Métase usted en la cama
Varios centenares de perros, manejados por policías, estarán recorriendo
hoy las calles de Londres para descubrir, si acaso, quienes son los que
querrían estropear la visita del presidente Bush. Pero también miles de
policías recorrerán las calles para cuidar al presidente americano. Y 250
miembros del Servicio Secreto de Estados Unidos seguirán al presidente a
todas partes. Varios helicópteros estarán sobrevolando sobre la ciudad.
Alrededor de 40 vehículos blindados seguirán a Bush a todas partes. Bush
viajará por las calles de Londres en un Cadillac indestructible,
especialmente diseñado para soportar cualquier tipo de ataque. En un radio
de ocho kilómetros no podrá volar ningún avión. Nunca se habían hecho en
Londres un desplazamiento de fuerzas de tal magnitud para proteger a un
visitante. Los ingleses deben estar indignados porque se sienten que tienen
que gastar alrededor de 17 millones de dólares para proteger al presidente
americano, con la agravante de que nadie entiende en el país por qué es
necesario que Bush los visite durante cuatro días. Más de cien mil ingleses
harán una manifestación el próximo jueves por las calles de Londres para
protestar de la visita del ejecutivo americano.
Mientras tanto, en Miami, miles de personas convergen en el centro de la
ciudad para protestar contra todo y, sobre todo, contra la ***bre
ministerial del Area de Libre Comercio. Estas gentes vienen de todos los
rincones del país para protestar contra la ***bre. Nadie les paga el viaje
ni los gastos de comida y vivienda. Vienen a protestar contra todo porque
se sienten víctimas de un mundo cada vez más poblado y cada vez más
inclemente.
A medida que aumenta la población del mundo y más gentes, millones de ellas,
sienten que han sido abandonadas a su suerte, y que no tienen esperanzas de
una vida mejor se va formando en el mundo un sobrante de humanidad cada vez
mayor. Una pequeña porción de ese exceso de humanidad que los grandes
imperios quisieran hacer desaparecer, pero que no pueden, es la que va a
estar presente en las calles de Miami para dejar constancia de que existen,
de que están ahí, esperando su turno, que nunca llega. No importa, en
realidad, saber qué es lo que reclaman, qué es lo que exigen. Ni ellos
mismos lo saben. Son gentes que comen mal, viven mal, no tienen acceso a
los bienes del mundo, no tienen esperanzas. Los gobiernos dominados por
minorías agazapadas no pueden resolver los problemas de los desposeídos, que
cada vez son más. Periódicamente, estas masas humanas salen a la superficie
para echarles a perder la digestión a los privilegiados.
Siempre ha habido policías, en todas partes del mundo, dispuestos a
entrarle a palos a los que protestan por su abandono. Siempre ha habido
gentes que se solidarizan con la policía y exigen que se apliquen las
ordenanzas sin contemplaciones. Eso es lo que lo que vamos a ver en Miami
en los próximos días. Miami, desde ayer, es una ciudad sitiada, ocupada por
miles de policías, esperando el momento en que algún manifestante viole las
rigurosas y ridículas ordenanzas que han establecido, para caerle a golpes
y meterlo en una celda.
Lo único inteligente que se puede hacer en estos días para no tener que
saber cómo es la cosa y cómo es que estas gentes que predican el orden y
achuchan a la policía le rinden culto a la bestialidad. Lo único que se
puede hacer es meterse uno en la cama y taparse la cabeza con la almohada.
Comentario de Luis Ortega en Radio-Miami, miércoles, 19 de noviembre 2003.
http://www.radio-miami.com/ultimas_edics/ed111903/texto/nota111903.htm
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