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2nd July 00:25
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La receta del Profesor Jorge
La receta del Profesor Jorge
Luis Ortega
El profesor Antonio Jorge es un hombre amable y pacÃ*fico que ejerce como
profesor de EconomÃ*a y Relaciones Internacionales en la Universidad
Internacional de la Florida. Yo no dudo de la honestidad y la sinceridad del
profesor Jorge. El hombre lleva ya muchos años en Miami y ha estado siempre
muy vinculado a los grupos anticastristas que dominan la zona. De vez en
cuando, el profesor va al programa del locutor Pérez Roura, por las tardes, y
diserta en forma interminable y monótona, como debe hacerlo siempre un buen
profesor, y me imagino que los oyentes de la emisora hacen esfuerzos por no
dormirse.
Habla bien, con inteligencia, enfoca sus análisis con mucha seriedad. Desde
que lo conozco, hace más de 30 años, siempre lo he oÃ*do asegurar que el
régimen de Cuba ya está agonizando y que, de acuerdo con las leyes de la
economÃ*a, se encuentra a punto del colapso. Es sorprendente que Castro se
mantenga en el poder. Es un milagro. Es inexplicable. Semana tras semana, dÃ*a
tras dÃ*a, año tras año, el profesor analiza el cuadro de Cuba y se muestra
perplejo. A veces, en algunos momentos de debilidad, he querido que Castro se
caiga nada más que para ver a Jorge contento y feliz al comprobar que sus
recetas han sido eficaces. Pero el malvado sigue ahÃ*. No se cae.
Ahora, el profesor ha decidido montarse en el carro del radicalismo.
Recientemente, he leÃ*do una página entera del Diario Las Américas en la cual
mi amigo expone su programa para acabar con Castro y, por supuesto, con Cuba.
Es un largo mamotreto de una página entera, al parecer continuación de otro
del mismo tamaño, que no tuve la oportunidad de leer. Todas sus
consideraciones son muy atinadas y aburridas y voy a pasarlas por alto. Lo que
me importa reseñar son los ocho puntos que resumen la propuesta del profesor.
Cada punto es extenso, pero yo lo voy a resumir para comodidad del lector
apresurado.
En el primer punto sugiere que los Estados Unidos, en coordinación con la
Unión Europea, adopten medidas restrictivas al comercio directo e indirecto
con Cuba. Sugiere cerrar el tráfico aéreo y la navegación. Presionar a
Europa, Canadá, Japón y Latinoamérica para aplicar sanciones económicas,
bancarias y financieras.
Segundo punto: Supresión de los viajes de turismo a Cuba.
Tercer punto: supresión de las remesas familiares, sancionar a los que
trafican desde terceros paÃ*ses.
Cuarto: impedir los ingresos financieros al régimen. Suprimir todo envÃ*o
superfluo o ilegal de recursos.
Quinto: el gobierno de los Estados Unidos debe impedir todas las actividades
que se realizan en Cuba, como conferencias, reuniones internacionales, etc.
Sexto: encausar a Fidel Castro y a sus allegados ante los tribunales
internacionales.
Séptimo: una campaña internacional para difundir la verdad sobre Cuba.
Octavo y último: incrementar los programas de Radio y TV MartÃ* para que
lleguen a todo el pueblo de Cuba de manera que conozcan la verdad. Esos son los
ocho puntos que propone el profesor Antonio Jorge para acabar con Castro y,
supongo, también con el pueblo de Cuba. El profesor cree, honestamente, que
eso es lo que debe hacer Washington para terminar, de una vez, la pesadilla de
Castro. En ningún momento la voluntad del profesor flaquea ni se deja dominar
por la duda. Hay que arrasar con todo. Es decir, Washington debe arrasar con
todo, porque todo el programa del profesor se basa en que sea el gobierno de
los Estados Unidos el que lleve a plena ejecución sus ocho puntos. Durante su
largo y tedioso documento, en ningún momento el profesor Antonio Jorge se
detiene a tomar en cuenta el sufrimiento del pueblo cubano que va a ser
arrasado y bloqueado por el vecino del norte. Estoy seguro de que nadie ha
leÃ*do el documento histórico del profesor, porque aquÃ* nadie lee nada ni
sabe nada de nada. Pero estoy seguro de que si se difundiera debidamente todos
los energúmenos de Miami aplaudirÃ*an con manos y pies.
POSTDATA.- Mario Llerena escribe semanalmente en el unánime periódico Diario
Las Américas. Digo unánime, y podrÃ*a decir monocorde, porque todos son del
mismo ánimo. Y monocorde porque todos los que escriben son de la misma cuerda.
Son una cuerda de columnistas que llevan 50 años diciendo siempre lo mismo y
sin detenerse para tomar un poco de aire. En periodismo eso es un milagro que
debe destacarse. Nunca, jamás, se ha dado el caso de que una de las reses de
esta manada haya escapado al ojo del vaquero. Pero menciono a Llerena como
parte de la manada con algo de pena. No hay nada más triste que la
inteligencia vencida. Yo nunca he conocido a Mario Llerena, pero le admiraba su
inteligencia y su buena prosa. En Cuba, en la que ya se pierde en las brumas
del pasado, la anterior a 1959, Llerena colaboraba asiduamente en Bohemia con
artÃ*culos muy lúcidos. Luego se incorporó al Movimiento 26 de Julio y se
convirtió en su delegado en los Estados Unidos. No sé lo que pasó. Es
posible que Llerena haya tenido razones para apartarse del movimiento y
sumergirse en el olvido. Creo que publicó un libro, que no he leÃ*do.
Es posible que haya tenido razones válidas para apartarse. En los últimos
tiempos, 44 años después, Llerena aparece escribiendo en el Diario Las
Américas. De vez en cuando me cae uno de sus artÃ*culos en las manos. PodrÃ*a
esperarse de la inteligencia superior de Llerena que fuera una voz
independiente y diáfana en el ámbito de miseria intelectual de Miami. Es
decir, alguien que le hiciera oposición al régimen de Cuba a un nivel más
alto. Pero, no. Sorprendentemente, Mario Llerena se ha convertido en el tribuno
de la chusma de Miami, con la particularidad de que la misma chusma ni se ha
dado por enterada.
En el último artÃ*culo que he leÃ*do, Mario Llerena exige que los marines
desembarquen en Cuba. Habla de cómo los americanos liberaron a Iraq y a
Panamá y pregunta: “¿Qué, pues, detiene a Estados Unidos de extinguir este
polvorÃ*n de hostilidad a sus mismas puertas? El bestiario de Miami es
comprensible. Lo lamentable es ver a un hombre de la calidad de Llerena caer en
ese ambiente.
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