Mombu the Culture Forum sponsored links

Go Back   Mombu the Culture Forum > Culture > _____________________La_casa_______por__:___Luis_C ino___
User Name
Password
REGISTER NOW! Mark Forums Read

sponsored links


Reply
 
1 19th June 12:24
pedro martori
External User
 
Posts: 1
Default _____________________La_casa_______por__:___Luis_C ino___



Asunto: La casa

La casa
Luis Cino

LA HABANA, agosto (http://www.cubanet.org) - A poco teme Manuel en la vida. Su
mayor miedo es perder la casa. Es una de las cosas que le han dicho que
perderá si la Revoluciòn cayera, amén del hospital gratis y la educación
para sus nietos. Además, sería explotado por capitalistas despiadados, sus
nietos caerían en la droga y el pandillerismo, y su hijo mayor, que es
militante del Partido, tendría que enfrentar tormentos peores que los de Abu
Grahib.

Lo dice el periódico Granma, la radio, la TV, el presidente del CDR, el
compañero Alarcón y el delegado del Poder Popular. No cesan de decirlo desde
que se anunciaron las medidas de Bush. Jamás un presidente americano le
había causado tantos dolores de cabeza a Manuel.

Manuel nunca ha hecho mucho caso a lo que dice el gobierno. En realidad,
ningún caso. De su lealtad a la Revolución sólo queda una pequeña chapa
clavada en la puerta, en la que el óxido apenas permite leer la inscripción:
"Fidel, ésta es tu casa".

No han sido pocos los problemas que ha tenido por hablar más de la cuenta
sin reparar en oídos indiscretos. Sus "bateos" en las colas de la bodega son
antológicos. Nunca le preocupó demasiado "la supervivencia del socialismo y
sus logros". Siempre dice que "de aquí pa'lante no hay más pueblo". Que "si
va a llover, que llueva, lo que no quiero es chin-chin".

A los 58 años, es un hombre acostumbrado a vivir de su sudor. Los hombres de
trabajo no creen en futuros inciertos: "Mientras yo tenga fuerzas, mi
familia no pasa hambre, con ningún gobierno, olvídate de eso".

Pero siente pánico de perder su casa y verse otra vez como en su niñez,
rodando con sus padres y sus dos hermanos por las cuarterías y solares de La
Habana. Ha conversado acerca de su preocupación con comunistas, disidentes y
santeros. Todos dicen algo distinto, pero ninguno logra calmar su inquietud.

Sólo está seguro de una cosa: para desalojarlo de su casa a él y a los suyos
hay que matarlo.

En 1961, la Reforma Urbana le dio a su padre el caserón de La Víbora. Sus
dueños se habían ido a Miami hacía una semana. Cuando rompieron el sello y
franquearon el umbral, con sus pocos tarecos a cuestas, pareció un sueño.
Sería una horrible pesadilla que, más de 43 años después, Angel Villegas o
sus descendientes, apoyados por papeles y gendarmes, aparezcan a reclamar lo
suyo.

Manuel los entiende. No tiene nada contra ellos. Pero ésta, ahora, es su
casa. Aquí se hizo hombre, murieron sus padres y nacieron sus hijos. Calcula
que lo que han pagado el viejo y él en todos estos años es más de lo que le
costó al propietario original.

Su padre pagaba un alquiler mensual de 20 pesos. En 1971 le dieron el título
de propiedad. A la muerte del viejo, en 1975, Manuel tuvo que empezar a
pagar alquiler de nuevo. La propiedad de la vivienda era a título personal,
intransferible. Su padre murió sin dejar testamento. Manuel no tenía dinero
para pagar un abogado ni paciencia para meterse en el intríngulis
burocrático de la declaratoria de herederos. Es probable que muera sin haber
terminado de pagar la casa.

La casa ya no es ni sombra de lo que fue. No es fácil hoy en día mantener un
caserón de cinco cuartos y dos baños. Agrietada, falta de pintura, con
goteras, los cristales de las ventanas rotos y la plomería en estado
deplorable, sigue siendo una casa grande y cómoda. Lo suficiente para
albergar a 12 personas, aunque sea recurriendo a barbacoas, tabiques e
improvisadas divisiones.

Hasta el jardín ha cambiado en este tiempo. Era amplio y bonito, como el
jardín bíblico en que crecía el árbol de la vida. La necesidad lo ha hecho
***plir muchas otras funciones: cocina, lavandería, cabaret, terreno
deportivo, refugio amatorio, cagadero, mingitorio, vertedero y almacén de
materiales de construcción, además de cementerio de las mascotas de la
familia.

El período especial lo transformó en huerta para el abastecimiento familiar,
que Manuel y los suyos atienden con esmero, dedicación y una perenne guerra
contra las bibijaguas. Además, crían conejos y puercos en los improvisados
corrales del patio, rigurosamente guardados de ladrones por turnos nocturnos
de guardia, con machetes y reformazas por un imponente perro Doberman.

Para Manuel, su casa es intocable. En ella es soberano absoluto. Ni siquiera
la proliferación de su familia lo ha hecho siquiera considerar la idea de
permutar. A regañadientes ha ido aceptando las sucesivas particiones de la
casona. En ellas, sus hijos, con sus respectivas esposas y niños, gozan de
autonomía limitada. El pone los límites. Lo hará mientras viva.

De sus predios han sido expulsados, como bola por tronera, responsables de
vigilancia y presidentes del CDR, chivatientes combativos, jefes de sector,
portadores de citaciones del comité militar, inspectores de vivienda y de
comunales, predicadores evangélicos, vendedores impertinentes, visitantes
inoportunos, fumigadores, esposas celosas y maridos agraviados. Varios
rateros han escapado con huesos rotos y casi despedazados por los perros.

La insistencia de la propaganda oficial en los riesgos de que lo desalojen
de su casa ha trastornado tanto a Manuel que sus hijos decidieron llevarlo
al psiquiatra.

Había comenzado a erigir una barricada en el portal, a almacenar provisiones
y a leer manuales sobre las experiencias de guerrillas en Vietnam y El
Salvador.

Costó mucho convencerlo para que acudiera al médico. Este le recetó dosis de
sedantes como para dormir a un rinoceronte. Durante horas le explicó que si
algún día regresan los descendientes de Angel Villegas les será más práctico
construirse una nueva mansión en algún reparto en las afueras de La Habana.

Manuel se ha calmado un poco. No obstante, guarda una mandarria de 25 libras
detrás de la puerta. Dice, y no bromea, que si un día aparecen los antiguos
dueños a reclamar la casa, la demolerá a mandarriazos. En vista del estado
de la casa, la tarea le resultará fácil.


---
Outgoing mail is certified Virus Free.
Checked by AVG anti-virus system (http://www.grisoft.com).
Version: 6.0.719 / Virus Database: 475 - Release Date: 7/12/2004
  Reply With Quote


  sponsored links


2 19th June 12:24
pedro martori
External User
 
Posts: 1
Default Los olvidados Rafael Ferro Salas, UPECI



Los olvidados...
Los olvidados

Los olvidados
Rafael Ferro Salas, UPECI

PINAR DEL RÍO, agosto (http://www.cubanet.org) - La provincia Pinar del Río está
ubicada a 147 kilómetros al oeste de Ciudad de La Habana. Tiene la desdicha
de ser, por obra y gracia de la naturaleza, el centro de diana de los
huracanes que azotan anualmente la región del Caribe.

En el año 2000 la tragedia marcó este territorio y a su gente con un odio
brutal. Dos huracanes de alta intensidad pasaron, dejando a miles de
familias sin casas. Tuve la oportunidad de estar en los sitios más
castigados por lo vientos y las lluvias, y les aseguro que aquello era
similar a un paisaje después de la guerra.

El tiempo pasó y la gente intentó vivirlo con esperanzas para ir dejando a
un lado los malos recuerdos y las miserias.

Han pasado dos años desde que los ciclones Isidore y Lili castigaron a Pinar
del Río, y acompañado de un colega fui a visitar un campamento donde tienen
a muchos de los damnificados por los ciclones del año 2002.

Las autoridades de gobierno en la provincia decidieron concentrar a estas
personas en lugares habilitados que llaman albergues. El lugar que visitamos
está ubicado en la comunidad Briones Montoto, a ocho kilómetros de la
capital pinareña. Allí tienen desde hace dos años a más de 500 niños,
mujeres, hombres y ancianos. Cada cierto tiempo visita el lugar un
funcionario del estado y les da una arenga para estimularlos a seguir
"resistiendo" y "confiar" ciegamente en la revolución.

Lo cierto es que esas familias siguen viviendo en completo hacinamiento en
una especie de barraca gigante repleta de literas en las que intentan dormir
cada noche entre pesadillas y sustos. Aún esperan por la construcción de sus
casas y el estado cubano no responde con hechos. Promesas, sólo promesas.

Entrevistamos a varios damnificados que viven en ese infierno. Una señora
que cargaba a un niño nos dijo: "Cuando vine albergada para acá mi hijo
acababa de nacer. Ya va a ***plir dos años y no sabe lo que es tener casa.
Aquí viene un dirigente cada dos o tres meses y nos hace el mismo cuento de
siempre. Habla de la escasez de recursos, del bloqueo de los Estados Unidos
contra Cuba. En fin, todo para justificar el abuso que tienen con nosotros.
No ***plen nada".

Un señor de la raza negra quiso dar su testimonio: "Me llamo Ariel
Carbonell. Soy mecánico de profesión. Mi casa la destruyó el ciclón Lili.
Allí lo perdí todo. Me trajeron para este albergue prometiéndome que
enseguida nos darían los materiales para construir las casas nuevas. Todo
fue mentira. Sabemos que hasta hace poco había en los almacenes de la
construcción un jefe que se dedicaba a vender los materiales que eran para
nuestras casas. Ahora pusieron a otro que seguramente hace lo mismo. Es muy
grande el relajo que hay en este país. Aquí nos vamos a morir de viejos
todos los que estamos albergados. Yo tengo ya sesenta y dos años; algo me
dice que no veré otra vez una casa mía".

En medio de la entrevista alguien anuncia, gritando, la llegada del camión
con la comida. Una verdadera avalancha de gritos y desorden sale desde el
interior de la enorme barraca hacia el patio. Mi colega, Roberto Hernández
Montano, me dice: "Estamos en medio de una película. ¿Qué te parece la lista
de Schindler?"

Quizás parezca humor negro lo expresado por mi amigo, pero es en serio. Tan
serio, que duele saber que uno sigue estando cerca de esos infelices sin
tierra y ya sin esperanzas. Allí los viejos se irán muriendo sin respuesta a
sus calamidades, y los niños crecerán cargando de por vida el estigma de
olvidados.

Asunto: La casa

La casa
Luis Cino

LA HABANA, agosto (http://www.cubanet.org) - A poco teme Manuel en la vida. Su
mayor miedo es perder la casa. Es una de las cosas que le han dicho que
perderá si la Revoluciòn cayera, amén del hospital gratis y la educación
para sus nietos. Además, sería explotado por capitalistas despiadados, sus
nietos caerían en la droga y el pandillerismo, y su hijo mayor, que es
militante del Partido, tendría que enfrentar tormentos peores que los de Abu
Grahib.

Lo dice el periódico Granma, la radio, la TV, el presidente del CDR, el
compañero Alarcón y el delegado del Poder Popular. No cesan de decirlo desde
que se anunciaron las medidas de Bush. Jamás un presidente americano le
había causado tantos dolores de cabeza a Manuel.

Manuel nunca ha hecho mucho caso a lo que dice el gobierno. En realidad,
ningún caso. De su lealtad a la Revolución sólo queda una pequeña chapa
clavada en la puerta, en la que el óxido apenas permite leer la inscripción:
"Fidel, ésta es tu casa".

No han sido pocos los problemas que ha tenido por hablar más de la cuenta
sin reparar en oídos indiscretos. Sus "bateos" en las colas de la bodega son
antológicos. Nunca le preocupó demasiado "la supervivencia del socialismo y
sus logros". Siempre dice que "de aquí pa'lante no hay más pueblo". Que "si
va a llover, que llueva, lo que no quiero es chin-chin".

A los 58 años, es un hombre acostumbrado a vivir de su sudor. Los hombres de
trabajo no creen en futuros inciertos: "Mientras yo tenga fuerzas, mi
familia no pasa hambre, con ningún gobierno, olvídate de eso".

Pero siente pánico de perder su casa y verse otra vez como en su niñez,
rodando con sus padres y sus dos hermanos por las cuarterías y solares de La
Habana. Ha conversado acerca de su preocupación con comunistas, disidentes y
santeros. Todos dicen algo distinto, pero ninguno logra calmar su inquietud.

Sólo está seguro de una cosa: para desalojarlo de su casa a él y a los suyos
hay que matarlo.

En 1961, la Reforma Urbana le dio a su padre el caserón de La Víbora. Sus
dueños se habían ido a Miami hacía una semana. Cuando rompieron el sello y
franquearon el umbral, con sus pocos tarecos a cuestas, pareció un sueño.
Sería una horrible pesadilla que, más de 43 años después, Angel Villegas o
sus descendientes, apoyados por papeles y gendarmes, aparezcan a reclamar lo
suyo.

Manuel los entiende. No tiene nada contra ellos. Pero ésta, ahora, es su
casa. Aquí se hizo hombre, murieron sus padres y nacieron sus hijos. Calcula
que lo que han pagado el viejo y él en todos estos años es más de lo que le
costó al propietario original.

Su padre pagaba un alquiler mensual de 20 pesos. En 1971 le dieron el título
de propiedad. A la muerte del viejo, en 1975, Manuel tuvo que empezar a
pagar alquiler de nuevo. La propiedad de la vivienda era a título personal,
intransferible. Su padre murió sin dejar testamento. Manuel no tenía dinero
para pagar un abogado ni paciencia para meterse en el intríngulis
burocrático de la declaratoria de herederos. Es probable que muera sin haber
terminado de pagar la casa.

La casa ya no es ni sombra de lo que fue. No es fácil hoy en día mantener un
caserón de cinco cuartos y dos baños. Agrietada, falta de pintura, con
goteras, los cristales de las ventanas rotos y la plomería en estado
deplorable, sigue siendo una casa grande y cómoda. Lo suficiente para
albergar a 12 personas, aunque sea recurriendo a barbacoas, tabiques e
improvisadas divisiones.

Hasta el jardín ha cambiado en este tiempo. Era amplio y bonito, como el
jardín bíblico en que crecía el árbol de la vida. La necesidad lo ha hecho
***plir muchas otras funciones: cocina, lavandería, cabaret, terreno
deportivo, refugio amatorio, cagadero, mingitorio, vertedero y almacén de
materiales de construcción, además de cementerio de las mascotas de la
familia.

El período especial lo transformó en huerta para el abastecimiento familiar,
que Manuel y los suyos atienden con esmero, dedicación y una perenne guerra
contra las bibijaguas. Además, crían conejos y puercos en los improvisados
corrales del patio, rigurosamente guardados de ladrones por turnos nocturnos
de guardia, con machetes y reformazas por un imponente perro Doberman.

Para Manuel, su casa es intocable. En ella es soberano absoluto. Ni siquiera
la proliferación de su familia lo ha hecho siquiera considerar la idea de
permutar. A regañadientes ha ido aceptando las sucesivas particiones de la
casona. En ellas, sus hijos, con sus respectivas esposas y niños, gozan de
autonomía limitada. El pone los límites. Lo hará mientras viva.

De sus predios han sido expulsados, como bola por tronera, responsables de
vigilancia y presidentes del CDR, chivatientes combativos, jefes de sector,
portadores de citaciones del comité militar, inspectores de vivienda y de
comunales, predicadores evangélicos, vendedores impertinentes, visitantes
inoportunos, fumigadores, esposas celosas y maridos agraviados. Varios
rateros han escapado con huesos rotos y casi despedazados por los perros.

La insistencia de la propaganda oficial en los riesgos de que lo desalojen
de su casa ha trastornado tanto a Manuel que sus hijos decidieron llevarlo
al psiquiatra.

Había comenzado a erigir una barricada en el portal, a almacenar provisiones
y a leer manuales sobre las experiencias de guerrillas en Vietnam y El
Salvador.

Costó mucho convencerlo para que acudiera al médico. Este le recetó dosis de
sedantes como para dormir a un rinoceronte. Durante horas le explicó que si
algún día regresan los descendientes de Angel Villegas les será más práctico
construirse una nueva mansión en algún reparto en las afueras de La Habana.

Manuel se ha calmado un poco. No obstante, guarda una mandarria de 25 libras
detrás de la puerta. Dice, y no bromea, que si un día aparecen los antiguos
dueños a reclamar la casa, la demolerá a mandarriazos. En vista del estado
de la casa, la tarea le resultará fácil.

---
Outgoing mail is certified Virus Free.
Checked by AVG anti-virus system (http://www.grisoft.com).
Version: 6.0.719 / Virus Database: 475 - Release Date: 7/12/2004
  Reply With Quote
3 20th June 07:07
pedro martori
External User
 
Posts: 1
Default Los olvidados Rafael Ferro Salas, UPECI


RESUMEN DE LA INVESTIGACION PARA EL MANUSCRITO FINAL DE
"EL COSTO HUMANO DE LA REVOLUCION SOCIAL:
EL LIBRO NEGRO DEL COMUNISMO CUBANO"
por el Dr. Armando M. Lago

Esta investigacion ha sido ya terminado. Do***enta la perdida en vidas por motivos politicos y militares de la Revolucion Cubana, abarcando hechos a partir del golpe de estado de Batista de marzo de 1952 hasta el presente. Comprende una consulta muy abarcadora de todas las fuentes de informacion conocidas- listados de otros investigadores, informes de prensa, memorias de prision, testimonios personales, do***entos de organismos gubernamentales e internacionales y otros.

LISTA PARCIAL DE MUERTES CAUSADAS POR EL GOBIERNO DE FIDEL CASTRO POR RAZONES POLITICAS Y MILITARES DO***ENTADAS DESDE 1959 HASTA 2003.
LOS MUERTOS DE PERIODO DE BATISTA CERCA DE 3,000 VICTIMAS HAN SIDO PUBLICADOS POR EL FREE SOCIETY PROJECT DE CHATHAM, NEW JERSEY.

FUSILADOS 5,621
ASESINADOS EXTRAJUDICIALES 1,163
DESAPARECIDOS
(MUERTES DE PRESOS POLITICOS EN PRISION
GOLPIZAS, FALTA DE ATENCION MEDICA,
SUICIDIOS O CAUSAS NATURALES) 1,181
GUERRILLAS ANTICASTRISTAS
(MUERTES EN COMBATE INCLUYE EL ESCAMBRAY 1,258
Y COMBATIENTES EN BAHIA DE COCHINOS
SOLDADOS CUBANOS MUERTOS EN MISIONES EXTRANJERAS...PRIMORDIALMENTE EN AFRICA, 14,160

MUERTOS O DESAPARECIDOS EN SALIDAS ILEGALES
"PRINCIPALMENTE BALSEROS'' 77,824

CIVILES MUERTOS EN ATAQUES QUIMICOS
EN MAVINGA, ANGOLA
5,000

GUERRILLEROS DE ''UNITA'' MUERTOS EN COMBATE
CONTRA TROPAS CUBANAS EN ANGOLA 9,380

TOTAL 115,183

NOTA:
La tabla no incluye muertes causadas por incursiones internacionales del gobierno de Castro, incluyendo apoyo a la subversion y sabotajes o actos teroristas en Latino America.
Para mas informacion puede comunicarse con el Dr. Armando Lago al 301 229 8921

NOTA DE LA VOZ DE CUBA LIBRE.- Las muertes en America Latina causadas por las guerrillas y actos terroristas auspiciados por el Gobierno del Partido Comunista de Cuba desde 1960 pasan de 500,000. Segun Rigoberta Menchu solamente en Guatemala han muerto mas de 200,000. El libro "Secretos de los Generales" impreso por el gobierno castrista, relata en boca de los propios Generales de Castro las acciones internacionales en que han participado. Otros libros de ex-oficiales del Ejercito Revolucionario de Cuba, como "Memorias de un soldado cubano" del ex ayudante del Che Dariel Alarcon Ramirez narrra los campamentos de adiestramiento en el uso de explosivos y demas material de guerra a grupos numerosos de distintos paises de latinoamerica. Incluso la invasion norteamericana a la isla de Granada descubrio un enorme almacen belico desde donde se transportaba el material belico a las zonas donde operaban las guerrillas.

lavozdecubalibre.com


Los olvidados

Los olvidados
Rafael Ferro Salas, UPECI

PINAR DEL RÍO, agosto (http://www.cubanet.org) - La provincia Pinar del Río está
ubicada a 147 kilómetros al oeste de Ciudad de La Habana. Tiene la desdicha
de ser, por obra y gracia de la naturaleza, el centro de diana de los
huracanes que azotan anualmente la región del Caribe.

En el año 2000 la tragedia marcó este territorio y a su gente con un odio
brutal. Dos huracanes de alta intensidad pasaron, dejando a miles de
familias sin casas. Tuve la oportunidad de estar en los sitios más
castigados por lo vientos y las lluvias, y les aseguro que aquello era
similar a un paisaje después de la guerra.

El tiempo pasó y la gente intentó vivirlo con esperanzas para ir dejando a
un lado los malos recuerdos y las miserias.

Han pasado dos años desde que los ciclones Isidore y Lili castigaron a Pinar
del Río, y acompañado de un colega fui a visitar un campamento donde tienen
a muchos de los damnificados por los ciclones del año 2002.

Las autoridades de gobierno en la provincia decidieron concentrar a estas
personas en lugares habilitados que llaman albergues. El lugar que visitamos
está ubicado en la comunidad Briones Montoto, a ocho kilómetros de la
capital pinareña. Allí tienen desde hace dos años a más de 500 niños,
mujeres, hombres y ancianos. Cada cierto tiempo visita el lugar un
funcionario del estado y les da una arenga para estimularlos a seguir
"resistiendo" y "confiar" ciegamente en la revolución.

Lo cierto es que esas familias siguen viviendo en completo hacinamiento en
una especie de barraca gigante repleta de literas en las que intentan dormir
cada noche entre pesadillas y sustos. Aún esperan por la construcción de sus
casas y el estado cubano no responde con hechos. Promesas, sólo promesas.

Entrevistamos a varios damnificados que viven en ese infierno. Una señora
que cargaba a un niño nos dijo: "Cuando vine albergada para acá mi hijo
acababa de nacer. Ya va a ***plir dos años y no sabe lo que es tener casa.
Aquí viene un dirigente cada dos o tres meses y nos hace el mismo cuento de
siempre. Habla de la escasez de recursos, del bloqueo de los Estados Unidos
contra Cuba. En fin, todo para justificar el abuso que tienen con nosotros.
No ***plen nada".

Un señor de la raza negra quiso dar su testimonio: "Me llamo Ariel
Carbonell. Soy mecánico de profesión. Mi casa la destruyó el ciclón Lili.
Allí lo perdí todo. Me trajeron para este albergue prometiéndome que
enseguida nos darían los materiales para construir las casas nuevas. Todo
fue mentira. Sabemos que hasta hace poco había en los almacenes de la
construcción un jefe que se dedicaba a vender los materiales que eran para
nuestras casas. Ahora pusieron a otro que seguramente hace lo mismo. Es muy
grande el relajo que hay en este país. Aquí nos vamos a morir de viejos
todos los que estamos albergados. Yo tengo ya sesenta y dos años; algo me
dice que no veré otra vez una casa mía".

En medio de la entrevista alguien anuncia, gritando, la llegada del camión
con la comida. Una verdadera avalancha de gritos y desorden sale desde el
interior de la enorme barraca hacia el patio. Mi colega, Roberto Hernández
Montano, me dice: "Estamos en medio de una película. ¿Qué te parece la lista
de Schindler?"

Quizás parezca humor negro lo expresado por mi amigo, pero es en serio. Tan
serio, que duele saber que uno sigue estando cerca de esos infelices sin
tierra y ya sin esperanzas. Allí los viejos se irán muriendo sin respuesta a
sus calamidades, y los niños crecerán cargando de por vida el estigma de
olvidados.

Asunto: La casa

La casa
Luis Cino

LA HABANA, agosto (http://www.cubanet.org) - A poco teme Manuel en la vida. Su
mayor miedo es perder la casa. Es una de las cosas que le han dicho que
perderá si la Revoluciòn cayera, amén del hospital gratis y la educación
para sus nietos. Además, sería explotado por capitalistas despiadados, sus
nietos caerían en la droga y el pandillerismo, y su hijo mayor, que es
militante del Partido, tendría que enfrentar tormentos peores que los de Abu
Grahib.

Lo dice el periódico Granma, la radio, la TV, el presidente del CDR, el
compañero Alarcón y el delegado del Poder Popular. No cesan de decirlo desde
que se anunciaron las medidas de Bush. Jamás un presidente americano le
había causado tantos dolores de cabeza a Manuel.

Manuel nunca ha hecho mucho caso a lo que dice el gobierno. En realidad,
ningún caso. De su lealtad a la Revolución sólo queda una pequeña chapa
clavada en la puerta, en la que el óxido apenas permite leer la inscripción:
"Fidel, ésta es tu casa".

No han sido pocos los problemas que ha tenido por hablar más de la cuenta
sin reparar en oídos indiscretos. Sus "bateos" en las colas de la bodega son
antológicos. Nunca le preocupó demasiado "la supervivencia del socialismo y
sus logros". Siempre dice que "de aquí pa'lante no hay más pueblo". Que "si
va a llover, que llueva, lo que no quiero es chin-chin".

A los 58 años, es un hombre acostumbrado a vivir de su sudor. Los hombres de
trabajo no creen en futuros inciertos: "Mientras yo tenga fuerzas, mi
familia no pasa hambre, con ningún gobierno, olvídate de eso".

Pero siente pánico de perder su casa y verse otra vez como en su niñez,
rodando con sus padres y sus dos hermanos por las cuarterías y solares de La
Habana. Ha conversado acerca de su preocupación con comunistas, disidentes y
santeros. Todos dicen algo distinto, pero ninguno logra calmar su inquietud.

Sólo está seguro de una cosa: para desalojarlo de su casa a él y a los suyos
hay que matarlo.

En 1961, la Reforma Urbana le dio a su padre el caserón de La Víbora. Sus
dueños se habían ido a Miami hacía una semana. Cuando rompieron el sello y
franquearon el umbral, con sus pocos tarecos a cuestas, pareció un sueño.
Sería una horrible pesadilla que, más de 43 años después, Angel Villegas o
sus descendientes, apoyados por papeles y gendarmes, aparezcan a reclamar lo
suyo.

Manuel los entiende. No tiene nada contra ellos. Pero ésta, ahora, es su
casa. Aquí se hizo hombre, murieron sus padres y nacieron sus hijos. Calcula
que lo que han pagado el viejo y él en todos estos años es más de lo que le
costó al propietario original.

Su padre pagaba un alquiler mensual de 20 pesos. En 1971 le dieron el título
de propiedad. A la muerte del viejo, en 1975, Manuel tuvo que empezar a
pagar alquiler de nuevo. La propiedad de la vivienda era a título personal,
intransferible. Su padre murió sin dejar testamento. Manuel no tenía dinero
para pagar un abogado ni paciencia para meterse en el intríngulis
burocrático de la declaratoria de herederos. Es probable que muera sin haber
terminado de pagar la casa.

La casa ya no es ni sombra de lo que fue. No es fácil hoy en día mantener un
caserón de cinco cuartos y dos baños. Agrietada, falta de pintura, con
goteras, los cristales de las ventanas rotos y la plomería en estado
deplorable, sigue siendo una casa grande y cómoda. Lo suficiente para
albergar a 12 personas, aunque sea recurriendo a barbacoas, tabiques e
improvisadas divisiones.

Hasta el jardín ha cambiado en este tiempo. Era amplio y bonito, como el
jardín bíblico en que crecía el árbol de la vida. La necesidad lo ha hecho
***plir muchas otras funciones: cocina, lavandería, cabaret, terreno
deportivo, refugio amatorio, cagadero, mingitorio, vertedero y almacén de
materiales de construcción, además de cementerio de las mascotas de la
familia.

El período especial lo transformó en huerta para el abastecimiento familiar,
que Manuel y los suyos atienden con esmero, dedicación y una perenne guerra
contra las bibijaguas. Además, crían conejos y puercos en los improvisados
corrales del patio, rigurosamente guardados de ladrones por turnos nocturnos
de guardia, con machetes y reformazas por un imponente perro Doberman.

Para Manuel, su casa es intocable. En ella es soberano absoluto. Ni siquiera
la proliferación de su familia lo ha hecho siquiera considerar la idea de
permutar. A regañadientes ha ido aceptando las sucesivas particiones de la
casona. En ellas, sus hijos, con sus respectivas esposas y niños, gozan de
autonomía limitada. El pone los límites. Lo hará mientras viva.

De sus predios han sido expulsados, como bola por tronera, responsables de
vigilancia y presidentes del CDR, chivatientes combativos, jefes de sector,
portadores de citaciones del comité militar, inspectores de vivienda y de
comunales, predicadores evangélicos, vendedores impertinentes, visitantes
inoportunos, fumigadores, esposas celosas y maridos agraviados. Varios
rateros han escapado con huesos rotos y casi despedazados por los perros.

La insistencia de la propaganda oficial en los riesgos de que lo desalojen
de su casa ha trastornado tanto a Manuel que sus hijos decidieron llevarlo
al psiquiatra.

Había comenzado a erigir una barricada en el portal, a almacenar provisiones
y a leer manuales sobre las experiencias de guerrillas en Vietnam y El
Salvador.

Costó mucho convencerlo para que acudiera al médico. Este le recetó dosis de
sedantes como para dormir a un rinoceronte. Durante horas le explicó que si
algún día regresan los descendientes de Angel Villegas les será más práctico
construirse una nueva mansión en algún reparto en las afueras de La Habana.

Manuel se ha calmado un poco. No obstante, guarda una mandarria de 25 libras
detrás de la puerta. Dice, y no bromea, que si un día aparecen los antiguos
dueños a reclamar la casa, la demolerá a mandarriazos. En vista del estado
de la casa, la tarea le resultará fácil.

---
Outgoing mail is certified Virus Free.
Checked by AVG anti-virus system (http://www.grisoft.com).
Version: 6.0.719 / Virus Database: 475 - Release Date: 7/12/2004
  Reply With Quote
Reply


Thread Tools
Display Modes




Copyright © 2006 SmartyDevil.com - Dies Mies Jeschet Boenedoesef Douvema Enitemaus -
666