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4th June 08:42
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La mente irresponsable Este artículo es muy interesante y es lo mismo que muchos dirán cuando
Este artículo es muy interesante y es lo mismo que muchos dirán cuando un
régimen abusa, asesina, mata de hambre un pueblo y le cercena sus Derechos
Humanos.
Rafael M. Estévez
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Y tambien comprueba, la poca justicia, sensibilidad hacia las miles,
millones de victimas....
QUE CARAJO me IMPORTAN MILLONES DE SERES HUMANOS EN RUSIA...ejecutados,
deportados a gulags, o simplemente hambreados hasta morir....
Eso todo porque me conviene para mi agenda ...diria ese hijo de puta
espanol llamado Semprun...asi como ahora tenemos aqui el caso del pueblo
cubano...que los hipocritas y oportunistas de la izquierda usan para ...sus
propias agendas y saciar sus propias bajas pasiones...tremendo hijos de
putas sin moral es lo que son !
Porque saben muy bien de las miserias y la represion que sufre ese pueblo
cubano !
PERO LEAN,LEAN LO QUE DICE ESE HIJO DE PUTA !
Posted on Wed, Oct. 15, 2003
La mente irresponsable
por ALFREDO BARNECHEA
L ima -- ''Yo no sabía nada''. Esta ha sido a menudo la disculpa de
quienes fueron cómplices de grandes aberraciones históricas.
Hace poco le pregunté a Jorge Semprún por qué se enroló en el
comunismo en los 40, cuando ya se conocían muchos de sus crímenes. ''Cerré
los ojos'', me dijo. ``Quería pelear contra Franco y creí que era más
eficiente hacerlo con los comunistas''.
Acaba de estrenarse en Estados Unidos Taking Sides, una película sobre
el caso del mítico director de orquesta Wilhelm Furtwangler, uno de los
muchos artistas que transigió --ésa sería la palabra más suave-- con el
nazismo. Al final de la guerra fue investigado por los aliados, y de eso
trata la película, que comienza en una iglesia barroca, mientras la orquesta
toca. Los jerarcas nazis escuchan embelesados. Termina la pieza, y un
militar norteamericano es instruido sobre Furtwangler, a quien va a
interrogar sobre el nazismo. La película está estructurada sobre ese
interrogatorio, sobre esa relación que se va volviendo intensamente personal
entre el músico refinado y el militar romo, casi vulgar.
La defensa de Furtwangler es clásica: soy un artista, no un político.
No sabía nada. En el momento culminante del enfrentamiento, el coronel
norteamericano le pregunta: ¿No sabía nada? ¿No olió nada? Y le enrostra a
gritos: Yo olía a kilómetros de distancia ese olor de los campos. Ese olor a
carne quemada que, me confesaba Semprún hace unos meses en París, ''me
perseguirá hasta que me muera''. Pero Furtwangler no olió nada, no vio, no
oyó nada.
El suyo no fue el único caso de grandes creadores que su***bieron a la
barbarie nazi. Acaba de morir, con cien años encima, Leni Riefensthal, la
directora de los grandes do***entales nazis, que fueron por desdicha obras
maestras, quien nunca se arrepentió de su relación con Hitler. Es lo que
horrorizó a Galbraith, cuando interrogó a Speer, el arquitecto de Hitler, en
la Alemania recién derrotada: ese hombre no parecía arrepentido de nada.
Tal vez el caso más emblemático de esa sordera moral fue Martín
Heidegger, se supone que el mayor filósofo del siglo XX. Cuando lo conoció,
Karl Jaspers casi concluyó que no debía seguir filosofando, porque Heidegger
constituía un momento insuperable del pensamiento humano. Y sin embargo fue
ese mismo sujeto el que aceptó ser rector de Friburgo mientras mataban a los
judíos. Jaspers le preguntó un día: ¿cómo un ser tan inculto como Hitler
puede gobernar Alemania? Heidegger le respondió: La cultura no importa. ¿Has
visto sus manos maravillosas?
La correspondencia entre ambos es uno de los do***entos culturales más
profundos, conmovedores y desconcertantes del siglo XX. ''Te escribo --le
dice Jaspers cuando retoman el diálogo después de la barbarie-- desde un
distante pasado, sobre el abismo del tiempo, agarrándome de algo que una vez
fue algo y no puede ser nada''. Pero Heidegger nunca pronunció nada que se
pareciera, si no a un arrepentimiento, por lo menos a una explicación.
Jaspers le escribió: ``Si compartimos algo que puede ser llamado filosofía,
sé responsable de ese don. Colócalo al servicio de la razón y la dignidad
humana, y no al servicio de la magia''.
Se han dado muchas explicaciones sobre por qué Alemania su***bió a la
magia negra del nazismo. La cultura alemana reposaba en las raíces sombrías
del romanticismo, las reparaciones de Versalles ofendieron la sensibilidad
nacional, el desorden de la república de Weimar creó una ansiedad de orden.
Por desgracia, no fue sólo con el nazismo que se manifestó la tragedia
de grandes espíritus que transigieran con la barbarie, como ha ****izado
recientemente Mark Lilla en un libro fascinante: The Reckless Mind, que
podría traducirse como la mente atolondrada o irresponsable. Muchos grandes
intelectuales apoyaron otras barbaries del siglo XX, un siglo que cuenta con
unos 150 millones de muertos por causas políticas. En 1966, mientras Mao
desangraba China con la revolución cultural, Sartre encontraba que era una
magnífica lucha contra el espíritu burocrático. Cuando uno lee La vida
privada del presidente Mao, las aterradoras memorias de su médico personal,
comprueba que Sartre, uno de los hombres más inteligentes del siglo, a veces
razonaba como un idiota.
Pero ¿qué tiene que ver todo esto con nosotros? Mientras veía la
película sobre Furtwangler, no podía dejar de pensar en el debate sobre la
Comisión de la Verdad. Alemania probablemente era el país más culto de
Europa y sin embargo se precipitó en la oscuridad. Buchenwald quedaba a
pasos de Weimar, la ciudad de Goethe. Cuando el terrorismo estalló, la
sociedad peruana respondió a ese viaje de horror inesperado con el único
equipaje que tenía, que era el del subdesarrollo: información opaca,
racismo, viejos instintos despóticos, exclusión social, juzgados
premodernos. Allí donde no hay estado, como dijo Azaña en medio de la guerra
española, reaparece la tribu.
Algunos previeron que el debate sobre la Comisión de la Verdad se
apagaría. Acaso, con justicia o sin ella, no se le ha visto ''por encima de
toda sospecha''. Pero puede también que el país no quiera, o no quiera
todavía, mirarse en el espejo. Pero ese informe profundo y complejo tendrá
que ser un elemento importante cuando decidamos tener una reflexión
colectiva responsable. La reconstrucción de la memoria es un requisito de la
construcción de sociedades modernas. Lilla concluye en su estudio que
``cualquiera que quiera escribir una honesta historia intelectual del siglo
XX, necesitará un estómago fuerte''.
A prueba de balas, diríamos aquí.
© Firmas Press
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