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21st July 01:26
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Derdad como un templo
Esta columna está demoledora y retrata de cuerpo entero esos
ejemplares ilógicos y antilógicos que militan en el PNP.
Roberto
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Pillo, pillo, pillo!
Por: Celeste Benítez
El domingo pasado, Aníbal Acevedo Vilá, comisionado residente y
candidato a gobernador por el PPD, visitó Maricao en jira de campaña
para participar del Festival del Acabe. A la una de la tarde, Aníbal
finalizó su visita allí para seguir ***pliendo con un apretado
itinerario de actividades proselitistas, ese fin de semana.
A las 4:30 p.m. de ese mismo día, el ex gobernador Pedro Rosselló
se presentó en Maricao a buscar votos en el mismo lugar donde, horas
antes, había estado su contrincante a la gobernación por el Partido
Popular. En la edición de EL VOCERO del pasado lunes 16, y con el título
de "Insultos a Rosselló en Maricao", la redactora Liz Arelis Cruz
Maisonave reseñó los incidentes que allí se suscitaron de la siguiente
manera :
"La acogida inicial al candidato a la gobernación por el PNP fue
positiva, según se informó. Pero luego empezaron a gritarle ‘pillo,
pillo’. (...) Participantes de la actividad, como Leonel Orama, aseguran
que el coro se originó en un grupo reducido de personas, pero que se fue
extendiendo hasta que decenas de personas lo repetían. Además, añadió
que le lanzaron vasos y botellas de agua (al candidato penepeísta)."
El director de prensa de la campaña de Rosselló, Javier Maymí,
inmediatamente acusó a dos o tres "miembros de la avanzada de Acevedo
Vilá por las camisetas que llevaban puestas" como los causantes del
incidente. En EL VOCERO del miércoles pasado, Rosselló se hizo eco de
esa acusación irresponsable, repitiendo la misma mentira de su director
de prensa.
Esta es la segunda vez que Rosselló es recibido con gritos de
"¡Pillo, pillo, pillo!" en un acto público. La primera fue en una
cartelera de boxeo a principios del pasado mes de diciembre en el
Coliseo Rubén Rodríguez de, "of all places", Bayamón. Como de costumbre,
la gente de Rosselló negó inmediatamente que aquella gritería atronadora
había ocurrido.
"No, ¡qué va!", tuvieron el descaro de decir. "La gente no gritaba
‘¡Pillo, pillo, pillo! Lo que gritaban era ‘¡Tito, Tito, Tito!’, como un
saludo a Tito Trinidad."
Pero como mi abuela decía que "más fácilmente se coge a un
embustero que a un ladrón", muy pronto apareció una grabación en
videocinta de aquel evento deportivo. En ella se oían muy claramente los
gritos estentóreos de "¡Pillo, pillo, pillo!" que estremecían el estadio
bayamonés.
Pero aquella demoledora confrontación con la verdad no es
obstáculo para que algunos fanáticos rabiosos del PNP sigan por ahí
repitiendo la patraña de "No era ‘¡Pillo!’ lo que gritaba la gente, sino
‘!Tito!" Sí, Tito...
Es interesante notar que ambos incidentes se han producido en
municipios controlados por el PNP. Bayamón es, desde luego, un baluarte
de la Palma desde las elecciones de 1976, donde el batón de mando
alcaldicio ha pasado de manos del padre a las manos de su hijo. La
ciudad del chicharrón funciona como si fuera una monarquía hereditaria
de los azules. El municipio de Maricao, por su parte, cayó en las garras
del PNP en las elecciones de 1996, y desde entonces el Partido Popular
no ha sido capaz de reconquistarlo.
La pregunta que debiera hacerse Pedro Rosselló es, "¿Por qué me
gritan ‘¡Pillo!’ en mi propio territorio, la gente mía, en el patio de
mi casa?"
La respuesta fácil y politiquera es, "Ese fue un complot urdido
por Aníbal, ¡la culpa la tiene Aníbal!" y seguir por ahí descargando
todo su coraje y sus frustraciones contra su adversario, a quien se
insulta y denigra de la peor manera posible.
Pero si Pedro Rosselló fuera un hombre honesto, respetuoso de la
verdad, tendría que preguntarse, "¿Por qué me grita ‘¡Pillo!’ mi propia
gente?"
Ahí tendría el ex gobernador que examinar su trayectoria de ocho
años como Presidente del PNP y Gobernador de Puerto Rico y formularse
preguntas como las siguientes:
o "¿Por qué contraté al Dr. Yamil Kourí para ofrecer un seminario
sobre los estilos de mi nuevo equipo de gobierno en noviembre de 1992 y
lo puse a cargo de mi ‘reforma de Salud’ en el 1993?"
o "¿Por qué le permitía al convicto ex alcalde de Toa Alta, Ángel
"Buzo" Rodríguez Cabrera, organizar aquellas bebelatas desenfrenadas en
los alrededores del Capitolio cada vez que yo pronunciaba un Mensaje de
Estado, que no hacían otra cosa que denigrar los actos y crear un
ambiente de corrupción moral en mi entorno?"
o "¿Por qué le permití a mi ‘pana’ Víctor Fajardo convertir el
Departamento de Educación en la ATH del partido que yo presidía?"
o "¿Por qué les permití a Ángel Luis Ocasio, mi Subsecretario de
Gobernación; a ‘Angie’ Rivera, mi Ayudante Especial; y a Anabel Guillén,
la Ayudante Especial de mi esposa Maga, convertir La Fortaleza en una
guarida de ladrones?"
o "¿Por qué los ‘megaproyectos’ que se iniciaron bajo mi
gobernación -el Tren Urbano, el ‘Supertubo’ y el Coliseo José Miguel
Agrelot- se convirtieron desde el primer día en antros de corrupción y
de despilfarro?"
o "¿Por qué tantos de mis más estrechos colaboradores han sido
procesados y convictos por malversación de fondos?"
Si Pedro Rosselló fuera capaz de formularse esas preguntas, no
tendría dificultad alguna en entender por qué la gente le grita "¡Pillo,
pillo, pillo!" donde quiera que lo ven, tratando de buscar votos.
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