar algunas alternativas. Eso sería más inteligente. No hay dudas también de que los venezolanos quieren paz y tranquilidad y no más confrontación. El gobierno tiene una oportunidad de mostrar su vocación democrática y pluralista. La pelota está en sus manos. La oposición, más organizada que antes, velará por los avances de la revolución y propiciará y participará, estoy seguro, en conversaciones y diálogos que puedan llevar a la creación de un modelo político económico y social en donde tengan cabida todos los venezolanos. Bueno, podrían pensar algunos que estamos cediendo ante el proyecto, otros que hay debilidad en la oposición, algunos otros que es demasiado fantástico para ser realidad, Pero lo cierto es que ello es posible sin que la oposición deje de ser oposición, como hemos dicho antes. Un diálogo debe abrirse, hacia fuera y hacia adentro, pero sin condiciones. De lo contrario sería seguir en el mismo espacio de confrontación que solamente producen tensiones e infelicidad y repito, los venezolanos queremos ya la paz, pero sin condiciones. Nuestros derechos no los podemos entregar al primer postor. Se trata de los derechos de todos los venezolanos, los de hoy y las nuevas generaciones que esperan de nosotros que, precisamente, hagamos un país para todos. De nuevo debo decir, la pelota está en el campo del oficialismo. Ojalá algunos interlocutores, como el vicepresidente, permitan avanzar el diálogo a menos que su estrategia sea distinta y se centre en la división y el totalitarismo. Una nueva etapa comienza para unos y otros. La actitud de la oposición dependerá del éxito el fracaso de una apertura que, por cierto, deberá comenzar por la liberación de todos los presos de conciencia, de la liberación de todos aquellos que piensan distinto y que ejercen su derecho a disentir dignamente. El diálogo se inicia sobre esa base. carmona@gwu.edu Robert Carmona-Borjas Publicado el 16-12-2006 © Copyright 2006. Globovisión Tele C.A. Todos Los Derechos Reservados |
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Ahora todos hablamos de diálogo, un término que refleja madurez, sosiego. Es cierto, es una postura constructiva porque, definitivamente, las partes opuestas deben agotarlo para avanzar en la construcción de un proyecto, cualquiera que sea. Sentarse y conversar es la primera fase del diálogo. El elemento buena fe y la sinceridad son intrínsecos a todo diálogo. Nos preguntamos si el gobierno tiene o no la voluntad real y seria de dialogar, es decir, si hay o no buena fe para ello. El diálogo afuera se plantea interesante. Hasta el gobierno de transición de Cuba, presidido por Raúl Castro, ha mostrado interés por dialogar con el "enemigo". La verdad es que es una postura sensata de lo contrario su vida política y la de su gente se acortaría aún más. Los nuevos presidentes de izquierda, incluido Lula, quien se separa ahora por comodidad, aunque torpemente, de su pensamiento izquierdista, para ubicarse en la social democracia, han optado por dialogar con el "enemigo". Ortega en Nicaragua lo dijo expresamente, Correa, en Ecuador, inteligentemente, lo ha instrumentado sin mucho alboroto, los anteriores Tabaré Vásquez, del Uruguay y la Bachelet de Chile, ya han mostrado con más claridad la importancia de dialogar. El gobierno venezolano, lamentablemente, no entra por el aro tan fácilmente pese a separarse del "comunismo", según palabras del mismo nuevo presidente. Su Canciller responde al ofrecimiento del norte, con condiciones. Es absurdo pensar que Estados Unidos dialogará y mejorará las relaciones con Caracas si se entregan algunos a los cuales el régimen quiere tener bajo sus rejas, como los numerosos detenidos políticos que llenan las cárceles militares en el país. Es torpe plantear un diálogo condicionado. A lo mejor es parte de la estrategia del régimen para mostrar independencia y autonomía, para liderar la región. Bueno, el tiempo lo dirá. Pero no parece tan acertado un planteamiento así a estas alturas. Afuera el diálogo parece progresar, a pesar de las posiciones de Caracas. Adentro, se asoma una posibilidad pero algunos, como el vicepresidente, se encargan de afirmar que ese no es el camino. Entonces, ¿adonde vamos? La revolución no se negocia, es verdad. Su dirigencia misma lo ha dicho de muchas formas y en distintos momentos. De allí que sólo se pueda imponer, ahora más con un respaldo electoral que nunca ha sido muy claro. El gobierno tiene ante si dos caminos. O impone el proyecto bolivariano, desconsiderando a millones de venezolanos que no piensan que esa es la vía más acertada o dialogan y lograrán con el apoyo de todos establecer un modelo progresista, tolerante, amplio, para todos los venezolanos. No es fácil pensar en que los revolucionarios cedan ante la necesidad del diálogo y se sienten en una mesa para suavizar las medidas que ya han considerado adoptar en el corto plazo. Pero quizás haya algo más en el fondo y dadas las condiciones afuera, el diálogo referido y el cambio político en Cuba, más las dificultades en Bolivia y la nueva visión europea de la situación en la región, el gobierno se dé cuenta que debe sentarse y considerar algunas alternativas. Eso sería más inteligente. No hay dudas también de que los venezolanos quieren paz y tranquilidad y no más confrontación. El gobierno tiene una oportunidad de mostrar su vocación democrática y pluralista. La pelota está en sus manos. La oposición, más organizada que antes, velará por los avances de la revolución y propiciará y participará, estoy seguro, en conversaciones y diálogos que puedan llevar a la creación de un modelo político económico y social en donde tengan cabida todos los venezolanos. Bueno, podrían pensar algunos que estamos cediendo ante el proyecto, otros que hay debilidad en la oposición, algunos otros que es demasiado fantástico para ser realidad, Pero lo cierto es que ello es posible sin que la oposición deje de ser oposición, como hemos dicho antes. Un diálogo debe abrirse, hacia fuera y hacia adentro, pero sin condiciones. De lo contrario sería seguir en el mismo espacio de confrontación que solamente producen tensiones e infelicidad y repito, los venezolanos queremos ya la paz, pero sin condiciones. Nuestros derechos no los podemos entregar al primer postor. Se trata de los derechos de todos los venezolanos, los de hoy y las nuevas generaciones que esperan de nosotros que, precisamente, hagamos un país para todos. De nuevo debo decir, la pelota está en el campo del oficialismo. Ojalá algunos interlocutores, como el vicepresidente, permitan avanzar el diálogo a menos que su estrategia sea distinta y se centre en la división y el totalitarismo. Una nueva etapa comienza para unos y otros. La actitud de la oposición dependerá del éxito el fracaso de una apertura que, por cierto, deberá comenzar por la liberación de todos los presos de conciencia, de la liberación de todos aquellos que piensan distinto y que ejercen su derecho a disentir dignamente. El diálogo se inicia sobre esa base. carmona@gwu.edu Robert Carmona-Borjas Publicado el 16-12-2006 © Copyright 2006. Globovisión Tele C.A. Todos Los Derechos Reservados |
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Ahora todos hablamos de diálogo, un término que refleja madurez, sosiego. Es cierto, es una postura constructiva porque, definitivamente, las partes opuestas deben agotarlo para avanzar en la construcción de un proyecto, cualquiera que sea. Sentarse y conversar es la primera fase del diálogo. El elemento buena fe y la sinceridad son intrínsecos a todo diálogo. Nos preguntamos si el gobierno tiene o no la voluntad real y seria de dialogar, es decir, si hay o no buena fe para ello. El diálogo afuera se plantea interesante. Hasta el gobierno de transición de Cuba, presidido por Raúl Castro, ha mostrado interés por dialogar con el "enemigo". La verdad es que es una postura sensata de lo contrario su vida política y la de su gente se acortaría aún más. Los nuevos presidentes de izquierda, incluido Lula, quien se separa ahora por comodidad, aunque torpemente, de su pensamiento izquierdista, para ubicarse en la social democracia, han optado por dialogar con el "enemigo". Ortega en Nicaragua lo dijo expresamente, Correa, en Ecuador, inteligentemente, lo ha instrumentado sin mucho alboroto, los anteriores Tabaré Vásquez, del Uruguay y la Bachelet de Chile, ya han mostrado con más claridad la importancia de dialogar. El gobierno venezolano, lamentablemente, no entra por el aro tan fácilmente pese a separarse del "comunismo", según palabras del mismo nuevo presidente. Su Canciller responde al ofrecimiento del norte, con condiciones. Es absurdo pensar que Estados Unidos dialogará y mejorará las relaciones con Caracas si se entregan algunos a los cuales el régimen quiere tener bajo sus rejas, como los numerosos detenidos políticos que llenan las cárceles militares en el país. Es torpe plantear un diálogo condicionado. A lo mejor es parte de la estrategia del régimen para mostrar independencia y autonomía, para liderar la región. Bueno, el tiempo lo dirá. Pero no parece tan acertado un planteamiento así a estas alturas. Afuera el diálogo parece progresar, a pesar de las posiciones de Caracas. Adentro, se asoma una posibilidad pero algunos, como el vicepresidente, se encargan de afirmar que ese no es el camino. Entonces, ¿adonde vamos? La revolución no se negocia, es verdad. Su dirigencia misma lo ha dicho de muchas formas y en distintos momentos. De allí que sólo se pueda imponer, ahora más con un respaldo electoral que nunca ha sido muy claro. El gobierno tiene ante si dos caminos. O impone el proyecto bolivariano, desconsiderando a millones de venezolanos que no piensan que esa es la vía más acertada o dialogan y lograrán con el apoyo de todos establecer un modelo progresista, tolerante, amplio, para todos los venezolanos. No es fácil pensar en que los revolucionarios cedan ante la necesidad del diálogo y se sienten en una mesa para suavizar las medidas que ya han considerado adoptar en el corto plazo. Pero quizás haya algo más en el fondo y dadas las condiciones afuera, el diálogo referido y el cambio político en Cuba, más las dificultades en Bolivia y la nueva visión europea de la situación en la región, el gobierno se dé cuenta que debe sentarse y considerar algunas alternativas. Eso sería más inteligente. No hay dudas también de que los venezolanos quieren paz y tranquilidad y no más confrontación. El gobierno tiene una oportunidad de mostrar su vocación democrática y pluralista. La pelota está en sus manos. La oposición, más organizada que antes, velará por los avances de la revolución y propiciará y participará, estoy seguro, en conversaciones y diálogos que puedan llevar a la creación de un modelo político económico y social en donde tengan cabida todos los venezolanos. Bueno, podrían pensar algunos que estamos cediendo ante el proyecto, otros que hay debilidad en la oposición, algunos otros que es demasiado fantástico para ser realidad, Pero lo cierto es que ello es posible sin que la oposición deje de ser oposición, como hemos dicho antes. Un diálogo debe abrirse, hacia fuera y hacia adentro, pero sin condiciones. De lo contrario sería seguir en el mismo espacio de confrontación que solamente producen tensiones e infelicidad y repito, los venezolanos queremos ya la paz, pero sin condiciones. Nuestros derechos no los podemos entregar al primer postor. Se trata de los derechos de todos los venezolanos, los de hoy y las nuevas generaciones que esperan de nosotros que, precisamente, hagamos un país para todos. De nuevo debo decir, la pelota está en el campo del oficialismo. Ojalá algunos interlocutores, como el vicepresidente, permitan avanzar el diálogo a menos que su estrategia sea distinta y se centre en la división y el totalitarismo. Una nueva etapa comienza para unos y otros. La actitud de la oposición dependerá del éxito el fracaso de una apertura que, por cierto, deberá comenzar por la liberación de todos los presos de conciencia, de la liberación de todos aquellos que piensan distinto y que ejercen su derecho a disentir dignamente. El diálogo se inicia sobre esa base. carmona@gwu.edu Robert Carmona-Borjas Publicado el 16-12-2006 © Copyright 2006. Globovisión Tele C.A. Todos Los Derechos Reservados |
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Ahora todos hablamos de diálogo, un término que refleja madurez, sosiego. Es cierto, es una postura constructiva porque, definitivamente, las partes opuestas deben agotarlo para avanzar en la construcción de un proyecto, cualquiera que sea. Sentarse y conversar es la primera fase del diálogo. El elemento buena fe y la sinceridad son intrínsecos a todo diálogo. Nos preguntamos si el gobierno tiene o no la voluntad real y seria de dialogar, es decir, si hay o no buena fe para ello. El diálogo afuera se plantea interesante. Hasta el gobierno de transición de Cuba, presidido por Raúl Castro, ha mostrado interés por dialogar con el "enemigo". La verdad es que es una postura sensata de lo contrario su vida política y la de su gente se acortaría aún más. Los nuevos presidentes de izquierda, incluido Lula, quien se separa ahora por comodidad, aunque torpemente, de su pensamiento izquierdista, para ubicarse en la social democracia, han optado por dialogar con el "enemigo". Ortega en Nicaragua lo dijo expresamente, Correa, en Ecuador, inteligentemente, lo ha instrumentado sin mucho alboroto, los anteriores Tabaré Vásquez, del Uruguay y la Bachelet de Chile, ya han mostrado con más claridad la importancia de dialogar. El gobierno venezolano, lamentablemente, no entra por el aro tan fácilmente pese a separarse del "comunismo", según palabras del mismo nuevo presidente. Su Canciller responde al ofrecimiento del norte, con condiciones. Es absurdo pensar que Estados Unidos dialogará y mejorará las relaciones con Caracas si se entregan algunos a los cuales el régimen quiere tener bajo sus rejas, como los numerosos detenidos políticos que llenan las cárceles militares en el país. Es torpe plantear un diálogo condicionado. A lo mejor es parte de la estrategia del régimen para mostrar independencia y autonomía, para liderar la región. Bueno, el tiempo lo dirá. Pero no parece tan acertado un planteamiento así a estas alturas. Afuera el diálogo parece progresar, a pesar de las posiciones de Caracas. Adentro, se asoma una posibilidad pero algunos, como el vicepresidente, se encargan de afirmar que ese no es el camino. Entonces, ¿adonde vamos? La revolución no se negocia, es verdad. Su dirigencia misma lo ha dicho de muchas formas y en distintos momentos. De allí que sólo se pueda imponer, ahora más con un respaldo electoral que nunca ha sido muy claro. El gobierno tiene ante si dos caminos. O impone el proyecto bolivariano, desconsiderando a millones de venezolanos que no piensan que esa es la vía más acertada o dialogan y lograrán con el apoyo de todos establecer un modelo progresista, tolerante, amplio, para todos los venezolanos. No es fácil pensar en que los revolucionarios cedan ante la necesidad del diálogo y se sienten en una mesa para suavizar las medidas que ya han considerado adoptar en el corto plazo. Pero quizás haya algo más en el fondo y dadas las condiciones afuera, el diálogo referido y el cambio político en Cuba, más las dificultades en Bolivia y la nueva visión europea de la situación en la región, el gobierno se dé cuenta que debe sentarse y considerar algunas alternativas. Eso sería más inteligente. No hay dudas también de que los venezolanos quieren paz y tranquilidad y no más confrontación. El gobierno tiene una oportunidad de mostrar su vocación democrática y pluralista. La pelota está en sus manos. La oposición, más organizada que antes, velará por los avances de la revolución y propiciará y participará, estoy seguro, en conversaciones y diálogos que puedan llevar a la creación de un modelo político económico y social en donde tengan cabida todos los venezolanos. Bueno, podrían pensar algunos que estamos cediendo ante el proyecto, otros que hay debilidad en la oposición, algunos otros que es demasiado fantástico para ser realidad, Pero lo cierto es que ello es posible sin que la oposición deje de ser oposición, como hemos dicho antes. Un diálogo debe abrirse, hacia fuera y hacia adentro, pero sin condiciones. De lo contrario sería seguir en el mismo espacio de confrontación que solamente producen tensiones e infelicidad y repito, los venezolanos queremos ya la paz, pero sin condiciones. Nuestros derechos no los podemos entregar al primer postor. Se trata de los derechos de todos los venezolanos, los de hoy y las nuevas generaciones que esperan de nosotros que, precisamente, hagamos un país para todos. De nuevo debo decir, la pelota está en el campo del oficialismo. Ojalá algunos interlocutores, como el vicepresidente, permitan avanzar el diálogo a menos que su estrategia sea distinta y se centre en la división y el totalitarismo. Una nueva etapa comienza para unos y otros. La actitud de la oposición dependerá del éxito el fracaso de una apertura que, por cierto, deberá comenzar por la liberación de todos los presos de conciencia, de la liberación de todos aquellos que piensan distinto y que ejercen su derecho a disentir dignamente. El diálogo se inicia sobre esa base. carmona@gwu.edu Robert Carmona-Borjas Publicado el 16-12-2006 © Copyright 2006. Globovisión Tele C.A. Todos Los Derechos Reservados |
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Ahora todos hablamos de diálogo, un término que refleja madurez, sosiego. Es cierto, es una postura constructiva porque, definitivamente, las partes opuestas deben agotarlo para avanzar en la construcción de un proyecto, cualquiera que sea. Sentarse y conversar es la primera fase del diálogo. El elemento buena fe y la sinceridad son intrínsecos a todo diálogo. Nos preguntamos si el gobierno tiene o no la voluntad real y seria de dialogar, es decir, si hay o no buena fe para ello. El diálogo afuera se plantea interesante. Hasta el gobierno de transición de Cuba, presidido por Raúl Castro, ha mostrado interés por dialogar con el "enemigo". La verdad es que es una postura sensata de lo contrario su vida política y la de su gente se acortaría aún más. Los nuevos presidentes de izquierda, incluido Lula, quien se separa ahora por comodidad, aunque torpemente, de su pensamiento izquierdista, para ubicarse en la social democracia, han optado por dialogar con el "enemigo". Ortega en Nicaragua lo dijo expresamente, Correa, en Ecuador, inteligentemente, lo ha instrumentado sin mucho alboroto, los anteriores Tabaré Vásquez, del Uruguay y la Bachelet de Chile, ya han mostrado con más claridad la importancia de dialogar. El gobierno venezolano, lamentablemente, no entra por el aro tan fácilmente pese a separarse del "comunismo", según palabras del mismo nuevo presidente. Su Canciller responde al ofrecimiento del norte, con condiciones. Es absurdo pensar que Estados Unidos dialogará y mejorará las relaciones con Caracas si se entregan algunos a los cuales el régimen quiere tener bajo sus rejas, como los numerosos detenidos políticos que llenan las cárceles militares en el país. Es torpe plantear un diálogo condicionado. A lo mejor es parte de la estrategia del régimen para mostrar independencia y autonomía, para liderar la región. Bueno, el tiempo lo dirá. Pero no parece tan acertado un planteamiento así a estas alturas. Afuera el diálogo parece progresar, a pesar de las posiciones de Caracas. Adentro, se asoma una posibilidad pero algunos, como el vicepresidente, se encargan de afirmar que ese no es el camino. Entonces, ¿adonde vamos? La revolución no se negocia, es verdad. Su dirigencia misma lo ha dicho de muchas formas y en distintos momentos. De allí que sólo se pueda imponer, ahora más con un respaldo electoral que nunca ha sido muy claro. El gobierno tiene ante si dos caminos. O impone el proyecto bolivariano, desconsiderando a millones de venezolanos que no piensan que esa es la vía más acertada o dialogan y lograrán con el apoyo de todos establecer un modelo progresista, tolerante, amplio, para todos los venezolanos. No es fácil pensar en que los revolucionarios cedan ante la necesidad del diálogo y se sienten en una mesa para suavizar las medidas que ya han considerado adoptar en el corto plazo. Pero quizás haya algo más en el fondo y dadas las condiciones afuera, el diálogo referido y el cambio político en Cuba, más las dificultades en Bolivia y la nueva visión europea de la situación en la región, el gobierno se dé cuenta que debe sentarse y considerar algunas alternativas. Eso sería más inteligente. No hay dudas también de que los venezolanos quieren paz y tranquilidad y no más confrontación. El gobierno tiene una oportunidad de mostrar su vocación democrática y pluralista. La pelota está en sus manos. La oposición, más organizada que antes, velará por los avances de la revolución y propiciará y participará, estoy seguro, en conversaciones y diálogos que puedan llevar a la creación de un modelo político económico y social en donde tengan cabida todos los venezolanos. Bueno, podrían pensar algunos que estamos cediendo ante el proyecto, otros que hay debilidad en la oposición, algunos otros que es demasiado fantástico para ser realidad, Pero lo cierto es que ello es posible sin que la oposición deje de ser oposición, como hemos dicho antes. Un diálogo debe abrirse, hacia fuera y hacia adentro, pero sin condiciones. De lo contrario sería seguir en el mismo espacio de confrontación que solamente producen tensiones e infelicidad y repito, los venezolanos queremos ya la paz, pero sin condiciones. Nuestros derechos no los podemos entregar al primer postor. Se trata de los derechos de todos los venezolanos, los de hoy y las nuevas generaciones que esperan de nosotros que, precisamente, hagamos un país para todos. De nuevo debo decir, la pelota está en el campo del oficialismo. Ojalá algunos interlocutores, como el vicepresidente, permitan avanzar el diálogo a menos que su estrategia sea distinta y se centre en la división y el totalitarismo. Una nueva etapa comienza para unos y otros. La actitud de la oposición dependerá del éxito el fracaso de una apertura que, por cierto, deberá comenzar por la liberación de todos los presos de conciencia, de la liberación de todos aquellos que piensan distinto y que ejercen su derecho a disentir dignamente. El diálogo se inicia sobre esa base. carmona@gwu.edu Robert Carmona-Borjas Publicado el 16-12-2006 © Copyright 2006. Globovisión Tele C.A. Todos Los Derechos Reservados |
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Ahora todos hablamos de diálogo, un término que refleja madurez, sosiego. Es cierto, es una postura constructiva porque, definitivamente, las partes opuestas deben agotarlo para avanzar en la construcción de un proyecto, cualquiera que sea. Sentarse y conversar es la primera fase del diálogo. El elemento buena fe y la sinceridad son intrínsecos a todo diálogo. Nos preguntamos si el gobierno tiene o no la voluntad real y seria de dialogar, es decir, si hay o no buena fe para ello. El diálogo afuera se plantea interesante. Hasta el gobierno de transición de Cuba, presidido por Raúl Castro, ha mostrado interés por dialogar con el "enemigo". La verdad es que es una postura sensata de lo contrario su vida política y la de su gente se acortaría aún más. Los nuevos presidentes de izquierda, incluido Lula, quien se separa ahora por comodidad, aunque torpemente, de su pensamiento izquierdista, para ubicarse en la social democracia, han optado por dialogar con el "enemigo". Ortega en Nicaragua lo dijo expresamente, Correa, en Ecuador, inteligentemente, lo ha instrumentado sin mucho alboroto, los anteriores Tabaré Vásquez, del Uruguay y la Bachelet de Chile, ya han mostrado con más claridad la importancia de dialogar. El gobierno venezolano, lamentablemente, no entra por el aro tan fácilmente pese a separarse del "comunismo", según palabras del mismo nuevo presidente. Su Canciller responde al ofrecimiento del norte, con condiciones. Es absurdo pensar que Estados Unidos dialogará y mejorará las relaciones con Caracas si se entregan algunos a los cuales el régimen quiere tener bajo sus rejas, como los numerosos detenidos políticos que llenan las cárceles militares en el país. Es torpe plantear un diálogo condicionado. A lo mejor es parte de la estrategia del régimen para mostrar independencia y autonomía, para liderar la región. Bueno, el tiempo lo dirá. Pero no parece tan acertado un planteamiento así a estas alturas. Afuera el diálogo parece progresar, a pesar de las posiciones de Caracas. Adentro, se asoma una posibilidad pero algunos, como el vicepresidente, se encargan de afirmar que ese no es el camino. Entonces, ¿adonde vamos? La revolución no se negocia, es verdad. Su dirigencia misma lo ha dicho de muchas formas y en distintos momentos. De allí que sólo se pueda imponer, ahora más con un respaldo electoral que nunca ha sido muy claro. El gobierno tiene ante si dos caminos. O impone el proyecto bolivariano, desconsiderando a millones de venezolanos que no piensan que esa es la vía más acertada o dialogan y lograrán con el apoyo de todos establecer un modelo progresista, tolerante, amplio, para todos los venezolanos. No es fácil pensar en que los revolucionarios cedan ante la necesidad del diálogo y se sienten en una mesa para suavizar las medidas que ya han considerado adoptar en el corto plazo. Pero quizás haya algo más en el fondo y dadas las condiciones afuera, el diálogo referido y el cambio político en Cuba, más las dificultades en Bolivia y la nueva visión europea de la situación en la región, el gobierno se dé cuenta que debe sentarse y considerar algunas alternativas. Eso sería más inteligente. No hay dudas también de que los venezolanos quieren paz y tranquilidad y no más confrontación. El gobierno tiene una oportunidad de mostrar su vocación democrática y pluralista. La pelota está en sus manos. La oposición, más organizada que antes, velará por los avances de la revolución y propiciará y participará, estoy seguro, en conversaciones y diálogos que puedan llevar a la creación de un modelo político económico y social en donde tengan cabida todos los venezolanos. Bueno, podrían pensar algunos que estamos cediendo ante el proyecto, otros que hay debilidad en la oposición, algunos otros que es demasiado fantástico para ser realidad, Pero lo cierto es que ello es posible sin que la oposición deje de ser oposición, como hemos dicho antes. Un diálogo debe abrirse, hacia fuera y hacia adentro, pero sin condiciones. De lo contrario sería seguir en el mismo espacio de confrontación que solamente producen tensiones e infelicidad y repito, los venezolanos queremos ya la paz, pero sin condiciones. Nuestros derechos no los podemos entregar al primer postor. Se trata de los derechos de todos los venezolanos, los de hoy y las nuevas generaciones que esperan de nosotros que, precisamente, hagamos un país para todos. De nuevo debo decir, la pelota está en el campo del oficialismo. Ojalá algunos interlocutores, como el vicepresidente, permitan avanzar el diálogo a menos que su estrategia sea distinta y se centre en la división y el totalitarismo. Una nueva etapa comienza para unos y otros. La actitud de la oposición dependerá del éxito el fracaso de una apertura que, por cierto, deberá comenzar por la liberación de todos los presos de conciencia, de la liberación de todos aquellos que piensan distinto y que ejercen su derecho a disentir dignamente. El diálogo se inicia sobre esa base. carmona@gwu.edu Robert Carmona-Borjas Publicado el 16-12-2006 © Copyright 2006. Globovisión Tele C.A. Todos Los Derechos Reservados |
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Ortega en Nicaragua lo dijo expresamente, Correa, en Ecuador, inteligentemente, lo ha instrumentado sin mucho alboroto, los anteriores Tabaré Vásquez, del Uruguay y la Bachelet de Chile, ya han mostrado con más claridad la importancia de dialogar. El gobierno venezolano, lamentablemente, no entra por el aro tan fácilmente pese a separarse del "comunismo", según palabras del mismo nuevo presidente. Su Canciller responde al ofrecimiento del norte, con condiciones. Es absurdo pensar que Estados Unidos dialogará y mejorará las relaciones con Caracas si se entregan algunos a los cuales el régimen quiere tener bajo sus rejas, como los numerosos detenidos políticos que llenan las cárceles militares en el país. Es torpe plantear un diálogo condicionado. A lo mejor es parte de la estrategia del régimen para mostrar independencia y autonomía, para liderar la región. Bueno, el tiempo lo dirá. Pero no parece tan acertado un planteamiento así a estas alturas. Afuera el diálogo parece progresar, a pesar de las posiciones de Caracas. Adentro, se asoma una posibilidad pero algunos, como el vicepresidente, se encargan de afirmar que ese no es el camino. Entonces, ¿adonde vamos? La revolución no se negocia, es verdad. Su dirigencia misma lo ha dicho de muchas formas y en distintos momentos. De allí que sólo se pueda imponer, ahora más con un respaldo electoral que nunca ha sido muy claro. El gobierno tiene ante si dos caminos. O impone el proyecto bolivariano, desconsiderando a millones de venezolanos que no piensan que esa es la vía más acertada o dialogan y lograrán con el apoyo de todos establecer un modelo progresista, tolerante, amplio, para todos los venezolanos. No es fácil pensar en que los revolucionarios cedan ante la necesidad del diálogo y se sienten en una mesa para suavizar las medidas que ya han considerado adoptar en el corto plazo. Pero quizás haya algo más en el fondo y dadas las condiciones afuera, el diálogo referido y el cambio político en Cuba, más las dificultades en Bolivia y la nueva visión europea de la situación en la región, el gobierno se dé cuenta que debe sentarse y considerar algunas alternativas. Eso sería más inteligente. No hay dudas también de que los venezolanos quieren paz y tranquilidad y no más confrontación. El gobierno tiene una oportunidad de mostrar su vocación democrática y pluralista. La pelota está en sus manos. La oposición, más organizada que antes, velará por los avances de la revolución y propiciará y participará, estoy seguro, en conversaciones y diálogos que puedan llevar a la creación de un modelo político económico y social en donde tengan cabida todos los venezolanos. Bueno, podrían pensar algunos que estamos cediendo ante el proyecto, otros que hay debilidad en la oposición, algunos otros que es demasiado fantástico para ser realidad, Pero lo cierto es que ello es posible sin que la oposición deje de ser oposición, como hemos dicho antes. Un diálogo debe abrirse, hacia fuera y hacia adentro, pero sin condiciones. De lo contrario sería seguir en el mismo espacio de confrontación que solamente producen tensiones e infelicidad y repito, los venezolanos queremos ya la paz, pero sin condiciones. Nuestros derechos no los podemos entregar al primer postor. Se trata de los derechos de todos los venezolanos, los de hoy y las nuevas generaciones que esperan de nosotros que, precisamente, hagamos un país para todos. De nuevo debo decir, la pelota está en el campo del oficialismo. Ojalá algunos interlocutores, como el vicepresidente, permitan avanzar el diálogo a menos que su estrategia sea distinta y se centre en la división y el totalitarismo. Una nueva etapa comienza para unos y otros. La actitud de la oposición dependerá del éxito el fracaso de una apertura que, por cierto, deberá comenzar por la liberación de todos los presos de conciencia, de la liberación de todos aquellos que piensan distinto y que ejercen su derecho a disentir dignamente. El diálogo se inicia sobre esa base. carmona@gwu.edu Robert Carmona-Borjas Publicado el 16-12-2006 © Copyright 2006. Globovisión Tele C.A. Todos Los Derechos Reservados |
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Dialogar, pero sin condiciones
Ahora todos hablamos de diálogo, un término que refleja madurez, sosiego. Es cierto, es una postura constructiva porque, definitivamente, las partes opuestas deben agotarlo para avanzar en la construcción de un proyecto, cualquiera que sea. Sentarse y conversar es la primera fase del diálogo. El elemento buena fe y la sinceridad son intrínsecos a todo diálogo. Nos preguntamos si el gobierno tiene o no la voluntad real y seria de dialogar, es decir, si hay o no buena fe para ello. El diálogo afuera se plantea interesante. Hasta el gobierno de transición de Cuba, presidido por Raúl Castro, ha mostrado interés por dialogar con el "enemigo". La verdad es que es una postura sensata de lo contrario su vida política y la de su gente se acortaría aún más. Los nuevos presidentes de izquierda, incluido Lula, quien se separa ahora por comodidad, aunque torpemente, de su pensamiento izquierdista, para ubicarse en la social democracia, han optado por dialogar con el "enemigo". Ortega en Nicaragua lo dijo expresamente, Correa, en Ecuador, inteligentemente, lo ha instrumentado sin mucho alboroto, los anteriores Tabaré Vásquez, del Uruguay y la Bachelet de Chile, ya han mostrado con más claridad la importancia de dialogar. El gobierno venezolano, lamentablemente, no entra por el aro tan fácilmente pese a separarse del "comunismo", según palabras del mismo nuevo presidente. Su Canciller responde al ofrecimiento del norte, con condiciones. Es absurdo pensar que Estados Unidos dialogará y mejorará las relaciones con Caracas si se entregan algunos a los cuales el régimen quiere tener bajo sus rejas, como los numerosos detenidos políticos que llenan las cárceles militares en el país. Es torpe plantear un diálogo condicionado. A lo mejor es parte de la estrategia del régimen para mostrar independencia y autonomía, para liderar la región. Bueno, el tiempo lo dirá. Pero no parece tan acertado un planteamiento así a estas alturas. Afuera el diálogo parece progresar, a pesar de las posiciones de Caracas. Adentro, se asoma una posibilidad pero algunos, como el vicepresidente, se encargan de afirmar que ese no es el camino. Entonces, ¿adonde vamos? La revolución no se negocia, es verdad. Su dirigencia misma lo ha dicho de muchas formas y en distintos momentos. De allí que sólo se pueda imponer, ahora más con un respaldo electoral que nunca ha sido muy claro. El gobierno tiene ante si dos caminos. O impone el proyecto bolivariano, desconsiderando a millones de venezolanos que no piensan que esa es la vía más acertada o dialogan y lograrán con el apoyo de todos establecer un modelo progresista, tolerante, amplio, para todos los venezolanos. No es fácil pensar en que los revolucionarios cedan ante la necesidad del diálogo y se sienten en una mesa para suavizar las medidas que ya han considerado adoptar en el corto plazo. Pero quizás haya algo más en el fondo y dadas las condiciones afuera, el diálogo referido y el cambio político en Cuba, más las dificultades en Bolivia y la nueva visión europea de la situación en la región, el gobierno se dé cuenta que debe sentarse y considerar algunas alternativas. Eso sería más inteligente. No hay dudas también de que los venezolanos quieren paz y tranquilidad y no más confrontación. El gobierno tiene una oportunidad de mostrar su vocación democrática y pluralista. La pelota está en sus manos. La oposición, más organizada que antes, velará por los avances de la revolución y propiciará y participará, estoy seguro, en conversaciones y diálogos que puedan llevar a la creación de un modelo político económico y social en donde tengan cabida todos los venezolanos. Bueno, podrían pensar algunos que estamos cediendo ante el proyecto, otros que hay debilidad en la oposición, algunos otros que es demasiado fantástico para ser realidad, Pero lo cierto es que ello es posible sin que la oposición deje de ser oposición, como hemos dicho antes. Un diálogo debe abrirse, hacia fuera y hacia adentro, pero sin condiciones. De lo contrario sería seguir en el mismo espacio de confrontación que solamente producen tensiones e infelicidad y repito, los venezolanos queremos ya la paz, pero sin condiciones. Nuestros derechos no los podemos entregar al primer postor. Se trata de los derechos de todos los venezolanos, los de hoy y las nuevas generaciones que esperan de nosotros que, precisamente, hagamos un país para todos. De nuevo debo decir, la pelota está en el campo del oficialismo. Ojalá algunos interlocutores, como el vicepresidente, permitan avanzar el diálogo a menos que su estrategia sea distinta y se centre en la división y el totalitarismo. Una nueva etapa comienza para unos y otros. La actitud de la oposición dependerá del éxito el fracaso de una apertura que, por cierto, deberá comenzar por la liberación de todos los presos de conciencia, de la liberación de todos aquellos que piensan distinto y que ejercen su derecho a disentir dignamente. El diálogo se inicia sobre esa base. carmona@gwu.edu Robert Carmona-Borjas Publicado el 16-12-2006 © Copyright 2006. Globovisión Tele C.A. Todos Los Derechos Reservados |
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15th July 21:16
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Dialogar, pero sin condiciones
Ahora todos hablamos de diálogo, un término que refleja madurez, sosiego. Es cierto, es una postura constructiva porque, definitivamente, las partes opuestas deben agotarlo para avanzar en la construcción de un proyecto, cualquiera que sea. Sentarse y conversar es la primera fase del diálogo. El elemento buena fe y la sinceridad son intrínsecos a todo diálogo. Nos preguntamos si el gobierno tiene o no la voluntad real y seria de dialogar, es decir, si hay o no buena fe para ello. El diálogo afuera se plantea interesante. Hasta el gobierno de transición de Cuba, presidido por Raúl Castro, ha mostrado interés por dialogar con el "enemigo". La verdad es que es una postura sensata de lo contrario su vida política y la de su gente se acortaría aún más. Los nuevos presidentes de izquierda, incluido Lula, quien se separa ahora por comodidad, aunque torpemente, de su pensamiento izquierdista, para ubicarse en la social democracia, han optado por dialogar con el "enemigo". Ortega en Nicaragua lo dijo expresamente, Correa, en Ecuador, inteligentemente, lo ha instrumentado sin mucho alboroto, los anteriores Tabaré Vásquez, del Uruguay y la Bachelet de Chile, ya han mostrado con más claridad la importancia de dialogar. El gobierno venezolano, lamentablemente, no entra por el aro tan fácilmente pese a separarse del "comunismo", según palabras del mismo nuevo presidente. Su Canciller responde al ofrecimiento del norte, con condiciones. Es absurdo pensar que Estados Unidos dialogará y mejorará las relaciones con Caracas si se entregan algunos a los cuales el régimen quiere tener bajo sus rejas, como los numerosos detenidos políticos que llenan las cárceles militares en el país. Es torpe plantear un diálogo condicionado. A lo mejor es parte de la estrategia del régimen para mostrar independencia y autonomía, para liderar la región. Bueno, el tiempo lo dirá. Pero no parece tan acertado un planteamiento así a estas alturas. Afuera el diálogo parece progresar, a pesar de las posiciones de Caracas. Adentro, se asoma una posibilidad pero algunos, como el vicepresidente, se encargan de afirmar que ese no es el camino. Entonces, ¿adonde vamos? La revolución no se negocia, es verdad. Su dirigencia misma lo ha dicho de muchas formas y en distintos momentos. De allí que sólo se pueda imponer, ahora más con un respaldo electoral que nunca ha sido muy claro. El gobierno tiene ante si dos caminos. O impone el proyecto bolivariano, desconsiderando a millones de venezolanos que no piensan que esa es la vía más acertada o dialogan y lograrán con el apoyo de todos establecer un modelo progresista, tolerante, amplio, para todos los venezolanos. No es fácil pensar en que los revolucionarios cedan ante la necesidad del diálogo y se sienten en una mesa para suavizar las medidas que ya han considerado adoptar en el corto plazo. Pero quizás haya algo más en el fondo y dadas las condiciones afuera, el diálogo referido y el cambio político en Cuba, más las dificultades en Bolivia y la nueva visión europea de la situación en la región, el gobierno se dé cuenta que debe sentarse y considerar algunas alternativas. Eso sería más inteligente. No hay dudas también de que los venezolanos quieren paz y tranquilidad y no más confrontación. El gobierno tiene una oportunidad de mostrar su vocación democrática y pluralista. La pelota está en sus manos. La oposición, más organizada que antes, velará por los avances de la revolución y propiciará y participará, estoy seguro, en conversaciones y diálogos que puedan llevar a la creación de un modelo político económico y social en donde tengan cabida todos los venezolanos. Bueno, podrían pensar algunos que estamos cediendo ante el proyecto, otros que hay debilidad en la oposición, algunos otros que es demasiado fantástico para ser realidad, Pero lo cierto es que ello es posible sin que la oposición deje de ser oposición, como hemos dicho antes. Un diálogo debe abrirse, hacia fuera y hacia adentro, pero sin condiciones. De lo contrario sería seguir en el mismo espacio de confrontación que solamente producen tensiones e infelicidad y repito, los venezolanos queremos ya la paz, pero sin condiciones. Nuestros derechos no los podemos entregar al primer postor. Se trata de los derechos de todos los venezolanos, los de hoy y las nuevas generaciones que esperan de nosotros que, precisamente, hagamos un país para todos. De nuevo debo decir, la pelota está en el campo del oficialismo. Ojalá algunos interlocutores, como el vicepresidente, permitan avanzar el diálogo a menos que su estrategia sea distinta y se centre en la división y el totalitarismo. Una nueva etapa comienza para unos y otros. La actitud de la oposición dependerá del éxito el fracaso de una apertura que, por cierto, deberá comenzar por la liberación de todos los presos de conciencia, de la liberación de todos aquellos que piensan distinto y que ejercen su derecho a disentir dignamente. El diálogo se inicia sobre esa base. carmona@gwu.edu Robert Carmona-Borjas Publicado el 16-12-2006 © Copyright 2006. Globovisión Tele C.A. Todos Los Derechos Reservados |
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Ahora todos hablamos de diálogo, un término que refleja madurez, sosiego. Es cierto, es una postura constructiva porque, definitivamente, las partes opuestas deben agotarlo para avanzar en la construcción de un proyecto, cualquiera que sea. Sentarse y conversar es la primera fase del diálogo. El elemento buena fe y la sinceridad son intrínsecos a todo diálogo. Nos preguntamos si el gobierno tiene o no la voluntad real y seria de dialogar, es decir, si hay o no buena fe para ello. El diálogo afuera se plantea interesante. Hasta el gobierno de transición de Cuba, presidido por Raúl Castro, ha mostrado interés por dialogar con el "enemigo". La verdad es que es una postura sensata de lo contrario su vida política y la de su gente se acortaría aún más. Los nuevos presidentes de izquierda, incluido Lula, quien se separa ahora por comodidad, aunque torpemente, de su pensamiento izquierdista, para ubicarse en la social democracia, han optado por dialogar con el "enemigo". Ortega en Nicaragua lo dijo expresamente, Correa, en Ecuador, inteligentemente, lo ha instrumentado sin mucho alboroto, los anteriores Tabaré Vásquez, del Uruguay y la Bachelet de Chile, ya han mostrado con más claridad la importancia de dialogar. El gobierno venezolano, lamentablemente, no entra por el aro tan fácilmente pese a separarse del "comunismo", según palabras del mismo nuevo presidente. Su Canciller responde al ofrecimiento del norte, con condiciones. Es absurdo pensar que Estados Unidos dialogará y mejorará las relaciones con Caracas si se entregan algunos a los cuales el régimen quiere tener bajo sus rejas, como los numerosos detenidos políticos que llenan las cárceles militares en el país. Es torpe plantear un diálogo condicionado. A lo mejor es parte de la estrategia del régimen para mostrar independencia y autonomía, para liderar la región. Bueno, el tiempo lo dirá. Pero no parece tan acertado un planteamiento así a estas alturas. Afuera el diálogo parece progresar, a pesar de las posiciones de Caracas. Adentro, se asoma una posibilidad pero algunos, como el vicepresidente, se encargan de afirmar que ese no es el camino. Entonces, ¿adonde vamos? La revolución no se negocia, es verdad. Su dirigencia misma lo ha dicho de muchas formas y en distintos momentos. De allí que sólo se pueda imponer, ahora más con un respaldo electoral que nunca ha sido muy claro. El gobierno tiene ante si dos caminos. O impone el proyecto bolivariano, desconsiderando a millones de venezolanos que no piensan que esa es la vía más acertada o dialogan y lograrán con el apoyo de todos establecer un modelo progresista, tolerante, amplio, para todos los venezolanos. No es fácil pensar en que los revolucionarios cedan ante la necesidad del diálogo y se sienten en una mesa para suavizar las medidas que ya han considerado adoptar en el corto plazo. Pero quizás haya algo más en el fondo y dadas las condiciones afuera, el diálogo referido y el cambio político en Cuba, más las dificultades en Bolivia y la nueva visión europea de la situación en la región, el gobierno se dé cuenta que debe sentarse y considerar algunas alternativas. Eso sería más inteligente. No hay dudas también de que los venezolanos quieren paz y tranquilidad y no más confrontación. El gobierno tiene una oportunidad de mostrar su vocación democrática y pluralista. La pelota está en sus manos. La oposición, más organizada que antes, velará por los avances de la revolución y propiciará y participará, estoy seguro, en conversaciones y diálogos que puedan llevar a la creación de un modelo político económico y social en donde tengan cabida todos los venezolanos. Bueno, podrían pensar algunos que estamos cediendo ante el proyecto, otros que hay debilidad en la oposición, algunos otros que es demasiado fantástico para ser realidad, Pero lo cierto es que ello es posible sin que la oposición deje de ser oposición, como hemos dicho antes. Un diálogo debe abrirse, hacia fuera y hacia adentro, pero sin condiciones. De lo contrario sería seguir en el mismo espacio de confrontación que solamente producen tensiones e infelicidad y repito, los venezolanos queremos ya la paz, pero sin condiciones. Nuestros derechos no los podemos entregar al primer postor. Se trata de los derechos de todos los venezolanos, los de hoy y las nuevas generaciones que esperan de nosotros que, precisamente, hagamos un país para todos. De nuevo debo decir, la pelota está en el campo del oficialismo. Ojalá algunos interlocutores, como el vicepresidente, permitan avanzar el diálogo a menos que su estrategia sea distinta y se centre en la división y el totalitarismo. Una nueva etapa comienza para unos y otros. La actitud de la oposición dependerá del éxito el fracaso de una apertura que, por cierto, deberá comenzar por la liberación de todos los presos de conciencia, de la liberación de todos aquellos que piensan distinto y que ejercen su derecho a disentir dignamente. El diálogo se inicia sobre esa base. carmona@gwu.edu Robert Carmona-Borjas Publicado el 16-12-2006 © Copyright 2006. Globovisión Tele C.A. Todos Los Derechos Reservados |
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